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La casa es la que nos dá refugio

Hay una casa que se construyó en tiempos de la conquista. Han vivido muchas generaciones, han traído nueras y yernos de otras tierras, pero siempre ha pertenecido a los de la misma familia, así que todos viven y mueren en ella

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Redacción IFM
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IFM Noticias

Por: Marta palacio

Hay una casa que se construyó en tiempos de la conquista. Han vivido muchas generaciones, han traído nueras y yernos de otras tierras, pero siempre ha pertenecido a los de la misma familia, así que todos viven y mueren en ella. Aquí se vivió la esclavitud, al principio como esclavos, luego se fueron integrando a la familia, igual que los nativos y los extranjeros que llegaron y se quedaron. Nos trajeron idioma, cultura y creencias, aunque se llevaron algunas riquezas, llegó el momento, difícil por cierto, de cortar lazos y lograr la independencia. Somos los que quedamos.

En la casa hay de toda clase de descendientes, y cada uno desarrolla su supervivencia.

Así que nos organizamos, para poder vivir tantos en una casa, es necesario.

Unos se encargan de la comida, otros de mejorar la casa, otros cuidan a los enfermos, otros trabajando para llevar el mercado, otros el agua, la energía para cocinar y claro, una persona para que dirija todo, ayudado por los que cuidan del comportamiento, otros del recaudo y su distribución para mejorar la vida de todos en casa, otros de la educación, otros de descubrir los talentos y darle color y música a la casa, otros de los deportes, y muchos de hacer vestidos y zapatos para tantos.

Algunos se encargan de la moral, otros de controlar el desorden.

Así hemos vivido por muchos años, con el relevo de las generaciones.

En ocasiones hubo problemas con los vecinos, pero los afrontamos y salimos adelante.

El mayor problema siempre ha estado en la administración de la casa, porque hay injusticias, pero también con la justicia y el control de los desórdenes. todos los demás hacen sus deberes juiciosos.

Unos de los jóvenes se empezaron a rebelar, porque los administradores no eran justos, y a veces hacían cosas muy injustas, entonces se fueron a los sitios más apartados de la casa, decididos a plantear su enojo. Pero se pusieron violentos, porque los de la casa seguían como si nada.

Otros encontraron negocios que no se aceptan en casa, por ser nocivos para la salud, la convivencia, entonces negociaron con otras casas que si estaban interesados.

Y consiguieron dinero, pero sin contar ni contribuir a la casa, por lo que no se considera amistoso ni familiar.

Todos en casa siguen trabajando en sus ocupaciones, tranquilos, están cumpliendo con su deber.

Los administradores se encargan del resto.

Hasta que un día llega uno de los hijos de la casa, con unas ideas de que él sí va a administrar bien. Para todos.

Y algunas personas le creyeron, otras se dieron cuenta de que no tenía madera para organizar toda la casa. Y trajo unos amigos que no sabían nada de administración. Pero sí tenía amigos de otras casas, que en realidad se ven sucias y desordenadas y las personas allá no tienen como conseguir lo básico para la casa y la familia.

A pesar de la desconfianza, llegó a administrar. Y dijo: voy a recoger a los que están relegados en la casa, yo los entiendo, porque soy uno de ellos.

Pero no contaba con que ellos se acostumbraron a vivir en las sombras de la casa y no entienden a los que trabajan con regularidad.

Entonces decide ir desocupando la casa, mermando los recursos de todos, porque sus amigos de otras casas ya lo hicieron y muchos se fueron voluntariamente a otras casas a trabajar para su sustento.

Así que piensa que es mejor que desocupen rápido.

Y acelera todo para lograrlo, no demorarse tanto como las otras casas. Pero no contaba con que los rebeldes no le aceptan su mano tendida, porque no les gustan sus propuestas, así que se le ponen en contra también.

Lo único que todos en casa ven es que con tanto movimiento de las cosas, van saliendo de los rincones aquellos que por mucho tiempo habían traicionado la administración de la casa, por lo que no rendía lo que todos trabajan día a día, cada uno construyendo con una parte de su esfuerzo para la administración de la casa.

El trasteo comenzó.

Pero la casa continua para las próximas generaciones, así que los habitantes de la casa  deciden si están de acuerdo con el nuevo administrador y sus colaboradores.

En una casa tan antigua, al mover todo, salen ratas, alacranes y toda clase de alimañas que no se ven a la luz del día. Pero se alimentan de lo que cada uno produce.

Este es un cuento para pensar.

La casa es la que nos dá refugio.

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