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(OPINIÓN) La línea divisoria entre la bondad y la maldad es cada vez más difusa. Por: Marta Palacio

Gente buena, que en nombre del bien hace mucho daño, con juzgamiento e hipocresía. Gente que en nombre del mal destapa la maldad y la hipocresía de los que obran mal en nombre del bien.

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Redacción IFM
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La línea divisoria entre la bondad y la maldad es cada vez más difusa. Por: Marta Palacio


Gente buena, que en nombre del bien hace mucho daño, con juzgamiento e hipocresía.
Gente que en nombre del mal destapa la maldad y la hipocresía de los que obran mal en nombre del bien.

¿Por qué un ser humano hace el mal? El ser humano Nace bueno, pero la sociedad lo corrompe, el principio de la reproducción es el AMOR, pero utilizamos el egoísmo para tener sexo sin amor.

El Amor ha ido perdiendo su fortaleza en los laberintos del desmedido apego al cuerpo físico, lo que lleva al desorden en la crianza de los hijos, los cuales se ven sometidos a situaciones muy por encima de su capacidad de defensa.

Padres exigentes o ausentes, disciplina o descuido. El Amor y el Respeto entre padres e hijos es lo que todos queremos, esperamos y deseamos.

La realidad es que no hay padres perfectos, ni hijos perfectos, lo que nos ha llevado, como seres humanos, a tener una serie de resentimientos. ¿De quién es la culpa? ¿De papá, de mamá, del hijo? ¿Del maestro? ¿De la sociedad?

Cada uno puede superar sus miedos, sus rencores, sus comparaciones, sus dificultades.
Guardar dolor es lo que hemos hecho durante todo el tiempo. ¿Para qué?
ES MI DOLOR! Y cada dolor se multiplica de acuerdo a la atención que le damos.

El dolor lleva al resentimiento. El resentimiento lleva a la venganza. La venganza lleva a «encontrar formas de hacer el mal». Desde el más sutil dolor, hasta la venganza más despiadada.

¿Contra quién? Al principio, contra uno mismo, por no haberse podido defender.
Y empieza a escalar, contra lo y los que se pueda. Los más pequeños e indefensos, ahora lo llaman Bullying.

Hacer sentir mal a los demás, porque yo me siento mal y no me puedo defender.
A veces se crece con un sentimiento sano, pero los demás le van haciendo «ver» que hay que hacer lo que sea para destacarse, y la mejor manera es haciendo lo prohibido.
Adrenalina.

Y se juntan el resentimiento y la adrenalina!! Cuando crece, en la adolescencia, se va afianzando la «independencia», y si no hay buena guía y disciplina, el resentimiento se hace mucho más evidente. Y si hay disciplina, ésta se convierte en el impedimento para la libertad deseada y empieza la «rebeldía».

Y el mundo actual les ofrece un abanico de opciones para desahogar sus frustraciones.
A veces pasa desapercibido, pero a veces lo descubren y vienen los controles.
Familia, escuela o ley.

O si es muy por fuera de la ley, los compañeros no perdonan fácil.
Muchos adolescentes caen por «meterse más allá de sus capacidades de hacer el mal».
Otros adolescentes se dedican a estudiar, superando todas las dificultades del crecimiento, estudian y trabajan, son responsables por si mismos y se dejan cuidar y cuidan a su familia.


¿Cuál es la diferencia?
El SER.
El que no guarda resentimiento.
El que comprende y agradece los esfuerzos de sus mayores para ayudarle a crecer.
El que valora su propia vida.
El que se reconoce como ser capaz.
El que, independiente de las circunstancias, se valora a sí mismo.
El que reconoce que la vida le da HERRAMIENTAS para que viva bien.
El que sabe que no es más ni menos que nadie.


Y que los que le hicieron daño, no merecen que se maltrate a si mismo para darles gusto.
Así que decide CRECER como persona, trabajar en sí mismo la disciplina y el proceso de aprendizaje lo hace propio. Haga lo que haga, lo hará bien, paso a paso.
Algunos caerán en la codicia, que no es más que insuficiencia en sus propias capacidades para hacer su propio patrimonio.


Se salta los escalones de su crecimiento personal y se hunde en la vorágine de la delincuencia. Entonces, ¿cuál es la línea entre la bondad y la maldad?

El ser humano, el que se cuida a sí mismo, como ser íntegro, y busca siempre el bien común.

BONDAD

El que entra en una serie de resentimientos y sólo busca su propia satisfacción.

MALDAD.

Pero estamos mezclados, mimetizados, en todas las actividades de los seres humanos.
Desde el que trabaja en la tierra hasta los que buscan vida más allá de las estrellas.
Familia, escuela, trabajo. Vida en comunidad.
Pero sobretodo en la ciencia, la moral, la economía, la ley, el Gobierno.
La línea sigue muy difusa, porque el ser humano no es transparente y oculta su verdadero ser interior. Lo llamamos mentira.

Una máscara que hace mucho daño al que la produce. Es la oscuridad en el ser.
Por fuera se ve «normal» pero por dentro está viviendo un caos personal y causa mucho dolor a quienes están bajo su influencia.

Todo porque elige guardar dentro de sí muchos resentimientos, porque no supo defenderse ni perdonar cuando alguien le causó dolor. Y se convirtió en «maestro de dolor»
Multiplica su dolor, causando dolor a todos los que puede.

Desde desprecio, robos, violaciones, secuestros, violencia a sus seres queridos, asesinatos.
Se camuflan en el poder, porque encuentran muchos en iguales circunstancias, es decir, se apoyan unos a otros.

Se conocen, se identifican, se asocian y se impulsan en crecer en poder y manejo de los inocentes que no saben cómo defenderse, y muchas veces los obligan a seguirlos en su carrera por obtener poder sobre los demás.

Con cara de adalides de la justicia, se van apoderando de todos los estamentos de la sociedad, para poder sentirse «importantes y reconocidos», pero sobretodo por ser «ricos».
Porque el poder económico les da armas para dominar a los demás. Ésto sucede en todas las actividades de la sociedad.


¿Quién sufre más?

Los inocentes y sanos o los «delincuentes disfrazados»
La verdad es que los «delincuentes» han perdido mucho más.
Su propio Ser está herido. Es como una enfermedad que empezó hace mucho tiempo y lo carcome por dentro. Sus pesadillas son constantes, su miedo se hace insoportable, su resentimiento se vuelve contra sí mismo, y sus relaciones son compradas o vendidas
No hay nada sano en sí mismo. Sus fantasias son inútiles y temporales. Sabe, es consciente, de que alguien o algo lo va a parar pronto.

Y teme mucho a la muerte, aunque no crea, porque de lo único que es consciente es que la debe toda. Y va a pagar pronto.
Entretanto, los «inocentes» están trabajando constantemente para dar de sí mismos su aporte para SANAR La COMUNIDAD.

Porque, LOS BUENOS SOMOS MÁS Impezaperdón

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