(OPINIÓN) ¿Y cómo cuidaremos las elecciones en dos años? Por: Andrés Orión Álvarez P
Pasados dos años del nefasto gobierno del Presidente Petro, no será necesario enlistar todos sus errores, imprecisiones, incumplimientos, desaciertos y propósitos dañinos con la Nación, no obstante, sobre lo que si debemos poner toda la atención es la próxima contienda electoral, dado que al goberna
Pasados dos años del nefasto gobierno del Presidente Petro, no será necesario enlistar todos sus errores, imprecisiones, incumplimientos, desaciertos y propósitos dañinos con la Nación, no obstante, sobre lo que si debemos poner toda la atención es la próxima contienda electoral, dado que al gobernante de turno le incomoda sobre manera la institucionalidad, las reglas superiores de la Constitución Nacional y en general el Estado de Derecho y la división de los poderes públicos que garanticen las libertades y el ejercicio genuino de la democracia.
Pues bien, tenemos el ejemplo en el vecino y querido país de Venezuela, y no sólo por las pasadas elecciones, sino por los 25 años de dictadura, pura y dura, sin que otros gobiernos, la Corte Penal Internacional, los organismos multilaterales, léase Organización de Estados Americanos, Organización de Naciones Unidas, u otros, convertidos en instituciones burocráticas e inoperantes, le pongan freno a semejantes atropellos, evidente fraude y ostensible violación a los derechos humanos.
Así las cosas, nos debemos concentrar en dos cosas para los cercanos comicios electorales; uno, en la unión de quienes creemos en las instituciones, en los valores democráticos, en la libertad de expresión, en la libre empresa, en la seguridad y demás valores sociales, y dos, en cuidar con juicio, rigor, planeación y verdadera preparación, las elecciones en 2026, pues de que vale “juntarnos”, si a renglón seguido viene el fraude electoral, ese que este gobierno ha avalado con posiciones tibias y contradictorias, pero evidentes, como la posición de Colombia en la reciente votación de la Consejo permanente de la OEA donde los países democráticos con puesto allí, exigieron al gobierno dictatorial de Venezuela la publicación inmediata de las actas y resultados de las recientes elecciones presidenciales, en cuya sesión Colombia brilló por su silencio cómplice y su abstención al momento de votar, gesto generoso que mereció un agradecimiento del dictador Maduro.
¿Necesitamos más gestos, pruebas o conductas para presagiar el futuro y la incertidumbre de nuestras próximas elecciones? Desde luego que no, por lo tanto, es hora, y tal vez un poco tarde, de comenzar a trabajar con juicio, disciplina y rigor en la estrategia del cuidado de las elecciones, con sistemas tecnológicos de información, con un claro estudio de las nomas del derecho electoral y sobre todo, con la preparación de un gran ejército de testigos electorales, abandonando la mediocridad, la inmediatez y la falta de rigor que nos ha caracterizado en pasadlas elecciones; descalificaciones que hago con pleno conocimiento de causa, pues es evidente que a escasos días de la jornada electoral, comenzamos con la “preparación”, sin que la labor del testigo pueda verdaderamente llevarse a cabo con eficiencia y control. Esa preparación fue la que precisamente permitió a Edmundo González y a María Corina Machado poner en evidencia frente al mundo el fraude electoral en Venezuela, para lo cual, esta última se preparó durante cuatro años.
A trabajar entonces, a crear grupos de formación de testigos, a unir esfuerzos desde ya, académicos, presupuestales, tecnológicos, vinculando organizaciones cívicas, universidades, agremiaciones, empresarios, estudiantes, en fin, a toda la sociedad civil, para garantizar unas elecciones transparentes y unos resultados que enaltezcan las libertades, la institucionalidad y el derecho sagrado de la democracia. De lo contrario, repetiremos el desastre, el fraude y la crisis de Venezuela, momento en el cual habremos perdido el país.

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