La caída de la inversión en China se acelera y agrava el temor a un estancamiento prolongado
La inversión en activos fijos del gigante asiático se contrajo un 4,1% entre enero y mayo de 2026, el doble de lo previsto por el mercado, arrastrada por un desplome del 16,2% en el sector inmobiliario que ya suma cinco años de crisis.
La segunda economía del mundo mostró nuevas señales de debilidad interna. Los datos oficiales más recientes revelaron que la inversión en activos fijos de China retrocedió un 4,1% interanual en el período de enero a mayo de 2026, una cifra que superó ampliamente las expectativas de los analistas, quienes anticipaban una contracción cercana al 2%. El registro confirmó una tendencia de deterioro acelerado, después de que el indicador pasara de un modesto crecimiento del 1,7 % en el primer trimestre a una caída del 1,6% en el acumulado de enero a abril.
El principal lastre continuó siendo el sector inmobiliario. La inversión en desarrollo de vivienda cayó un 16,2% en los primeros cinco meses del año, un descenso más pronunciado que el 13,7% registrado hasta abril. El mercado de la propiedad atraviesa su quinto año consecutivo de contracción y, desde su punto máximo en 2021, la inversión inmobiliaria se ha reducido casi a la mitad. La mayoría de los indicadores de actividad del sector, como el inicio de nuevas obras y las ventas de vivienda, se sitúan entre un 50% y un 80% por debajo de los niveles alcanzados durante el auge de 2020 y 2021.
El debilitamiento se extendió a otros ámbitos de la economía. La inversión en el sector primario moderó su expansión al 5,9%, frente al 10,1% previo, mientras que la del sector secundario prácticamente se estancó, con un avance de apenas el 0,1%. El sector terciario, que agrupa a los servicios, profundizó su retroceso hasta el 6,8%. El gasto en infraestructura, sostenido por el impulso estatal, no logró compensar el arrastre generado por la propiedad.
Estos resultados contrastan con el dinamismo del comercio exterior, uno de los pocos motores que ha mantenido el pulso de la economía china. En el primer trimestre del año, el producto interno bruto creció un 5 % interanual, en el extremo superior de la meta oficial fijada entre el 4,5% y el 5%, impulsado por un fuerte incremento de las exportaciones. Sin embargo, la persistente debilidad de la demanda interna y del consumo doméstico plantea dudas sobre la sostenibilidad de ese crecimiento.
La combinación de una inversión en descenso, una crisis inmobiliaria prolongada y un consumo que no repunta configura un panorama de incertidumbre para las autoridades de Pekín, que enfrentan además presiones comerciales externas. El deterioro de la inversión no solo afecta al crecimiento, sino que debilita el empleo vinculado a la construcción y erosiona la confianza de hogares y empresas, factores que podrían prolongar el estancamiento en los próximos meses.
Los analistas advierten que, sin un repunte del consumo interno, la economía china seguirá dependiendo en exceso de sus exportaciones, una estrategia vulnerable ante un entorno global marcado por tensiones arancelarias y el reacomodo de las cadenas de suministro.
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