(OPINIÓN) El terrible 17 de octubre en Francia. Por: Eduardo Mackenzie
¿Violencias urbanas? ¿Pillajes? ¿Motines? No. Insurrección.
Y quizás guerra civil. Lo que los franceses vivieron el 17 y 18 de octubre, fue eso, el intento de un movimiento subversivo de ultra izquierda y antisemita que fue capaz de catapultar a miles de jóvenes enmascarados, rápidos y bien coordinados, todos de negro vestidos, con banderas de Argelia y Palestina, armados de morteros artesanales y cocteles Molotov, para que agredieran las fuerzas del orden o la única fuerza del orden, insuficientemente equipada, que el gobierno inepto de Sebastian Lecornu osó desplegar en las calles y que fue, en efecto, desbordada en los grandes centros urbanos de Francia por la rabiosa horda de casseurs que, intoxicados de odio antifrancés, concentraron sus golpes con piedras, ácidos, incendios y objetos dislocados del mobiliario urbano, contra los símbolos de poder (alcaldías, prefecturas, policías, bancos, etc.) así como contra comercios grandes y pequeños de una veintena de ciudades importantes.
Y, sobre todo, intentaron el sábado asaltar el palacio del Elíseo, sede de la presidencia de la República, objetivo que no alcanzaron gracias a la valentía de los policías del RAID allí apostados.
Los destrozos más graves que pudieron cometer los sediciosos ese día ocurrieron en ocho importantes ciudades: París, Lyon, Marseille, Bordeaux, Lille, Nantes, Grenoble y Limoges. En esta última, quebraron la puerta principal de la alcaldía. Aunque sabían que una parte del personal estaba allí le prendieron fuego al edificio. Los esfuerzos de los bomberos fueron inútiles. Ante los gritos de pavor de los vecinos, las llamas devoraron el gran salón del segundo piso, alcanzaron y derrumbaron por completo la torre-campanil del suntuoso palacio, una joya arquitectónica construida entre 1876 y 1883 que combinaba estilos de finales del Renacimiento y de la época de Luis XIII.
Únete al canal de WhatsApp de IFMNOTICIAS para estar informado de manera oportuna y con detalle. IFMNOTICIAS · Información de VerdadUnirmeEn Lyon bloquearon calles e incendiaron la Oficina de Turismo y numerosos vehículos. En Bordeaux asaltaron la residencia del alcalde, fuera de los desmanes e incendios habituales. En Marsella bloquearon avenidas, quemaron vehículos y saquearon la alcaldía. En París los ataque comenzaron a las 10 de la mañana y duraron hasta la medianoche y siguieron el 18. Las hordas, en gran parte étnicas, incendiaron automóviles, motos, bicicletas y canecas de basura, saquearon decenas de almacenes, incluyendo librerías, perfumerías, almacenes de óptica, de teléfonos, de ropa de marca y floristerías. Numerosos cafés, tabernas y pequeños comercios fueron arrasados. Incluso quisieron asaltar la cárcel de la Santé para liberar cientos de delincuentes y criminales. Y golpearon a varios periodistas que filmaban los desórdenes y atacaron la entrada del canal privado de televisión CNews y de la radio Europe 1, sin poder llegar a los estudios.
Esas devastaciones no fueron espontáneas. El mayor instigador de ellas es el impopular agitador Jean-Luc Mélenchon, jefe de una organización extremista: La France Insoumise. Admirador de Fidel Castro, Arafat y Maduro, él rompe en 2008 con los socialistas y crea coaliciones con el PCF y grupúsculos comunistas y ecologistas para hacerse a una base de maniobra callejera y electoral con sectores marginales o salidos de la inmigración árabe y norafricana.
El primer objetivo de Mélenchon es desarmar y aislar las fuerzas del orden, única barrera susceptible, según él, de defender el Estado de los asaltos de sus enemigos. Ante la crisis social creada por la política inepta de Emmanuel Macron y la apertura de la campaña presidencial (en abril 2027 será la primera vuelta), LFI intensificó su propaganda anti-policía. “La policía mata”, es la consigna preferida de esa organización. “La violencia es legítima”, gritó en una manifestación Bally Bagayoko, un francés de origen malí que en marzo pasado fue elegido alcalde LFI de Saint Denis.
Mélenchon, que algunas personalidades piden hoy que sea responsabilizado penalmente y no solamente los casseurs, por la ola de violencias que él urdió y desató, fue el inventor de la falsa revuelta “de estudiantes” que abrió la puerta a la serie de disturbios. Estos comenzaron el 5 de octubre (ese día 40 personas del sistema educativo fueron heridas, para dar solo un dato) y se redoblaron el 17 y 18 de octubre.
LFI y otros sectores de izquierda, con la complicidad de la mayoría de los medios audiovisuales, manipularon el malestar de los estudiantes. El 5 de octubre, lanzaron la farsa de la huelga de estudiantes. En realidad, lo que hubo fue el bloqueo violento de los liceos para impedir que los alumnos tuvieran clases. Enseguida idearon otro subterfugio: fijaron la fecha del 17 de octubre para realizar en todas las ciudades la “convergencia de luchas” con los sindicatos izquierdistas.
La jornada del 17 de octubre comenzó con desfiles sindicales pacíficos (550.000 manifestantes en el país y 110.000 en París) que denunciaron a Emmanuel Macron por su desastrosa política económica y fiscal. Al final de la tarde, los enmascarados aparecieron en masa y se dedicaron a incendiar lo que encontraban a su paso, a desvalijar los almacenes y distribuidores de billetes. Las prefecturas habían desoído las advertencias de los organismos de inteligencia sobre la peligrosidad de esa demostración de fuerza y enviaron solo 60 000 policías sin el respaldo de camiones lanza-agua y otros elementos previstos para ese tipo de combate urbano. En cambio, la coordinación de los vándalos fue óptima. Un diario vio pasar este mensaje en una red social: “‘¡Footkorner, Intersport, Macadam, Carrefour [de Saint-Denis]: vengan todos!’”. Y agregó que horas después el alcalde Bagayoko acusó, no a los saqueadores, sino a la policía!
A las 6 de la tarde del 17, los policías de París, cuyas reservas de gases lacrimógenos se habían agotado, perdieron el control de las calles. Algunos tuvieron que huir de sus camionetas para salvar sus vidas. Los saqueos duraron toda la noche del domingo. La policía capturó a 350 individuos, pero tres mil comercios fueron destruidos en el país. Macron, quien la víspera fue visto en un concierto de Celine Dion, a las 8 de la noche hizo una aparición de 15 minutos en la televisión. Cuando todos esperaban que tomara medidas, él lamentó lo sucedido, hizo frases sobre la necesidad de “respetar el orden republicano” y se abstuvo de ordenar medida alguna para superar el caos y sancionar el vandalismo. Prometió, eso sí, “dialogar con todos los partidos”.
Más tarde, el primer ministro Lecornu reconoció que “la violencia había sido de extrema gravedad”. El ministro del Interior, Laurent Nuñez renunció a su cargo, pero Macron no la aceptó. Ante la prensa, Núñez reconoció que hubo “fallas en la anticipación” y que el gobierno debía “modificar las reglas de intervención contra los casseurs”.
De hecho, los vándalos saben que son intocables. En Francia el único temor de esa gente es ser capturada unas horas pues las sanciones de los jueces son ridículas. De hecho, la ley penal “anticasseur” de 1970, proclamada por Georges Pompidou, que establecía sanciones penales y pecuniarias a los autores de violencias, fue abrogada por François Mitterrand en noviembre de 1981 y ningún gobierno posterior fue capaz de actualizarla.
Y dos nuevas jornadas de devastaciones han sido convocadas para el sábado próximo y para el 31 de octubre.
En vista de la crisis persistente de seguridad, la tentación de crear milicias de autodefensa crece en algunos sectores del comercio. “Es una guerra civil”, dijo el dueño de un restaurante en París. Un general (r.) Bertrand Cavallier admitió: “entramos en una nueva era de (in)seguridad”. ¿Y qué dicen de Mélenchon, el impulsor en jefe de la chusma “revolucionaria” de la “Nueva Francia” contra la “Vieja Francia”? Muy poco, sin embargo, el diputado Charles Rodwell dijo que planea presentar a la Asamblea Nacional seis medidas urgentes en materia de seguridad y entre esas la de iniciar acciones penales contra Jean-Luc Mélenchon y La France Insoumise por el papel de ellos en los disturbios ocurridos en París y otros lugares de Francia. Rodwell reclama una “respuesta masiva en materia de seguridad” para restablecer el orden. Nada indica que será escuchado.
¿Qué anuncia todo esto? ¿Una recaída de Francia en una forma de guerra civil con triunfo ulterior del partido del caos y del antisemitismo? ¿O un renacimiento del sentimiento patriótico y del conservatismo firme pero creador del general De Gaulle?
Recordemos el diagnóstico pesimista de Alexis de Tocqueville sobre su patria. Lo resumió en una frase genial de 1840 que hoy cobra actualidad: “En América, tienen ideas y pasiones democráticas; en Francia tenemos todavía pasiones e ideas revolucionarias” (*).
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