El Ministro Ordoñez
Por: Héctor Quintero Arredondo
Pocas veces ha existido tanta expectativa por el nombramiento de un ministro como en el caso de Alejandro Ordoñez, ahora designado como nuevo titular del ministerio del interior.
Me referiré al asunto separando el tema en dos segmentos. En primer lugar, escribiré sobre la personalidad pública del señor Ordoñez y luego me ocuparé del entorno usual en que se mueven los ministros del interior.
El señor Ordoñez tiene todo el derecho a profesar una doctrina religiosa; se dificultaría el asunto en mi opinión, cuando tratara de aplicar su concepción sobre la moral, si ella no coincide con la moral social que está plasmada en el ordenamiento jurídico en cuya cima está la constitución nacional.
Únete al canal de WhatsApp de IFMNOTICIAS para estar informado de manera oportuna y con detalle. IFMNOTICIAS · Información de VerdadUnirmeNo sobra recordar que muchos católicos que votamos por Abelardo, participamos de la concepción del Conde de Cavour sobre el tema que puede resumirse en la frase “Iglesia libre, en el Estado libre”.
Por el bien de Colombia y del gobierno del señor de La Espriella, yo espero que las cosas se conduzcan con respeto a la Constitución.
El segundo punto es el entorno. El papel fundamental del ministro del interior en las ultimas décadas, se ha centrado en su relación con el congreso y en especial en lograr los consensos necesarios para que los objetivos gubernamentales sean exitosos, en desarrollo de las figuras que la constitución le adscribe al congreso (actos legislativos, leyes, debates…). En este campo entra en juego la concesión de “ayudas” para las regiones y los puestos de la frondosa burocracia tan útiles para la reelección de los congresistas; lo que en conjunto se llama “mermelada”.
Existe la conjetura de que, dentro de los propósitos del gobierno, se necesita un orientador político de primer nivel y que ese sería el señor Ordoñez. De ser cierta esta hipótesis, se pregunta uno si el tema de la mermelada pasaría a otras manos o si es que se considera que en efecto puede crearse un estatuto para manejarla. El debate es tan antiguo como que ya tenia vestigios en la época de Carlos Lleras. Aquel importante hombre creó los “auxilios parlamentarios” porque sabía muy bien- como conocedor que era de las angustias territoriales- que había necesidad de llegar hasta esas angustias.
Pero de ahí en adelante ha habido hasta cosas buenas. El refinamiento de la perversidad afloró en la época del señor Santos en donde se otorgaba la partida y llegaba con asignación de contratista e interventor. Es más, hubo hasta una bolsa de intercambios y el colmo fue en tiempos del señor Petro en donde vimos corrupción al máximo que sirvió hasta para comprar – con base en adjudicaciones pecaminosas- a los presidentes de senado y cámara.
Los autonomistas hemos creído que los recursos con las competencias, deberían entregarse a las entidades territoriales en un proceso gradual, porque la cercanía de la ciudadana con el poder, es un buen escenario para mejorar en el asunto. Pero hasta ahora no lo hemos logrado.
Entonces el señor Ordoñez empezará su accionar en el tinglado clásico.
Espero muy atento para ver como lo hará.
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