(OPINIÓN) Colombia resiste. Colombia no cae. Por: Laura Mejía
En medio del ruido, de los titulares alarmantes, de los escándalos, de las decisiones que generan más incertidumbre que certezas, hay una verdad que no se puede ignorar: Colombia resiste. Colombia sigue de pie. Y no gracias al poder, sino a su gente. A millones que se levantan cada día a construir p
En medio del ruido, de los titulares alarmantes, de los escándalos, de las decisiones que generan más incertidumbre que certezas, hay una verdad que no se puede ignorar: Colombia resiste. Colombia sigue de pie. Y no gracias al poder, sino a su gente. A millones que se levantan cada día a construir país desde donde les toca, sin protagonismos, sin discursos, con trabajo y convicción firme.
Mientras algunos apuestan al caos, otros siembran futuro. La realidad puede ser frustrante, pero no define la totalidad de lo que somos. Colombia es mucho más que sus gobernantes de turno; mucho más que una crisis. Es también cada joven que no se rinde, cada comunidad que se organiza, cada emprendedor y empresario que insiste.
Sí, hay razones para preocuparse. Se debilitan las instituciones, se ataca la libertad de prensa y se polariza la opinión pública. Pero también hay razones para creer. En los líderes sociales que no bajan los brazos. En los artistas que siguen contando verdades. En los empresarios que resisten y generan empleo. En las cajas de compensación que conectan oportunidades, bienestar y cultura. En quienes proponen soluciones y no solo diagnósticos. En quienes, desde la política, están haciendo bien su tarea y merecen ser respaldados.
Hoy más que nunca necesitamos cuidar y proteger a las empresas. Abrazar a las que están en riesgo. Incentivar a quienes se arriesgan por seguir invirtiendo en Colombia. Aplaudir a quienes generan empleo o lanzan ideas para hacer los retos más llevaderos. Que no se nos vuelva costumbre destruir al que emprende, señalar al que trabaja, desacreditar al que propone.
También necesitamos bajar el tono. Reducir el ruido. Discutir sin gritar. No todo se resuelve con un trino incendiario o una respuesta llena de sarcasmo. A veces lo que hace falta es una conversación más honesta, menos egos y más país.
Colombia no se rinde porque nunca lo ha hecho. Sobrevivimos al narcoterrorismo, al conflicto armado, a la corrupción sistemática. Hemos tenido gobiernos que nos dividen, pero también ciudadanos que nos recuerdan qué es lo que nos une.
La esperanza no es ingenuidad. Es una forma de resistencia. No se trata de negar los problemas, sino de no dejar que nos aplasten. El reto hoy no es solo señalar lo que está mal, sino defender lo que aún funciona y potenciar lo que podemos mejorar.
Este no es un llamado al conformismo. Al contrario, es una invitación a no ceder al cinismo. Que la crítica venga siempre con propuesta. Que la queja venga con acción. Que el miedo no se vuelva excusa para cruzarnos de brazos.
Colombia no se rinde porque hay gente comprometida con hacer las cosas bien. Personas que, lejos del poder y sus privilegios, entienden que el país se construye todos los días, con acciones concretas y decisiones éticas. Que el foco no esté solo en quienes gobiernan, sino en quienes, desde lo cotidiano, siguen haciendo que esto funcione.
Cuidar a Colombia es también reconocer y fortalecer lo que sí funciona. Es proteger a quienes crean, enseñan, curan, lideran con sentido común y hacen país desde su orilla. No podemos permitir que el ruido apague la acción ni que el desencanto nos paralice. Que el compromiso cívico, el trabajo bien hecho y la esperanza activa sigan siendo el motor que nos mueve. Porque este país, con todo y sus fracturas, saldrá adelante.

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