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(OPINIÓN) Amor y odio. Por: Marta Palacio

El Amor y el odio están conectados en un hilo muy delgado, un error de amor desata una reacción de desconcierto, ansiedad, temor, tal vez miedo y rencor. Como no se soluciona rápido, empieza a generar sufrimiento y con el tiempo se convierte en odio.

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Redacción IFM
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Amor y odio. Por: Marta Palacio

El Amor y el odio están conectados en un hilo muy delgado, un error de amor desata una reacción de desconcierto, ansiedad, temor, tal vez miedo y rencor. Como no se soluciona rápido, empieza a generar sufrimiento y con el tiempo se convierte en odio.

El odio es por lo tanto un amor traicionado. Mientras no se reconozca el error del amor, el odio irá creciendo sin control, muchas veces contemplando deseos de venganza.

La venganza demuestra la «necesidad íntima» de hacerle ver al amor que se equivocó. ¿Quién se siente mal? El odio, que no logra aplacar su intensidad ¿Cómo podría? Está pidiendo «justicia».

«Amor, te equivocaste conmigo, debes pagar por ello». Entonces cae en cuenta que, en medio de su propio dolor, se olvidó de que también le faltó el amor.

Porque el amor es un sentirse parte de algo mucho más grande, de realización conjunta.
Y en medio de su dolor, no se dió cuenta que el amor también le faltaba a quien le hizo daño.

Le puso al amor la imagen de la persona, en la que confiaba, aquella que tampoco conocía bien al amor, y con su propio dolor de amor, le causó daño.

A pesar del amor que los unía, pero el hilo no se rompió. Sólo se extendió, estiró y la guía de regreso está ahí, tensa, pero está.

¿Cómo se recupera el amor, desde el más profundo odio? Entendiendo la complejidad del dolor que nos embarga a todos.

Alguien recupera el amor desde la compasión, otro desde la sinceridad, uno más desde la necesidad de regresar, desde escuchar al otro, algunos desde lo más importante, conveniente, y hasta desde los intereses comunes.

Pero en todos los casos de recuperación del hilo que los separa, darse cuenta que no es un hilo unidireccional, sino que tiene muchos hilos, tal como una red, parecida a una telaraña.
Así, la tarea de recuperación necesita algo más ingenioso, pero efectivo. Sanar dentro de uno mismo.

Si, uno mismo es el más importante. El que toma la decisión de «recuperar la cordura» porque, todos nos hemos perdido del amor. Nos hemos agotado de rencor y sufrimiento.
Reconocer que no es personal el odio, el rencor, el miedo, los deseos de venganza, la ira, el sufrimiento.

Es un inmenso mar de incertidumbre para todos. ¿Cómo salir de ahí? Dándose cuenta de que está ahí, metido, desde hace mucho tiempo, y necesita salir.

¿El dolor es personal? Mira alrededor, quien te causó dolor entró en la telaraña antes que tú, y cuando uno está dentro de la telaraña del miedo, no ve con claridad, agrede porque se está defendiendo.

Nada de lo que uno sabe le previno del dolor, así que se sintió impotente para defenderse. Y los casos se multiplicaron sin control. Ahora el dolor se convirtió en odio hacia todo y todos, y uno es víctima de todo y de todos. Y de refilón se convirtió en victimario.

Si. De pronto empezó a reaccionar y su dolor se convirtió en motivo para castigar a todos los que se atravesaron en su camino. Multiplicando los hilos de su propia red. ¿Yo? Si.

¿Tengo razón? Lo que tienes es dolor ¿Cómo salgo de ahí? Sanando tu propia vida ¿Cómo?
Te cuento una historia.

Hace tiempo, cuando me dí cuenta de que todos estábamos en la red, haciéndonos daño unos a otros, daños muy grandes, y no encontré respuestas en las creencias de tipo religiosas, un día dije, veo que todo el mundo está buscando a Dios, pero como que nadie lo ha podido encontrar.

Así que me voy a limpiar para que él me encuentre, que él si sabe dónde estoy yo.
No tengo nada inteligente que decirle a Dios. Voy a dejar de pensar y me dí cuenta de que seguía pensando. Si yo no estoy pensando, ¿quién está pensando por mí?

Encontré muchas voces. Todas con dolor y miedo. Al escuchar, me dí cuenta que estaban «muertas, pero vivas».

Así que les puse atención. Descubrí que son las «vidas anteriores de mi propia Alma».
Junto con mi mamá y mi esposo, y algunos amigos, empezamos a hacerles ver que estaban vivas, pero sus cuerpos murieron hace mucho tiempo y les hablamos del perdón.

Que tenían derecho al Perdón, un día me sentí en la presencia de Dios, me mostró que es Padre – Madre Creador de todo lo que existe.


Así que le pedí algo, le pedí PERDÓN para todos los seres vivos, con cuerpo y sin cuerpo físico. Si, todos los seres que han existido en el planeta tierra, desde que se creó.

Le dije: hemos cometido muchos errores, porque no sabíamos, no teníamos claridad en lo que somos, como existimos, por qué el dolor y el miedo, y aunque tenemos el Amor, no lo hemos entendido.

Así que nos dió un regalo: IMPEZÁ.
Viene en forma de una esferita de color amarillo dorado, llena de estrellitas plateadas.
Esferita, porque no tiene límites. Sólo tiene una condición, está sometida al libre albedrío, no entra a la fuerza, debe ser aceptada.

Llega por el canal de la vida, cada uno la recibe y se siente perdonado por Dios, Padre-Madre Creador. Se perdona a sí mismo, perdona y pide perdón a todos los seres con los que tuvo que ver en su existencia.

Nosotros, aquí, hacemos lo mismo. Recibimos la esferita y la activamos con nuestra decisión de sentirnos perdonados, perdonarnos, pedir perdón y perdonar. Poco a poco vamos «Despertando» de tanto dolor acumulado.

Y nos vamos sanando, mientras los muertecitos, vidas anteriores de nuestra alma, van despertando y elevando su vibración.


Poco a poco vamos deshaciendo la red que se construyó por millones de seres que estábamos buscando el amor, pero nos enredamos en una telaraña y no nos habíamos dado cuenta. Empezamos a sanar nuestra vida y la de todos los que nos escuchan.

Algún día lograremos encontrar EL AMOR.

Padre- Madre Creador nos espera

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