(OPINIÓN) 213 años de la Independencia de Antioquia. Por: Juan José Gómez
“Doña Antioquia, mi señora, de blanco y verde vestida. En ti es más bella la aurora y luces encantadora como orquídea florecida”
“Doña Antioquia, mi señora, de blanco y verde vestida. En ti es más bella la aurora y luces encantadora como orquídea florecida”
Bambuco de J. Gómez y Luis Uribe Bueno
Hace hoy 213 años que bajo el liderazgo del momposino don Juan del Corral se declaró la Independencia absoluta de Antioquia de la corona española.
En esta fecha, los paisas residentes en el territorio departamental y muchos de los de la diáspora antioqueña dispersos por el ancho mundo acostumbramos, si no exactamente celebrar, si por lo menos reflexionar asi sea brevemente sobre lo que fue, es y puede llegar a ser nuestra amada Antioquia, que desde niños nuestros mayores nos enseñaron diría que a venerar, no tanto como una porción territorial de Colombia sino más bien como la madre nutricia de una gran familia, o tribu, o pueblo que profesa valores como la solidaridad familiar, el emprendimiento, el trabajo, la religión, la aventura, el riesgo y que amamos talvez con algo de exageración el dinero.
Históricamente Antioquia ha sido la cantera de grandes hombres y mujeres que se han distinguido en diversas actividades del quehacer humano.
Aquí nacieron, entre muchos otros, héroes de la Patria como José María Córdova y Atanasio Girardot, políticos y estadistas de la talla de José Manuel Restrepo, Pedro Justo Berrío, Marco Fidel Suárez, Rafael Uribe y Mariano Ospina Pérez; financistas como Francisco Montoya Zapata, José María “Pepe” Sierra, Alejandro Ángel y Lorenzo Jaramillo, hacendistas como Esteban Jaramillo, Francisco de Paula Pérez y Luis Ángel Arango; industriales, banqueros y comerciantes como Alejandro, Carlos J. y Hernán Echavarría, Adolfo Arango, Jesús Mora, Vicente Uribe, Gustavo Toro, Germán Saldarriaga, José Gutiérrez, Santiago Mejía y José María Acevedo; militares de alto rango como el almirante Rubén Piedrahita y el general Gustavo Sierra; la primera y única santa colombiana Madre Laura Montoya y los beatos Marianito Eusse y Jesús Aníbal Gómez; eclesiásticos como los cardenales Darío Castrillón y Aníbal Muñoz, los arzobispos Salazar y Herrera y Ricardo Tobón, los obispos beato Jesús Emilio Jaramillo y Miguel Ángel Builes, monseñor Manuel José Sierra cofundador y primer rector de la Universidad Pontificia Bolivariana y monseñor Armando Santamaría el padre de miles de nuestros niños huérfanos; las ilustres mujeres que le han dado gloria a Antioquia tales como Javiera Londoño de Castañeda, Simona Duque de Alzate, Ana María Martínez de Nisser, María Cano, Sofia Ospina de Navarro, Luz Castro de Gutiérrez y la religiosa de la Presentación Margarita Fonnegra Gómez; artistas destacadísimos como los pintores Fernando Botero, Débora Arango y Francisco Antonio Cano, escultores como el mismo maestro Botero, Rodrigo Arenas Betancur y José Horacio Betancur; poetas como Gregorio Gutiérrez, Epifanio Mejía, Porfirio Barba Jacob, León De Greiff, Roberto Jaramillo, Carlos Castro, León Zafir y los Jorges Robledo Ortiz y Montoya Toro; novelistas como Tomás Carrasquilla, Manuel Mejía, Baldomero Sanín, Manuel Uribe Ángel, y Fernando González, músicos como Carlos Vieco, Jaime Llano y Jesús Zapata, las pianistas Teresita Gómez y Blanca Uribe y el director de orquesta Andrés Orozco Estrada; periodistas como Fidel Cano, el “Indio” Uribe y Fernando Gómez Martínez; juristas tan prestigiosos como Miguel Moreno Jaramillo, Abel Naranjo Villegas, Carlos Gaviria Diaz, Jaime Sanín Echeverri, Hernán Toro Agudelo y Jesús Vallejo Mejía; ingenieros y arquitectos como José María Villa, Alejandro López, Gabriel Poveda Ramos, Sonny Jiménez de Tejada, Félix Mejía, Apolinar Restrepo y Elías Zapata.
No se puede cerrar este listado sin mencionar nombres que tienen que figurar entre los grandes de Antioquia por diversos conceptos, tales como Francisco Antonio Zea, Pascual Bravo, Joaquín Antonio Uribe, Antonio José Restrepo, José María Bravo Márquez, Cayetano Betancur, Luis López de Mesa, Gonzalo Arango, Gonzalo Restrepo Jaramillo, Mariano Ospina Hernández, Nicanor Restrepo Santamaría, Jorge Molina Moreno, Teresita Santamaría de González, Antonio Mesa Naranjo, Ignacio Vélez Escobar, René Uribe Ferrer y muchos más que brillan en el firmamento antioqueño con luz propia, cuya lista es tan extensa que coparía varias ediciones de esta publicación, pues debe saberse que los aquí mencionados apenas representan aproximadamente un diez por ciento de los que en el pasado y algunos en el presente soportan el prestigio de una región colombiana que ha sido fundamental en el desarrollo del país, comenzando por su no igualada hazaña de la colonización de lo que antaño se llamó “Antioquia la grande” que hoy comprende, además de su propio territorio el que corresponde a los departamentos de Caldas, Risaralda y Quindío y regiones montañosas del Tolima y del Valle del Cauca.
Pero a pesar de la destacada contribución intelectual, laboral y socioeconómica de nuestros paisanos ilustres al desarrollo integral de la amada Patria colombiana, debe decirse en honor a la verdad que los gobiernos nacionales, aún los de origen antioqueño, no han correspondido con justicia al progreso del departamento, especialmente en materia de obras públicas.
En la actualidad, por ejemplo, el gobierno que preside Gustavo Petro ha sido particularmente displicente con Antioquia, se dice que por causa de que su habitantes habilitados para sufragar en las elecciones de cuerpos colegiados y presidente, no hemos querido hacerlo en forma significativa por candidaturas izquierdistas en las que figuran el mismo Petro o sus copartidarios, a lo cual debe responderse primero que esos candidatos no han sido mayoritariamente los más aptos para representar los intereses departamentales en el gobierno y segundo, que desde años atrás Antioquia ha sido tierra donde la tradición pesa considerablemente y los votantes, especialmente los de poblaciones semirrurales, solemos ser personas que amamos las sanas costumbres y los valores patriarcales y familiares, o en otras palabras, los de índole tradicionalista que se asocia con la derecha política.
Tal es la razón para que, a guisa de ejemplo, citemos el reciente caso del exalcalde de Medellín Daniel Quintero, un petrista furibundo por lo menos en apariencia, que hizo el peor de los gobiernos municipales de la historia de la capital antioqueña, pues no solo derrochó los dineros públicos sino que su manejo dejó mucho que desear en materia de honorabilidad y se rodeó de una serie de funcionarios muy cuestionados, por lo cual esa administración ha sido tachada de corrupta, inepta, retrógrada y altamente perjudicial.
Pero, aunque estas circunstancias no se dieran, queda todavía el factor de la equidad que en el caso antioqueño ha sido sistemáticamente vulnerado pues, aunque hasta hace algunos años este departamento fue el de mayor contribución al tesoro nacional y sigue siendo uno de los de más alta tributación, el gobierno central ha reducido aportes ya legalmente comprometidos para obras públicas que mas que a Antioquia benefician al país entero como son las vías de cuarta generación, sin olvidar que todavía seguimos pagando a la Nación el dinero que facilitó para el Metro.
Escrito lo anterior queda por aclarar que de ninguna manera nos oponemos a contribuir al desarrollo de otras regiones colombianas que bastante lo necesitan. Lo hemos hecho y lo seguiremos haciendo en forma proporcional pues somos unos convencidos de la importancia y conveniencia de la solidaridad. Es más: el actual gobernador de Antioquia Andrés Julián Rendón con gran entusiasmo viene promoviendo una reforma constitucional que desarrolle efectivamente el artículo 1 de la Carta en cuanto dispone que “Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de República unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales”, lo que permitiría reformar el artículo 298 de la Constitución Política, logrando que los departamentos recauden y utilicen en su propio beneficio y en el de los municipios que los integran algunos importantes ingresos fiscales que hoy incrementan el tesoro nacional.
¿Qué esperamos para el futuro? Recuperar la paz y restablecer el tejido social, terminar las obras públicas iniciadas y construir otras tan necesarias como un nuevo aeropuerto internacional, lograr mayor autonomía gubernamental, recaudar para mayor desarrollo de los municipios algunos tributos que actualmente van al tesoro nacional. También conseguir en lo posible un renovado avance industrial, especialmente en materia energética, y fortalecer la vocación exportadora a través de Puerto Antioquia; avanzar en el desarrollo tecnológico y aplicarlo a la educación integral, con énfasis en formación para el trabajo.
Estimular el comercio organizado y muy especialmente incrementar el desarrollo turístico de los municipios -pues el de Medellín ya está asegurado- poniendo en valor los atractivos existentes y potenciando los recursos turísticos actuales y los nuevos que se construyan como parte de la exportación de servicios mediante el turismo receptivo y sobre todo mantener la tradición de libertad sin libertinaje y orden sin tiranía.
Con esto y con la bendición de Dios Todopoderoso que tan bondadoso ha sido con nuestros padres y abuelos, Antioquia prosperará.

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