(OPINIÓN) Ejercer liderazgo sin los resultados esperados en la gestión: Una tarea cada vez más ingrata. Por: John Jairo Llano Cano
Ser líder comunal en Colombia no es una tarea sencilla. Quienes asumen esta responsabilidad suelen hacerlo movidos por el deseo genuino de servir a sus comunidades, de buscar soluciones a problemas históricos y de contribuir al mejoramiento de las condiciones de vida de sus vecinos.
Sin embargo, en muchas ocasiones la gestión realizada no se traduce en resultados visibles e inmediatos, generando frustración tanto en los dirigentes como en la comunidad que espera respuestas. Uno de los mayores desafíos del liderazgo social consiste en comprender que la gestión no significa asumir personalmente la solución de los problemas. El papel del líder no es reemplazar al Estado ni comprometer recursos propios para atender necesidades colectivas.
Su función principal es identificar las problemáticas, canalizarlas adecuadamente y gestionar ante las entidades competentes aquellas soluciones que sean técnica, jurídica y financieramente viables. Con frecuencia se generan expectativas desbordadas frente a la capacidad de gestión de las organizaciones comunales. Algunos ciudadanos consideran que el líder tiene la obligación de resolver cualquier necesidad planteada, sin tener en cuenta que las competencias institucionales están distribuidas entre diferentes entidades públicas que cuentan con funciones específicas, presupuestos definidos y planes de acción previamente establecidos.
Ninguna gestión será efectiva si no se dirige a la entidad correcta o si se pretende obtener una solución que escapa a sus competencias o posibilidades presupuestales. La realidad es que los recursos públicos suelen ser insuficientes frente a la enorme cantidad de necesidades existentes. Las administraciones municipales, departamentales y nacionales enfrentan permanentemente el reto de priorizar inversiones, muchas veces en medio de restricciones fiscales, cambios de gobierno y complejos procesos administrativos. Esto no significa que las comunidades deban renunciar a sus aspiraciones, sino que deben comprender las limitaciones reales que existen para atenderlas.
Precisamente en este escenario surge una oportunidad que merece ser fortalecida: la contratación social y los convenios solidarios con las organizaciones comunales. Cuando las comunidades organizadas participan directamente en la ejecución de proyectos, no solo se optimizan los recursos públicos, sino que también se fortalece el sentido de pertenencia, el control social y la transparencia en la inversión. En este aspecto, las experiencias desarrolladas por Empresas Públicas de Medellín (EPM) constituyen un referente importante para el país. A través de diferentes mecanismos de participación comunitaria, la entidad no se limita a aportar recursos económicos, sino que acompaña técnicamente los procesos, supervisa la ejecución de los proyectos y realiza seguimiento hasta su culminación satisfactoria.
Este modelo demuestra que es posible construir confianza entre las instituciones y las comunidades, generando resultados concretos y sostenibles. Pero la gestión comunitaria no debe limitarse únicamente a tocar las puertas de las administraciones públicas. Existen también importantes oportunidades de cooperación internacional para organizaciones sociales, comunales y comunitarias que estén dispuestas a fortalecer sus capacidades institucionales y cumplir con requisitos básicos de formulación, transparencia y rendición de cuentas.
Organismos internacionales, agencias de cooperación y fundaciones privadas financian proyectos relacionados con desarrollo comunitario, participación ciudadana, medio ambiente, fortalecimiento institucional, juventud, mujeres, derechos humanos y desarrollo territorial. Algunas fuentes de cooperación que ofrecen convocatorias para organizaciones colombianas incluyen: • Programa de Pequeñas Donaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD): https://sgp.undp.org • Delegación de la Unión Europea en Colombia: https://www.eeas.europa.eu/colombia • Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID): https://www.aecid.es • Fondo Canadá para Iniciativas Locales: https://www.international.gc.ca • USAID Colombia: https://www.usaid.gov/colombia • Fundación Interamericana (IAF): https://www.iaf.gov
Aunque muchos consideran que acceder a estos recursos es imposible, la realidad demuestra que numerosas organizaciones comunitarias colombianas han logrado hacerlo mediante procesos serios de fortalecimiento organizacional y formulación de proyectos. Sin embargo, más allá de las dificultades técnicas o presupuestales, existe un problema que afecta profundamente a los líderes sociales: la creciente falta de reconocimiento a su labor. En muchas comunidades, las críticas por aquello que no se logra son más intensas que el agradecimiento por los resultados obtenidos. Se cuestiona al dirigente por obras que no dependen de él, se le responsabiliza por decisiones tomadas por terceros y, en ocasiones, se le señala injustamente como si administrara recursos públicos de manera directa.
Lo paradójico es que la mayoría de los líderes comunales desarrollan su labor de manera voluntaria, sacrificando tiempo personal, familiar y laboral. Son personas que dedican horas de su vida a gestionar reuniones, elaborar solicitudes, asistir a mesas de trabajo, realizar seguimiento a compromisos institucionales y buscar oportunidades para sus comunidades, sin recibir compensación económica alguna. En medio de la incertidumbre, la corrupción, la politiquería y las dificultades propias de la gestión pública, muchos líderes enfrentan puertas cerradas, respuestas negativas y constantes obstáculos. Aun así, continúan insistiendo porque entienden que la transformación social no ocurre de manera inmediata y que cada pequeño avance puede representar una mejora significativa para la vida de cientos de personas. Afortunadamente, también existen momentos que justifican todos los esfuerzos realizados.
Cuando una comunidad logra acceder a una obra largamente esperada, cuando una familia vulnerable recibe apoyo institucional o cuando un proyecto colectivo se convierte en realidad, surge una satisfacción que difícilmente puede describirse con palabras. Es la recompensa moral de quienes entienden el liderazgo como un servicio y no como un privilegio. Por eso, aunque ejercer liderazgo sin obtener siempre los resultados esperados puede parecer una tarea ingrata, es precisamente en esos momentos donde se pone a prueba la verdadera vocación de servicio.
Las dificultades no deben convertirse en motivo de renuncia, sino en una razón más para fortalecer la organización comunitaria, promover la participación ciudadana y seguir construyendo puentes entre las comunidades y las instituciones. Porque, al final, los territorios no cambian únicamente por la acción del Estado ni por el esfuerzo individual de un líder. Cambian cuando las comunidades se organizan, participan, gestionan y perseveran, incluso cuando los resultados tardan más de lo esperado.
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