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(OPINIÓN) Giovanny, el mago. Por: María Clara Posada

El pasado martes la teleaudiencia del país se encontró frente a tremenda encrucijada: nos armábamos de paciencia y sintonizábamos el Aló Presidente 2.0 dirigido y protagonizado por Gustavo Petro Urrego o nos cargábamos de ilusión, estampitas, escapularios y velas, y nos disponíamos a hacer fuerza y

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Redacción IFM
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Giovanny, el mago. Por: María Clara Posada

El pasado martes la teleaudiencia del país se encontró frente a tremenda encrucijada: nos armábamos de paciencia y sintonizábamos el Aló Presidente 2.0 dirigido y protagonizado por Gustavo Petro Urrego o nos cargábamos de ilusión, estampitas, escapularios y velas, y nos disponíamos a hacer fuerza y acompañábamos a la Selección.

Con la fe -no tan, debo reconocerlo- intacta, varios decidimos intentar movernos de un lado al otro y, como con el famoso “toque” que ya revela suficiente sobre mi edad, canalear de aquí para allá para ir alternando las emociones. Pensamos que pasaríamos de la pena a la gloria, de la rabia a la dicha, de la angustia a la alegría, porque bueno…. la esperanza es lo último que se pierde.

Como colombiana que se respete, primero Dios, luego familia y después la Sele.  Dicho esto, la prioridad en energía la tenía que concentrar el partido contra Paraguay y no iba a venir ningún reality de pacotilla, armado por el último de los Aurelianos, a dañarnos el aura.

Arrancamos entonces con el partido que nos recibió con el coreo más motivador imaginable. Pero no, no era nuestro Himno. Eran las voces de 50 mil colombianos (que seguro no salieron a las marchas del pasado 18 de marzo o que salieron pagados) que gritaban a todo pulmón ¡Fuera Petro, Fuera Petro!, emocionándonos hasta la médula. Rápidamente, la Selección marcó dos goles, el corazón latía rápido, el optimismo se apoderaba de nuestros cuerpos y nos visualizábamos en México y Estados Unidos, alzando la copa.

Era entonces momento propicio para el “zapping”. Ya con algo de vitalidad en nuestro ser, podíamos soportar el tortuoso sainete televisado desde Palacio y pretender salir incólumes.

De los goles de la Sele, a los goles del Pelele. Así, de una. Sin anestesia, nos encontramos en escena a un presidente en pleno uso de sus facult… desvarío. Un señor que según el artículo 188 de la Constitución simboliza la Unidad Nacional, convertido en el enemigo de las mayorías que hoy lo cuestionan. Mientras llamaba nazis, mafiosos y paramilitares a los empresarios, congresistas y al 70% de los votantes del país; nos notificaba que lo del Shu Shu Shu, no sería un gol sino una goleada. Para que lo entendamos los de mi generación y anteriores, un 5-0, materializado así: El sistema de salud (o lo que queda de él), que tan bien funcionaba, se va a destruir o por Reforma en el Congreso, o por Decreto. Punto. Y un ultimátum, lo que no funcione, “se liquida”. (Expresión que, por decir lo menos, produce susto viniendo de alguien con sus antecedentes)

Cuando creíamos que la trama no podría ponerse más aterradora, llegó la actuación estelar del Superintendente Giovanny Rubiano.

El encargado de velar por la garantía del Derecho a la Salud, acaparó el “spotlight” y como en el reciente partido contra Brasil -donde inexplicablemente desapareció un cambio extra que había hecho la Canarinha- logró en un acto de irresponsabilidad digno de cualquiera de los miembros del Pacto, esfumar 18,022,098 pacientes. Con frialdad descarada y sin una pizca de sonrojo, Giovanny ‘el mago’, refrendado por Petro, le mintió en televisión al país sosteniendo que el cubrimiento en salud era apenas del 62,5% y no del 99,12% de los colombianos, como realmente es gracias a la ley 100.

Tras semejante acto de magia (oscurita por no decir negra), no quedaba de otra que volver al partido a ver si la energía se nivelaba sintiendo que ya no había más caída posible. Pero ¡sorpresa!, sí que la hay y contra todos los pronósticos, pasamos de un sufrimiento a otro.

En los contados minutos que duró el show de ilusionismo de Giovanny el Mago, en Colombia no solo se borró la cobertura universal en salud, se evaporaron las EPS que aún subsisten por fuera de la perversa intervención del Gobierno y se desvanecieron frente a nuestros ojos a millones de pacientes; si no que, desaparecieron como por sortilegio y extrapolando la obra de Hector Abad -que ahora anda tan de moda en la política-, los fragmentos de triunfo furtivo de la Selección.

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