(OPINIÓN) Financiando el tiempo. Por: María Clara Posada
El presidente Abelardo De la Espriella prometió reducir en un 40 % el tamaño del Estado y nosotros lo acompañamos en ese propósito.
Un presupuesto es, en el fondo, una manera de ordenar el tiempo. Allí conviven el pasado, el presente y el futuro de una nación. El pasado aparece en las deudas que debemos pagar. El presente, en el funcionamiento del Estado que debemos sostener. El futuro, en la inversión con la que intentamos construir aquello que todavía no existe y en el impacto que eso tiene en los derechos de las generaciones futuras. La sabiduría de un gobernante consiste en conseguir que ninguno de esos tres tiempos termine devorando a los demás.
Edmund Burke escribió que la sociedad es una asociación entre quienes murieron, quienes viven y quienes todavía no han nacido. Pocas ideas resultan más apropiadas para pensar un presupuesto público. Cada peso que gastamos establece una relación entre generaciones. James Buchanan, Nobel de Economía y profundo estudioso de la deuda pública, advirtió sobre esa dimensión intergeneracional. Endeudarse permite disponer de recursos en el presente trasladando parte de su costo hacia quienes vivirán mañana. El Presupuesto General de la Nación para 2027 tiene, visto así, un serio desequilibrio temporal. De los $634,9 billones propuestos, $392,6 billones corresponden a funcionamiento, $155,4 billones al servicio de la deuda y apenas $87 billones a inversión. En términos aproximados, el presente consume el 62 %, el pasado reclama otro 24 % y al futuro le dejamos apenas el 14 %. El pasado, además, viene con excelente apetito.
En algún panel al que fui invitada tuve la oportunidad de advertirlo al conocer las cifras. El servicio de la deuda aumenta 54,7 % frente a 2026, mientras la inversión disminuye 2,8 %. Crecen fuertemente los recursos de capital mientras caen los ingresos corrientes de la Nación. Estamos aumentando los ingresos recurriendo a deuda. Dicho en términos menos elegantes, estamos jineteando la deuda. El problema es que quien cabalga hoy no necesariamente será quien pague mañana y que, como plantea Mitchell en su libro del Esquema Ponzi, cuando un Estado gasta permanentemente más de lo que recauda y pretende solucionar el problema endeudándose cada vez más, está trasladando la factura hacia adelante.
Únete al canal de WhatsApp de IFMNOTICIAS para estar informado de manera oportuna y con detalle. IFMNOTICIAS · Información de VerdadUnirmeNo existe nada perverso en endeudarse. Una familia, una empresa o un Estado pueden hacerlo para financiar inversiones capaces de producir bienestar y crecimiento. La pregunta es para qué nos endeudamos. Si aumentamos la deuda mientras reducimos la inversión, la paradoja resulta evidente. Estamos comprometiendo recursos del futuro sin fortalecer suficientemente aquello que debería permitirnos pagarlos. Después está el presente. Casi $393 billones para funcionamiento obligan a preguntarnos cuánto Estado necesitamos, cuánto podemos pagar y cuánto de ese gasto produce realmente valor para los ciudadanos. Una burocracia tiene una particularidad fascinante: siempre encuentra razones para explicar por qué cada peso que recibe es indispensable.
El presidente Abelardo De La Espriella prometió reducir en 40 % el tamaño del Estado y nosotros lo acompañamos en ese propósito. Ha llegado el momento de convertir esa promesa en decisiones. El Congreso tendrá una enorme responsabilidad, pero el gobierno deberá demostrar su capacidad para eliminar duplicidades, reducir gastos innecesarios, reorganizar estructuras y proteger aquello que verdaderamente necesita el ciudadano. El gobierno ha explicado que recibió obligaciones que no estaban adecuadamente reflejadas y ha llamado a este proyecto el “Presupuesto de la Verdad”. Reconocer las cuentas pendientes es necesario. Sin embargo, descubrir una factura no equivale a resolver el problema que la produjo. La verdad presupuestal no consiste solamente en saber cuánto debemos, sino en impedir que dentro de cuatro años debamos todavía más.
La buena política fiscal exige reconciliar los tiempos. Hay que pagar responsablemente el pasado, hacer más eficiente el presente y reservar capacidad para construir el futuro. Un país que solo paga deudas termina administrando recuerdos. Uno que dedica demasiados recursos a sostener su aparato estatal acaba trabajando para sí mismo. Uno que sacrifica la inversión comienza, silenciosamente, a hipotecar sus posibilidades. Un presupuesto nunca es solamente una tabla de Excel. Es una decisión sobre el tiempo. Revela cuánto estamos pagando por lo que fuimos, cuánto nos cuesta lo que somos y, sobre todo, cuánto estamos dispuestos a invertir en aquello que queremos llegar a ser.
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