(OPINIÓN) A Eva se le fueron las luces con Tapia. Por: César Bedoya
Una nueva polémica estalló en el país y, en esta ocasión, la experimentada periodista española Eva Rey se vio envuelta en una diluvio de críticas tras anunciar un adelanto de su más reciente entrevista en «Desnúdate Con Eva». El invitado, nada menos que Emilio Tapia, un nombre que resuena con amargu
Una nueva polémica estalló en el país y, en esta ocasión, la experimentada periodista española Eva Rey se vio envuelta en una diluvio de críticas tras anunciar un adelanto de su más reciente entrevista en «Desnúdate Con Eva». El invitado, nada menos que Emilio Tapia, un nombre que resuena con amargura en los oídos de muchos colombianos, condenado por el escandaloso caso de corrupción de Centros Poblados y otros. Lo que pretendía ser un contenido de interés periodístico, terminó siendo una bofetada a la sociedad y un crudo recordatorio de que, a veces, la búsqueda de la audiencia puede nublar el juicio.
El fragmento que desató la furia era apenas de unos minutos, pero bastó para encender una indignación pocas veces vista. Más allá de la cuestionable decisión de darle un espacio mediático a un reincidente en delitos contra el erario, el contenido del clip fue la gota que derramó el vaso: banalidades y referencias explícitas a encuentros sexuales en un contexto carcelario. Hablar de sexo en prisión con un condenado por corrupción no solo es un despropósito, sino que banaliza el sufrimiento de quienes han sido víctimas de estos desfalcos y, francamente, hiere la sensibilidad de una ciudadanía cansada de la impunidad.
«Desnúdate Con Eva» es, sin duda, un espacio que ha logrado consolidarse como una de las producciones más seguidas e influyentes en las plataformas digitales, gracias a la astucia de su conductora y a la diversidad de sus invitados, que van desde políticos y empresarios hasta deportistas y figuras públicas. Esa es precisamente la razón por la que la elección de Emilio Tapia resultó tan chocante. No es cualquier personaje; es un empresario condenado, recientemente el 19 de diciembre de 2024, por su participación en el caso Centros Poblados y otras irregularidades contractuales.
Aunque Eva Rey defendió su entrevista bajo el manto del «interés periodístico», la verdad es que, para muchos, incluyéndome, la indignación fue palpable. Es incomprensible que una periodista de su trayectoria, con la sagacidad que la caracteriza, no haya dimensionado el momento de carga política, burocrática y de corrupción que vive el país. Entrevistar a un personaje con un prontuario criminal tan extenso, que no muestra arrepentimiento y parece celebrar el haber desfalcado el fisco público, es un descaro absoluto y una afrenta directa a la moral pública.
Esta situación debe obligar a reflexionar sobre la responsabilidad de los medios de comunicación y los periodistas. No deberían esperar una avalancha de críticas para ejercer un criterio periodístico sólido y ético. Es imperativo ver más allá de los «likes», la fama efímera y el dinero que puedan generar ciertos contenidos. Personas como Emilio Tapia, que son criminales de cuello blanco, que se apropian del dinero de todos, pagan condenas paupérrimas y luego pretenden vivir impunemente de lo robado, no merecen plataformas que legitimen su discurso.
Afortunadamente, la avalancha de críticas por parte de los seguidores de Eva Rey, tanto en sus redes personales como en las del podcast, sirvió como un llamado de atención. Fue esa presión social la que, aparentemente, la hizo caer en cuenta de su error y retractarse de la publicación. Esta decisión, aunque tardía, es un signo positivo y demuestra que la voz de la ciudadanía, cuando se eleva en protesta, puede generar un cambio. Es un alivio saber que, al menos en este caso, la sensatez prevaleció.
Finalmente, la carta enviada por la congresista Saray Robayo, pareja de Tapia, solicitando la publicación completa de la entrevista y defendiendo su «carácter humano» y no político, es un despropósito más. Que un personaje que ha causado tanto daño al país con sus actos de corrupción, respaldado por una red de políticos y otros corruptos, intente blanquear su imagen a través de narrativas sentimentales es, simplemente, intolerable. Para mí, este tipo de personajes no merecen ni un ápice de nuestra atención o simpatía.

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