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(NOS ESCRIBEN) «Si huele a caña»… Un viaje por la historia de la cañicultura

El cultivo de caña de azúcar en el Valle empezó en 1540 cuando Sebastián de Belalcázar la sembró en lo que hoy seria Yumbo. En 1560 se fundaron tres ingenios a orillas del río Amaime: el de San Jerónimo, perteneciente a Gregorio de Astigarreta, y los otros dos, uno a Andrés Cobo y otro a …

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Redacción IFM
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El cultivo de caña de azúcar en el Valle empezó en 1540 cuando Sebastián de Belalcázar la sembró en lo que hoy seria Yumbo.  En 1560 se fundaron tres ingenios a orillas del río Amaime: el de San Jerónimo, perteneciente a Gregorio de Astigarreta, y los otros dos, uno a Andrés Cobo y otro a Lázaro Cobo. Hubo también un ingenio en Caloto, propiedad de Francisco de Belalcázar. Los hermanos Cobo empezaron a exportar azúcar y miel a Panamá en 1588.

El primer ingenio, tal como lo conocemos hoy en día fue La Manuelita, surgió de una hacienda confiscada por la Corona a la Compañía de Jesús en 1767; en ella tenían los jesuitas el trapiche de Agua Clara, donde se producía pan de azúcar, melazas, azúcar y alcohol.  Por cosas del destino, este término en manos de Jorge Enrique Isaacs en 1840. En 1864, Pío Rengifo y Santiago Martín Eder compran la finca a Jorge Enrique Isaacs. También había ingenios en San Pedro Alejandrino, Ciénaga Grande, el Carare y Cienaga de Oro.

Entre 1830 y 1898 sólo se exportaron unas 20 000 toneladas de azúcar, relativamente poco, porque los ingenios eran básicamente trapiches que no producían azúcar todos los días.

A finales del siglo XIX y principios del XX, los ingenios existentes empiezan a modernizarse y tecnificarse. Para 1920 se produce azúcar de pan y panela con modernas maquinarias en Palmira, Hacienda San José y Hacienda Santa Gertrudis; en Pradera, El Arado y Corozal; en Florida, La Industria y Perodías; en Corinto, La Elvira, Mendiola y La Siberia; en Caloto, Japio; y en Guachinte, El Nilo.

En 1927, con la recomendación de impulsar el desarrollo agroindustrial en el Valle hecha por la Misión Inglesa y, especialmente en 1929, cuando la Misión Puertorriqueña Chardón recomendó la expansión del cultivo de la caña y la tecnificación de la industria a ella asociada, las tierras cultivadas con caña aumentaron.

Para 1930 sólo había tres ingenios en el Valle del Cauca: Manuelita, Providencia y Riopaila; desde esos años la industria azucarera empezó a expandirse en la región hasta completar 22 ingenios. Entre 1920 y 1930 se establecieron los ingenios Sautatá, Cachipay, San Antonio, Mave, Payande y Consacá, Bomboná, Chalguayaco, Ortega y Salinas.

Entre 1930 y 1939 aparecieron los ingenios Bengala, Perodias, La Industria, María Luisa y Mayagüez. Entre 1940 y 1942 surgieron Sancarlos, Pichichí, Oriente, Papayal, La Esperanza, El Arado, Central Castilla, Carmelita, El Porvenir, Meléndez, San Fernando y Central del Tolima.

En la década del treinta, la producción azucarera se duplicó (de 14 052 pasó a 29 271 toneladas) en las décadas de los cuarenta y cincuenta se triplicó, pasando de 40 086 a 140 608 toneladas de azúcar.

Una consecuencia del aumento del cultivo de caña a partir de 1959 fue el triunfo de la Revolución cubana. Esto prácticamente cerró el mercado estadounidense a Cuba, porque se abrió un nuevo mercado para los ingenios azucareros.

Hoy en día, solo hay doce ingenios y 241 205 hectáreas sembradas en caña de azúcar, de las cuales, el 25 % corresponde a tierras propias de los ingenios y el restante 75 % a más de 2 750 cultivadores de caña.

Termino diciendo que, si se piensa llegar a la sustitución de petróleo como combustible, se debería incrementar su cultivo para la producción de alcohol carburante. Además, los ingenios en turbogeneradores eléctricos generan 1 615 GWh de energía eléctrica, a partir del bagazo de la caña, suficiente para abastecer una ciudad de un millón de habitantes.

Los ingenios generan el 31.9 % del PIB del Valle. Segun Fedesarrollo, se generan 286 mil empleos directos e indirectos. 65 de cada 100 familias, de los 50 municipios cañicultores, están vinculados económicamente con la agroindustria cañicultora, de manera directa, indirecta o inducida. Muchos municipios en el Valle, Cauca, Risaralda viven prácticamente de los ingenios.

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