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(OPINIÓN) Pensar en grande, hacer más y hablar menos. Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

La conclusión esencial de “La rebelión de Atlas de la filósofa Ayn Rand es que la mente humana y la libertad son el motor del progreso, y la sociedad colapsa cuando los gobiernos y sus burocracias ideologizadas por el colectivismo explotan a quienes producen.

REDACCIÓN
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(OPINIÓN) Pensar en grande, hacer más y hablar menos. Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Sin duda la libertad es el motor del progreso y el desarrollo social al que se oponen los populismos que se alimentan de las ideas progresistas y wokistas como extensiones de la anticultura marxista y la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt que durante más de un siglo ha embrollado las definiciones de trabajo en equipo, lealtad y apoyo mutuo con el estatismo, y confundido las nociones del interés general y el bien común con el control de las metas de una sociedad en manos de una ideología revolucionaria y de los intereses individuales de unos pocos dispuestos a todo por controlar el poder político.

Los mamertos cínicamente se preguntan de dónde sale tanta polarización extrema, mientras a las naciones se les pierden generaciones enteras escuchando a una clase política habladora de paja, y viendo el espectáculo grotesco y bizarro de una multiplicación partidista de ocasión donde quienes se precian de legítimos servidores, cohabitan y pernoctan como loros en las ramas del poder público con pájaros estafadores y cuervos que son criminales reencauchados.

Solo generando confianza se puede evitar la polarización propia del aislamiento del ciudadano que hoy con toda razón desconfía de las instituciones, los partidos políticos, las ONG, el multilateralismo, la tecnología y de los medios de comunicación. Las redes sociales están convertidas en guillotinas manejadas por influenciadores prepago y los medios por pauta o activismo aniquilan reputaciones, mientras la justicia no se percata ni se da por aludida de la flagrancia delincuencial. La propia corte habla de un 6% de efectividad de la justicia; entonces, la inoperatividad del sistema representa la bicoca de un de un 94% de impunidad. El delito paga, pues es menos riesgoso mangar y mamar que tener que tomar decisiones sanas, duras, complejas e impopulares.

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En una democracia funcional el sistema judicial tiene que ser el eje que soporta la independencia, operatividad y balance de poderes donde el ejecutivo administre, no reine, y el legislativo mejore las leyes sin vender su conciencia en el bazar clientelista donde se transan altas posiciones políticas en favor de los intereses de los grandes contratistas estatales.

¿Cuál es la esperanza de una nación, si la justicia no se ocupa con nombre propio de los verdaderos culpables de la degeneración y la corrupción estatal, y si no se sacan los gusanos del plato de lentejas del que medra el sector público? La judicialización de los corruptos es la única forma para lograr la inversión de la carga burocrática, liberando la mente humana y la sociedad entera en función su desarrollo.

Estamos inundados de dólares recalentados, ensangrentados, inflacionarios, revaluadores, especuladores y exterminadores de la formación de capitales lícitos, de la industria exportadora y la competitividad productiva. Está funcionando a todo vapor la lavandería financiera como una nueva especie de “ventanilla siniestra” y la insolvencia del fisco es inevitable si no se toman medidas drásticas contra el narcotráfico, el lavado, el contrabando, el dumping, las remesas, la llegada de capitales golondrinas y las organizaciones criminales que financian la economía informal, mientras acrecientan las brechas sociales, económicas y la corrupción.

Si el poder se le sube a la cabeza a nuestros gobernantes y no se hacen las obras y la tarea de recuperar la justicia y optimizar el funcionamiento del Estado, si no hacemos más y dejamos de hablar tanta paja, si no neutralizamos a los incendiarios, traquetos, lavadores, violadores, secuestradores y asesinos empezando por los promotores del caos que a todo costo quieren mantener la anarquía, en cuatro años se nos pierde lo que queda de esperanza en el jarro de Pandora e iremos como ovejitas al matadero.

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