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El sistema educativo. Por: Santiago José Castro Agudelo

La educación es un caballito de batalla en el que se suben muchos políticos, especialmente quienes deciden aspirar a un cargo de elección popular en el ejecutivo. Muchos prometen una revolución educativa que incluye desde cobertura del 100% en primera infancia, hasta una amplia oferta de apoyos para

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Redacción IFM
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El sistema educativo. Por: Santiago José Castro Agudelo

La educación es un caballito de batalla en el que se suben muchos políticos, especialmente quienes deciden aspirar a un cargo de elección popular en el ejecutivo. Muchos prometen una revolución educativa que incluye desde cobertura del 100% en primera infancia, hasta una amplia oferta de apoyos para quienes decidan emprender estudios de doctorado en Colombia o en el exterior. El problema es que muy pocos abren los ojos para ver que el gran problema del sistema educativo no es la falta de intervención estatal, sino el exceso de regulación, que abre la puerta a “tramitadores”, favores, clientelismo y corrupción. Las cosas como son.

El famoso DUSE (Decreto único reglamentario del sector educación) es una colcha de retazos cuyo último capítulo corresponde a las “funciones y estructuras musculoesqueléticas, articulares y relacionadas con el movimiento”. Alguien tuvo la brillante idea de compilar en un único decreto el conjunto de iniciativas, ideas, proyectos, discursos, resoluciones, leyes, circulares y cualquier cosa que encontraran en los archivos para mayor “claridad”. Hicieron la tarea tan bien, que hoy se requieren visitas de asistencia técnica por parte de contratistas del Ministerio de Educación Nacional para acompañar la confusión. Cada Secretaría de Educación lo entiende como puede y la descentralización termina en desorden, circulares, archivos compartidos, llamados de atención y ¡uepajé!

Ni hablar de los proyectos de ley en curso y las leyes recientemente aprobadas por el Congreso, que incluyen cátedras de afrocolombianidad, cátedras de emprendimiento, educación socio emocional, la promoción de la educación STEM, y cualquier cosa que suene bien y pueda ser el punto de partida para un discurso encendido que genere aplausos… y problemas. Mientras tanto, Colombia cae en los resultados de las pruebas PISA, los estudiantes pierden los subsidios a las tasas para poder acceder a créditos educativos, se invierten billones en sedes de universidades públicas a las que los estudiantes no pueden llegar por falta de transporte y las familias viven bajo amenaza de paros y movilizaciones si alguien se atreve a cuestionar al magisterio.

Recientemente un exviceministro de educación exponía que los profesores del sector oficial tienen salarios que están por encima de la media de otros profesionales en la mayoría de los municipios de Colombia. Estuve revisando y todo indica que es verdad, aunque esta considerable mejora en las condiciones de los maestros, algo positivo y que no debe retroceder, no ha generado mejores resultados académicos. De hecho, los datos podrían sugerir lo contrario. ¿Por qué no se abre el debate?

Mientras tanto los colegios privados hacen de tripas corazón para innovar, para promover la creatividad, para sostenerse y para cumplir con las cada vez más absurdas exigencias de la burocracia de turno o de sentencias judiciales que exigen a muchos operar a pérdida, pues el pago de las pensiones termina por ser opcional, pero el retiro de la plataforma estatal de registro (SIMAT) de los morosos obligatorio.

Prometer el oro y el morro en educación es fácil. Entender los problemas del sistema e identificar las variables clave que deben ser tenidas en cuenta, resulta muchos más difícil. Es urgente dejar atrás el populismo educativo y lograr un acuerdo sobre lo fundamental, que gire en torno a la libertad educativa. Estado sí, pero no así.

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