Saltar al contenido

(OPINIÓN) Que, queriendo ser libres, no nos convirtamos en esclavos. Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Quedan cuatro semanas para convencer al gran electorado indeciso de salir a votar por su libertad.

IFMNOTICIAS-03
IFMNOTICIAS-03
4 min lectura
Escuchar artículo
(OPINIÓN) Que, queriendo ser libres, no nos convirtamos en esclavos. Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Dejen ya esa inconducente peleadera entre demócratas. En nuestras manos está el futuro de toda una nación. El verdadero enemigo de Colombia es la maldita cocaína asociada al sanguinario comunismo terrorista.

El concepto de legalidad no puede seguir siendo relativo, ni estar secuestrado por el resentimiento y el odio progresista que pregona el estatismo. Las envidias y las ambiciones de poder nublan la conciencia. Exijamos a los candidatos obrar con grandeza de estadistas, no como indolentes politiqueros populistas. Dejen ya de escuchar lambones de ocasión y asesores mercenarios, acudan a la sensatez y demuestren que son dignos de liderar una nación sufrida y aguantadora.

Demuestren que tienen la grandeza necesaria para conducir un país en el peor momento de su historia, cuando más se necesita unida la nación en búsqueda de un propósito común, y no en favor de un símbolo o una persona. Eviten que se pierdan el Estado de derecho y la democracia.

Escuchemos al pueblo que gritó "fuera Petro" y ahora pide libertad y unidad democrática. Sean serios, que son candidaturas presidenciales de un gran país que demanda sensatez. Sean leales con Uribe, que a todos les dio la oportunidad de llegar a donde están. Si siguen peleando como niños dentro de un carro, van a distraer al conductor, se va a salir del camino y muere la libertad de toda la familia colombiana. Si no formamos el mejor equipo para salvar la democracia y las campañas no cautivan electores, ya están los criminales disfrazados de ovejas, prestos a comerse vivo a quien sea que llegue a segunda vuelta vestido de caperucita.

Dejen ya la rebatiña todos los politiqueros que apoyan ambas campañas y concéntrense en darle confianza a la gran mayoría de 42 millones de personas habilitadas para votar; recuerden que en marzo solo votó el 19%, y que el 70% de los votos está en los estratos 2 y 3, y es esa mayoría la que debe salir a salvar su libertad y a demostrarle al mundo que seguiremos siendo una democracia.

Dejen ya, señores dueños de los medios y comunicadores, su diablura; paren de atizar peleas innecesarias que este no es el momento. Dejen ya, señores asesores y estrategas, gerentes y lambones de ocasión, de hacerle daño a este país; tengan un poco de respeto por lo que está en juego, que es el destino de la nación. Dejen ya atados a los sabuesos perdedores y a los inútiles que, buscando colas, se arriman a echarle gasolina a una candela que incendie toda una Nación.

El enemigo a vencer es la violenta y sanguinaria alianza narcocomunista entre ilegales empoderados políticamente. Y por eso hoy más que nunca, un país que quisiera poder creer que hay esperanza, necesita que se unan los trabajadores y los empresarios con esa seguridad y la confianza que Uribe le ha representado al pueblo colombiano que hoy está asustado e indeciso.

No descarten a Uribe; aquí no se vale la gratitud de ocasión, pues, gústele o no a quien sea, él tiene la experiencia y la virtud del corazón grande del líder leal a unos valores y principios democráticos que fue capaz de darle confianza y seguridad a la nación, y la mano firme que representan su autoridad moral por ser insobornable y tener la voluntad de hierro consistente de servir a la patria, en un mundo donde eso poco se despacha.

Sean sensatos, señores de las candidaturas de la democracia, no incendien su propio país, pónganse de acuerdo, salven la libertad de los colombianos, no condenen un pueblo a la miseria esclavizante del narcocomunismo, dejen de lado los egos, la soberbia y la ambición, y verán que el pueblo los lleva a una victoria por el bien de todos los colombianos.

Se es amo de sí mismo cuando se tiene conocimiento y virtud, y es esclavo aquel que está subordinado a sus pasiones, miedos y deseos. Es el momento de demostrar que los colombianos somos libres porque nuestra mente no está subordinada a nada ni a nadie.

Compartir:

Noticias relacionadas