(OPINIÓN) El terrible caso Daniel Sancho. Por: Diego Arango O
Hace algo mas de un año se conoció el horrible crimen cometido por el hijo del célebre actor español Rodrigo Sancho y nieto del también afamado actor Sancho García e igualmente la madre de Daniel otra famosa actriz, Silvia Bronchalo.
Hace algo más de un año se conoció el horrible crimen cometido por el hijo del célebre actor español Rodrigo Sancho y nieto del también afamado actor Sancho García e igualmente la madre de Daniel, otra famosa actriz, Silvia Bronchalo. Este joven tuvo diversas características que lo promovían a lograr el éxito en su vida, una trayectoria de familia en el mundo del cine y televisión, una gran apariencia física, talento actoral y dedicado a la cocina como chef que se mostraba en su canal de Youtube.
Mucha gente se pregunta sobre los verdaderos motivos del crimen, pues cuesta entender la premeditación del asesinato, como el desmembramiento del cuerpo del médico cirujano plástico Edwin Arrieta, un exitoso profesional de Lorica, Córdoba. ¿Qué pudo haber sucedido entre ambos hombres para que uno de ellos con toda frialdad haya procedido de esa despiadada manera? Además, que el asesino hubiese confesado con recreación el crimen y acto de descuartizamiento de un ser humano con quien practicaba relación íntima homosexual, además intereses de negocio en un supuesto restaurante que estaban montando.
El médico, según expresa la familia, había girado en varias partidas unos cinco mil euros para dicho negocio. Quien se vinculó con Daniel a través de su cuenta de Instagram, medio que desarrolló la relación de estas personas. Sin embargo, la investigación indica que las partidas giradas por el médico a Daniel estaban más allá de un millón de euros.
Pero volviendo al caso, ellos se habían citado en Tailandia, más exactamente en la isla recreacional de Koh Phangan para compartir la tradicional Fiesta de la Luna Llena. Daniel recogió a Edwin en una moto y de ahí la desaparición del médico, donde Daniel trató de enredar el asunto hasta que las diferentes partes del cuerpo fueron apareciendo en basureros y en el mar.
La investigación comprobó, mediante registros de video, las compras de los elementos que Daniel había hecho el día anterior a la llegada del médico a la isla, como cuchillos, una sierra, bolsas plásticas, guantes y artículos de limpieza, lo que comprueba la premeditación del crimen.
Daniel, en su confesión, dijo que se debió a una pelea ocasionada por el desespero que tenía dado el permanente acoso del médico, exigiéndole sexo y cosas que a él no le gustaban, asfixiándolo psicológicamente y arruinando su relación con la novia. Finalmente, la justicia tailandesa condenó a Daniel a cadena perpetua y al pago de unos 120 mil euros a la familia de Edwin, quienes nunca quisieron la pena de muerte existente en Tailandia, ya que para ellos era equipararse al asesino.
En conclusión, es uno de los asesinatos más tenebrosos y despiadados, pues las autoridades tailandesas evidenciaron en la investigación y confesión, la premeditación y sangre fría de Daniel, a quien le tocará pasar con escasos 30 años de edad, el resto de su vida en una prisión bajo el estigma de brutal asesino, así mismo cargando la culpa de un acto que le cambió su vida, debido a la carencia de valores que hoy está marcando la sociedad y quizás al posible abandono de sus padres, pero definitivamente a la ausencia de Dios en su formación, por relaciones marcadas por la ambición de dinero; y al médico le costó su vida por sus inclinaciones.
Este caso deja como lección y advertencia a la humanidad, el peligro de relaciones virtuales que han cobrado muchas víctimas, como ha sido el caso de Daniel y Edwin.

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