El brote de ébola en la República Democrática del Congo supera las 600 muertes y avanza sin control
La Organización Mundial de la Salud advierte que la epidemia, causada por una cepa sin vacuna aprobada, ya es la tercera más grande de la historia y podría ser hasta cuatro veces mayor de lo que reflejan las cifras oficiales.
La epidemia de ébola que golpea a la República Democrática del Congo se ha convertido en una de las más severas registradas hasta la fecha. Según los datos difundidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), hasta ahora, el país había contabilizado 1.792 casos confirmados y 625 muertes relacionadas con la enfermedad, un balance que incrementó en 33 contagios y 25 fallecimientos respecto al reporte previo. Las autoridades sanitarias describen un brote que avanza con mayor rapidez que episodios anteriores.
La provincia de Ituri, en el noreste del país, continúa como el epicentro de la crisis. Allí se concentran 1.631 casos y 535 muertes, distribuidos en 25 de las 36 zonas de salud del territorio. Sin embargo, la enfermedad ha dejado de circular únicamente en ese foco: se han notificado nuevos contagios en la provincia de Kivu del Norte, así como casos sospechosos en Tshopo y Haut-Uele, lo que confirma su expansión geográfica.
Uno de los factores que más preocupa a los organismos internacionales es el origen del brote. A diferencia de epidemias previas, esta está provocada por el virus de la especie Bundibugyo, para la cual no existen vacunas autorizadas ni tratamientos aprobados de forma específica. Los medicamentos y las vacunas desarrollados en la última década fueron certificados frente a la cepa Zaire, distinta a la que circula actualmente, lo que ha limitado las herramientas disponibles para contener la transmisión. La OMS y sus socios apoyan una investigación acelerada para evaluar candidatos experimentales.
La magnitud real de la emergencia podría ser todavía mayor. Un alto funcionario de la OMS advirtió que cuatro de cada cinco nuevos casos en algunas áreas no presentan un vínculo conocido con pacientes previos, una señal de que la cadena de contagios circula en buena parte de manera invisible para el sistema de vigilancia. Bajo ese escenario, el organismo estima que la dimensión del brote podría ser entre dos y cuatro veces superior a la que reflejan los registros oficiales.
El brote fue confirmado en mayo de 2026 en la República Democrática del Congo y en la vecina Uganda. El 16 de mayo, la OMS lo declaró emergencia de salud pública de importancia internacional, la máxima categoría de alerta prevista en el reglamento sanitario mundial. Desde entonces, distintas organizaciones humanitarias han desplegado equipos de respuesta en la región para reforzar el rastreo de contactos, la atención a los enfermos y la sensibilización de las comunidades.
Las condiciones en el terreno complican la contención. La inseguridad en el este del país, la debilidad de la infraestructura sanitaria y la desconfianza de parte de la población hacia las intervenciones externas figuran entre los obstáculos que, según los especialistas, dificultan frenar una enfermedad con una elevada tasa de letalidad. Los organismos multilaterales insisten en que la ventana para evitar una propagación regional se estrecha con cada semana.
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