(OPINIÓN) La voluntad de aprender: El nuevo poder. Por: Luis Pérez Gutiérrez
Quien deja de aprender, deja de pertenecer al presente.
El nuevo analfabeta es el que NO tiene la voluntad de seguir aprendiendo. El país se va a dividir en dos: los que tienen la voluntad de aprender y los que se quedan en el pasado. En este siglo, gana el que nunca deja de aprender.
Quien NO tiene la voluntad de aprender se vuelve un modelo viejo en un mundo que no espera. Un joven sin la voluntad de aprender es modelo viejo; un adulto con la voluntad de aprender es siempre último modelo.
El conocimiento y el futuro se salieron de la educación tradicional y de las universidades; y están libres y abiertos, en todos los lugares, esperando a los que quieren aprender.
El sistema educativo y las universidades deben liderar la nueva cultura, Aprender Toda La Vida. Quien necesita que lo obliguen a aprender no está listo para el mundo actual. El mundo cambia cada segundo; hoy no sobrevive el más inteligente, sino el que nunca deja de aprender. La ignorancia ya no es falta de acceso; es falta de voluntad. El que deja de aprender no se queda igual, se convierte en pasado.
Mientras la educación tradicional obliga a quedarse en un salón, el mundo está enseñando afuera. La educación no forma ciudadanos globales porque sigue atrapando jóvenes en aulas locales. Encerrar estudiantes ya no es educar, es desconectarlos del mundo. La educación encierra cuerpos mientras el conocimiento vuela libre. El mundo se abrió y la educación se cerró. Un país que educa en el encierro termina compitiendo en desventaja. Formar ciudadanos locales para un mundo global es condenarlos a la irrelevancia. Los jóvenes más exitosos son los que están buscando e invirtiendo en conocimiento y en futuro.
Un país educado no es el que tiene más universidades, es el que nunca deja de aprender. El sistema educativo y la universidad necesitan educación híbrida; garantizar modelos flexibles, donde gran parte de la formación teórica pueda ser virtual o digital, sin afectar la calidad. Todo lo que pueda enseñarse virtualmente debe liberarse y no obligar al estudiante a la inflexibilidad. En la educación hay exceso de presencialidad inútil. La educación virtual no regala disciplina: la exige. La educación del futuro no se basa en vigilancia, sino en autonomía. La virtualidad bien diseñada fortalece la autonomía, la disciplina, la flexibilidad y la responsabilidad del estudiante. El Estado debe liberar de tanta tramitología a la educación y a las universidades. Se necesitan esos incentivos que transformen con innovación.
Aprender hoy es una condición permanente para existir en la sociedad. Aprender ya no es una opción, es supervivencia. El conocimiento tiene fecha de vencimiento; por eso, el futuro no es de los titulados, es para los que siguen aprendiendo. Desde niños hay que enseñar que la educación no es obedecer, sino explorar. Menos memorización. Más curiosidad. Más preguntas. Más autonomía. La voluntad de aprender nace cuando una persona siente que descubrir también le pertenece.
Antes, estudiar era una etapa de la vida. Hoy, el que deja de aprender no tiene futuro; empieza a desaparecer del mundo productivo, del mundo social, del mundo real y de las conversaciones públicas. Estudiar a los 40, a los 50 o a los 60 años. No será una excepción, será una norma. La universidad NO será solo para los de 18 a 25. Un país donde la gente deja de aprender empieza a envejecer por dentro.
Colombia, a punto de elegir un nuevo presidente, se ve una campaña sin ideas, sin contenido y sin causas de país; solo agresiones y odios. Así, el país envejece y se empobrece. Ojalá la voluntad de aprender la conviertan en una causa nacional como potente motor del desarrollo y nuevo capital de la Nación.
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