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Medellín redefinió su ruralidad con ajustes al POT y abrió nuevas oportunidades de desarrollo sostenible

Tras un proceso de concertación con autoridades ambientales, Medellín avanza en la revisión de su Plan de Ordenamiento Territorial (POT), incorporando cambios que impactarán directamente el desarrollo del suelo rural, la protección ambiental y las condiciones de vida de las comunidades campesinas.

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Medellín redefinió su ruralidad con ajustes al POT y abrió nuevas oportunidades de desarrollo sostenible

Una transformación significativa comienza a tomar forma en el territorio rural de Medellín. La revisión de mediano plazo del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) no solo introduce ajustes técnicos, sino que plantea una nueva visión sobre el uso del suelo, el crecimiento de los corregimientos y la sostenibilidad ambiental en cerca del 70 % del territorio de la ciudad.

El proceso, adelantado en concertación con Corantioquia, permitió definir acuerdos clave que orientarán el desarrollo rural en los próximos años. Entre los avances más relevantes se encuentra la evaluación de aproximadamente 515 actividades permitidas en el suelo rural, con el objetivo de establecer condiciones más claras para su implementación y mitigar impactos negativos como el ruido, las emisiones atmosféricas y los olores.

De acuerdo con la directora del Departamento Administrativo de Planeación, Luz Ángela González Gómez, este ejercicio permitió construir consensos en torno a aspectos estratégicos. “La concertación con Corantioquia nos permitió construir acuerdos sobre nueve asuntos estratégicos ambientales y rurales que orientan el desarrollo de cerca del 70 % del territorio de Medellín que corresponde al suelo rural”, señaló la funcionaria, quien además destacó la importancia de fortalecer los corregimientos y proteger la vocación agropecuaria del territorio.

Uno de los puntos centrales de la revisión es la actualización de cerca de 30 determinantes ambientales que inciden en la definición de las áreas de actividad del suelo rural y en el potencial de viviendas permitidas. Estos ajustes buscan garantizar un desarrollo más seguro frente a amenazas naturales, al tiempo que promueven un equilibrio entre crecimiento urbano y conservación ambiental.

En materia de vivienda, el nuevo enfoque introduce cambios relevantes en la densidad habitacional. Se permitirá la construcción de viviendas en zonas agroforestales —que representan cerca del 33 % del suelo rural— siempre que estén vinculadas a actividades productivas del campo. Esta medida busca fortalecer la economía campesina, incentivar el autoconsumo y mejorar la seguridad alimentaria de las familias rurales.

Además, el POT revisado amplía las oportunidades económicas en el campo al permitir el desarrollo de actividades complementarias como el turismo rural, la transformación de productos agrícolas, los mercados campesinos y propuestas educativas y culturales compatibles con la vocación del territorio. Estas alternativas no solo diversifican los ingresos de las comunidades, sino que también promueven un modelo de desarrollo más integral.

Otro de los aspectos destacados es la consolidación ordenada de centros poblados rurales en sectores como Pajarito, Llano, La Loma y Pedregal Alto, en San Cristóbal, así como Corazón El Morro en Altavista. Estas zonas, que cuentan con condiciones adecuadas de servicios públicos, podrán incrementar su capacidad de vivienda en aproximadamente un 15 %, lo que permitirá un crecimiento más planificado y sostenible.

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