Gibraltar y España eliminan sus controles fronterizos y cierran el último capítulo del Brexit
La Verja, el paso que durante casi tres siglos separó al territorio británico de ultramar del sur de España, dejó de operar este miércoles tras la firma de un tratado entre la Unión Europea y el Reino Unido. El acuerdo suprime las revisiones rutinarias para los cerca de 15.000 trabajadores que cruzan a diario y traslada los controles migratorios al aeropuerto y al puerto del Peñón.
Gibraltar amaneció este miércoles sin la barrera física que lo separaba de La Línea de la Concepción. La entrada en vigor del tratado suscrito un día antes en Bruselas puso fin a los controles fronterizos terrestres entre el territorio británico de ultramar y España, tanto para personas como para mercancías, y resolvió el último asunto pendiente derivado de la salida del Reino Unido de la Unión Europea.
Seis años de negociación
El texto fue rubricado en la capital comunitaria por el comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic; el ministro británico para Europa, Stephen Doughty; el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, y el ministro principal de Gibraltar, Fabián Picardo. La firma llegó después de más de seis años de conversaciones iniciadas tras el Brexit, un proceso que se prolongó por las diferencias sobre quién debía ejercer el control migratorio en el enclave.
El resultado sitúa a Gibraltar, en la práctica, dentro del espacio Schengen de libre circulación, pese a que el Reino Unido no forma parte de ese sistema. La fórmula acordada desplaza las verificaciones desde la línea terrestre hacia los puntos de entrada aérea y marítima del territorio.
Cómo funcionarán los controles
Los viajeros que lleguen al aeropuerto o al puerto de Gibraltar serán sometidos a un doble control: primero por parte de las autoridades locales y, después, por agentes de la Policía Nacional española, encargados de aplicar las normas de entrada al espacio Schengen. El esquema se asemeja al que rige en las estaciones del Eurostar en Londres y París, donde funcionarios británicos y franceses revisan la documentación en un mismo recinto.
En el paso terrestre desaparecen las colas que durante décadas marcaron la rutina de los trabajadores transfronterizos. Según las cifras manejadas por ambos gobiernos, alrededor de 15.000 personas —en su mayoría residentes en el Campo de Gibraltar— cruzan cada jornada hacia el Peñón, y constituyen cerca de la mitad de la fuerza laboral del territorio.
Una economía dependiente del paso diario
La ausencia de acuerdo habría implicado una frontera exterior con controles completos de pasaporte, escenario que las autoridades gibraltareñas advirtieron que representaba un riesgo económico considerable para un territorio de dimensiones reducidas y fuertemente dependiente de esa mano de obra.
El tratado, sin embargo, no aborda la disputa de fondo sobre la soberanía del Peñón, cedido a la Corona británica en 1713 mediante el Tratado de Utrecht y reclamado desde entonces por España. Los negociadores mantuvieron ese asunto fuera del texto y limitaron su alcance a la movilidad, las mercancías y la cooperación aduanera.
La aplicación del acuerdo comenzó de manera inmediata. Las próximas semanas permitirán medir el funcionamiento real del nuevo esquema de controles compartidos y su efecto sobre los tiempos de tránsito en el aeropuerto del territorio.
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