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(OPINIÒN) ¿Y el líder, dónde está?Por: Santiago Valencia González

Hace unos días, un personaje muy conocido escribió en un grupo de WhatsApp una pregunta que resonó con fuerza: “¿En Colombia no hay un líder? ¿Uno que sea capaz de sacarnos de este desastre y ganarle a la izquierda?” La inquietud no es nueva. Muchos la comparten. La sensación de orfandad política, d

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Redacción IFM
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(OPINIÒN) ¿Y el líder, dónde está?Por: Santiago Valencia González

Hace unos días, un personaje muy conocido escribió en un grupo de WhatsApp una pregunta que resonó con fuerza: “¿En Colombia no hay un líder? ¿Uno que sea capaz de sacarnos de este desastre y ganarle a la izquierda?”

La inquietud no es nueva. Muchos la comparten. La sensación de orfandad política, de falta de rumbo, de que no hay una figura clara que una al centro y a la derecha, se ha vuelto común. Y con más de 70 precandidatos rondando el tablero político, cuesta encontrar una voz que realmente sobresalga.

Pero quizás el problema no sea la ausencia de un líder. Tal vez el problema sea la espera pasiva del redentor. Del salvador. Del “mesías” que mágicamente lo resuelva todo.

Esa idea —tan tentadora como peligrosa— nos ha llevado a delegar, a confiar ciegamente, a quedarnos cruzados de brazos esperando que alguien más haga el trabajo que nos corresponde a todos. Pero este país no se salva con milagros. Se salva con acción. Con unión. Con propósito.

En algún momento, claro, tendremos que ponernos de acuerdo en torno a una persona. Habrá que elegir a un candidato o candidata que represente una alternativa seria, coherente y ganadora. Pero que no se nos olvide: no será su responsabilidad exclusiva. No podemos esperar que una sola persona derrote el populismo, enfrente la corrupción, recupere la confianza institucional, y reconstruya el país, mientras los demás miramos desde la gradería.

Este no es el momento de buscar ídolos. Es el momento de construir consensos.

El verdadero liderazgo empieza cuando entendemos que el futuro de Colombia no depende de un nombre propio, sino de una causa común. Y que esa causa exige más que esperanza: exige compromiso, responsabilidad, participación y generosidad.

Los líderes no aparecen por arte de magia. Se forjan cuando una ciudadanía se decide a dejar de esperar y empieza a actuar.

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