La OCDE advierte que la guerra en Medio Oriente amenaza el crecimiento global y podría desencadenar una nueva crisis energética
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) alertó que la escalada del conflicto en Medio Oriente se ha convertido en el principal factor de riesgo para la economía mundial. Según su más reciente informe de perspectivas económicas, las interrupciones en la producción y exportación de energía están generando presiones inflacionarias, debilitando el crecimiento económico y aumentando la incertidumbre global. El organismo presentó dos escenarios posibles para los próximos años, ambos marcados por un impacto significativo sobre los mercados energéticos, la inflación y la actividad productiva mundial.
La economía global enfrenta uno de sus momentos más delicados desde la crisis inflacionaria que siguió a la pandemia y a la guerra en Ucrania. Así lo señala la más reciente edición del informe Economic Outlook de la OCDE, que identifica al conflicto en Medio Oriente como el principal elemento que está alterando las perspectivas de crecimiento para 2026 y 2027.
El organismo internacional advierte que las tensiones en la región, especialmente en los países del Golfo Pérsico, están provocando una nueva sacudida en los mercados energéticos internacionales, con efectos que ya comienzan a sentirse en los precios de la energía, los alimentos y múltiples cadenas de suministro.
“La economía mundial entró en 2026 con un impulso sólido, pero las perspectivas se han debilitado significativamente desde el inicio del conflicto en Medio Oriente”, afirmó el secretario general de la OCDE, Mathias Cormann.
Según el informe, la duración del conflicto será determinante para establecer la magnitud de sus consecuencias económicas. Cuanto más prolongadas sean las interrupciones en la producción y exportación de energía, mayores serán los costos económicos y sociales para países desarrollados y emergentes.
Dos escenarios para una economía mundial bajo presión
Debido a la incertidumbre sobre la evolución del conflicto, la OCDE elaboró dos escenarios principales. El primero, denominado “interrupción temporal”, contempla una reducción progresiva de las tensiones y una recuperación gradual de la producción energética en los países del Golfo a partir de mediados de 2026. En este caso, las perturbaciones disminuirían paulatinamente y permitirían una recuperación moderada de la economía global.
Bajo esta hipótesis, el crecimiento mundial pasaría del 3,4% registrado en 2025 a 2,8% en 2026. Posteriormente, se recuperaría hasta alcanzar el 3,1% en 2027.
El segundo escenario, mucho más preocupante, es el de “interrupción prolongada”, en el que las restricciones a la producción y exportación de energía se extenderían hasta bien entrado 2027.
En este caso, los precios del petróleo y del gas permanecerían elevados durante un periodo prolongado, aumentando el riesgo de escasez energética, afectando los mercados financieros y generando consecuencias más profundas sobre la economía mundial.
De concretarse esta situación, el crecimiento global se reduciría hasta el 2,1% en 2026 y apenas alcanzaría el 1,8% en 2027.
Estados Unidos, Europa y China también sentirán el impacto
La OCDE señala que ninguna gran economía escapará a las consecuencias de la crisis energética.
En el escenario más favorable, Estados Unidos crecería un 2,0% durante 2026 y un 1,8% en 2027. La zona euro mantendría un crecimiento modesto de apenas 0,8% en 2026, con una leve recuperación hasta el 1,2% al año siguiente.
China, motor fundamental de la economía mundial durante las últimas décadas, también experimentaría una desaceleración. Su crecimiento se ubicaría en 4,5% en 2026 y descendería hasta 4,3% en 2027.
Sin embargo, bajo el escenario de una interrupción prolongada, las consecuencias serían mucho más severas, especialmente para Europa, Asia y los países en desarrollo que dependen en gran medida de las importaciones energéticas y son más vulnerables a los aumentos en los precios de los alimentos.
El regreso de la inflación preocupa a los mercados
Uno de los aspectos que más inquieta a la OCDE es el resurgimiento de las presiones inflacionarias. La crisis energética está impulsando el aumento de los precios de las materias primas y generando efectos indirectos sobre numerosos sectores económicos.
Los costos de producción agrícola, transporte, manufactura y logística ya comienzan a reflejar el impacto de los mayores precios de la energía. De acuerdo con las proyecciones del organismo, la inflación promedio en las economías del G20 pasará de 3,4% en 2025 a 4,0% en 2026 bajo el escenario de interrupción temporal.
Posteriormente, disminuiría hasta 3,1 % en 2027, siempre y cuando las tensiones energéticas cedan. No obstante, si el conflicto se prolonga, la inflación podría alcanzar niveles considerablemente superiores, obligando a gobiernos y bancos centrales a adoptar medidas más restrictivas.
Bancos centrales ante un difícil equilibrio
La OCDE considera que las autoridades monetarias deberán actuar con cautela. Aunque el aumento de precios está impulsado principalmente por restricciones de oferta energética y no por un exceso de demanda, los bancos centrales tendrán que vigilar atentamente la evolución de las expectativas inflacionarias.
Si las presiones de precios se extienden a otros sectores de la economía o si la inflación se consolida en niveles elevados, podrían ser necesarias nuevas intervenciones mediante aumentos de tasas de interés.
Sin embargo, el organismo advierte que una política monetaria excesivamente restrictiva también podría profundizar la desaceleración económica global.
El desafío fiscal para los gobiernos
Los gobiernos enfrentan simultáneamente mayores demandas de gasto público y la necesidad de preservar la sostenibilidad de sus finanzas.
La OCDE recomienda que cualquier apoyo estatal destinado a mitigar el impacto del aumento de los precios energéticos sea focalizado y temporal. Según el informe, las ayudas indiscriminadas podrían incrementar los niveles de deuda pública y reducir los incentivos para ahorrar energía o mejorar la eficiencia energética.
Además, el organismo insiste en la necesidad de implementar reformas estructurales orientadas a fortalecer la productividad, mejorar el clima de inversión y aprovechar tecnologías emergentes como la inteligencia artificial.
Una advertencia sobre la dependencia energética
El economista jefe de la OCDE, Stefano Scarpetta, destacó que la crisis actual evidencia la vulnerabilidad que aún tienen muchas economías frente a los combustibles fósiles importados.
Aunque los gobiernos cuentan con herramientas para proteger temporalmente a los hogares más vulnerables y a las pequeñas empresas, el experto considera que la solución de largo plazo pasa por reducir la dependencia energética externa.
Entre las recomendaciones del informe se encuentran acelerar la diversificación de las fuentes de energía, aumentar la eficiencia energética y fortalecer las inversiones en tecnologías que reduzcan la exposición a futuras crisis internacionales.
Un conflicto con consecuencias globales
La OCDE concluye que el conflicto en Medio Oriente ya está teniendo efectos que trascienden ampliamente las fronteras de la región.
Lo que comenzó como una crisis geopolítica se ha transformado en un factor determinante para la economía mundial, afectando la inflación, el crecimiento, el comercio y las finanzas internacionales.
Mientras persista la incertidumbre sobre la evolución del conflicto, los mercados continuarán observando con atención cualquier señal que permita anticipar el rumbo de la economía global durante los próximos años.
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