(OPINIÓN) 6 preguntas. Por: Gustavo Gómez Córdoba
En su más reciente columna de opinión, el periodista Gustavo Gómez Córdoba plantea seis interrogantes sobre el panorama político e institucional que enfrentará Colombia tras el cambio de gobierno. A partir de temas como el papel que tendrá Gustavo Petro como expresidente, la seguridad, la paz, las lealtades políticas, el funcionamiento del Estado y la corrupción, el autor ofrece una reflexión crítica sobre los desafíos que, a su juicio, marcarán la agenda nacional en los próximos años.
Inquietudes acompañadas de respuestas con las que, como la comida y el trago que dan en las fiestas de matrimonio, nadie quedará satisfecho.
1 ¿La gente seguirá atendiendo a Gustavo Petro? Sí, sea cual sea la acepción del verbo atender que usted escoja: la primera del Diccionario de la lengua española (acoger favorablemente, o satisfacer un deseo, ruego o mandato) o la del argot nacional (regañar, vaciar, responder de manera fulminante). Así ha sido en estos últimos cuatro años, con una diferencia fundamental cuando deje la presidencia: no habrá que hacerle caso en lo legal, ni pescar en sus palabras indicios de decisiones que impacten a los colombianos. Petro, como dijera López Michelsen, entrará a ser una pieza más de los “muebles viejos”, frase que dio título a un interesante libro de Roberto Pombo donde él desarrolla esta característica: “muebles que están siempre en la casa y que las familias no saben ya dónde poner. No se pueden deshacer de ellos, pero son como un estorbo que hay que hay que tener con resignación, y algo de cariño, en recuerdo de lo que alguna vez fueron”. A juzgar por el frenesí propio de sus trinos, podría decirse que Petro será un mueble, además de viejo, rayado. Lo que no cambiará es el respeto que debe tenerse por el expresidente. La condición no puede determinar un cambio en esa característica humana: arlequines y estadistas, todos, merecen respeto, siempre y cuando, a su vez, respeten el estado de Derecho y las reglas de la democracia.
2 ¿Avivaremos la hoguera de las traiciones? Como en la película de Bond: Nunca digas nunca jamás (1983). Lo cierto es que, si usted le planteara el asunto a Duque o a Santos, palabras más, palabras menos, reconocerían admiración y agradecimiento por Uribe, y no podrían entender como gradúan de traición el hecho de haber gobernado en su leal saber y entender. Sucedería lo mismo en el caso del presidente electo dentro de unos años. Póngale la firma. Curiosidad: durante su vida política, muchos han sentido deslealtad y traición de parte de Gustavo Petro, pero, una vez elegido presidente, regresaron dócilmente a su lado. Caso clásico el de Daniel García-Peña. El entonces director distrital de Relaciones Internacionales, en la alcaldía de Petro, estaba molesto por el trato descortés con la desvinculada secretaria del Hábitat, María Valencia, y redactó una renuncia en estos términos: “lo mínimo, por decencia, era tener la valentía de poner la cara, hablar con la persona, agradecerle sus aportes y no permitir que sean informados de sus despidos por los medios masivos de comunicación. No se trata sólo de buenos modales ni de cuestiones de estilos. En la política, las formas son de fondo. No basta con tener los principios correctos ni la razón científica. Un déspota de izquierda, por ser de izquierda, no deja de ser déspota”. García-Peña puso a Petro pasearse por los terrenos del despotismo, pero terminó sirviéndole como embajador. Nunca digas nunca jamás. Detalle: con esa película, Sean Connery volvía a ser Bond, tras doce años de haber declarado que jamás volvería a interpretar al 007. Como lo saben Connery y García-Peña, es difícil decirle no a su majestad.
3 ¿Someteremos a los criminales? Me escribe lo siguiente un médico juicioso y preocupado por el país (me reservo el nombre). Trabaja en Barranquilla, nueva sede presidencial: “El país está entregado al crimen y lo veo en consulta con mis pacientes de todos los departamentos del Caribe. Es un país feudal, donde el estado a duras penas se mantiene en Barranquilla y en Cartagena, y en la medida en que nos vamos a la periferia, incluyendo la misma Santa Marta, en cualquier pueblito a diez minutos de cualquier capital ‘gobierna’ un ‘dueño’ que boletea, extorsiona y trafica. Todos lo conocen y todos le pagan ‘vacuna’ o ‘impuesto’ para que no los robe o los mate. Vivimos en un país con una estructura basada en el crimen. Tenemos un país que, a mí modo de ver, es inviable. No estoy seguro de si era viable hace cinco, diez o quince años, pero lo que veo ahora es que los pacientes cuentan que están cerrando sus negocios porque no pueden pagar ‘boleteo’. O que los finqueros no pueden regresar a sus fincas, porque deben la ‘vacuna’ de su propiedad, por hectárea, o el ‘peaje’ por litro de leche o a tanto por vaca, etc. Estamos encerrados de nuevo, aunque no lo creamos”. Gran reto para el gobierno entrante, que deberá revertir cuatro años de benevolencia y gabelas a los delincuentes.
4 ¿Lograremos la paz? Difícil. El registrador nacional, Hernán Penagos, en Los Protagonistas de Caracol Radio, dijo: “Lo primero es que hay que entender es que el diálogo en Colombia no debe ser un diálogo para imponer la opinión de uno sobre otro. Es un diálogo para buscar la verdad. Y, si no, por lo menos para buscar el consenso. Pero el diálogo en Colombia es la imposición de una opinión sobre la otra. Y si no logramos reflexionar sobre que el diálogo es para buscar consensos, yo la verdad veo un poco difícil alcanzar unos niveles de paz”. Dicho lo cual, el registrador recordó que, equivocadamente, se está dialogando con personajes siniestros (atomizados en numerosos grupos) que perdieron cualquier asomo ideológico y se entregaron al ánimo de lucro, a través de la coca y la minería ilegal.
5 ¿Hay preocupación por la situación psiquiátrica de un alto funcionario? Los datos de salud (sobre todo en el escenario mental) se tratan, por disposición legal, como información sensible (ley 1581 de 2012) y existe reserva sobre la historia clínica (ley 23 de 1981). Hacerla pública, sin expreso consentimiento, atenta contra la dignidad, intimidad y manejo privado de datos personales. Pero la respuesta es sí: el país tiene una enorme preocupación por la situación psiquiátrica de un alto funcionario. Pista: no se trata de Angie Rodríguez. A propósito, ella, que bien conoce las entrañas del gobierno, teme por su vida y denuncia amenazas concretas después de su accidentada conversación con Petro. Lo ha sostenido públicamente. Coincide con afirmaciones del senador Enrique Gómez Martínez, en el sentido de que funcionarios armados de la Dirección Nacional de Inteligencia estarían actuando fuera de la ley. Misma entidad que aún se menciona cuando se habla del magnicidio de Miguel Uribe…
6 ¿Terminarán las obras de la calle 100/Avenida 68, en Bogotá? Parecería que no. Desde hace diez años vemos el muladar caótico en que se han convertido estas dos vías de la capital, repletas de trochas, polisombras, maletines aplastados, residuos y desniveles. Un infierno de nunca acabar. Carlos Fernando Galán es un trabajador incansable. Que se contagien de esa energía quienes están a cargo de las obras en estas dos vías. Urgente. *** Retaguardia. La furibunda defensa del presidente a Juliana Guerrero la ha convertido en un símbolo de corrupción que acompañará por siempre el discreto legado de su gobierno de promesas y nubes. Algunos presidentes padecen la corrupción. Otros, la protegen. Como corresponde, este escándalo progresista incluye su propia Verónica. Hablando de desastres, que no se pierdan de vista los importantes anuncios que hizo el alcalde Federico Gutiérrez, alrededor de la alcaldía de Daniel Quintero y la oscura cercanía de su hermano, Miguel, con esa administración. Gutiérrez, en consonancia con la Fiscalía, habla de una red delincuencial de funcionarios que tocó a las puertas de todas las dependencias en materia de contratación.
“Hoy podemos estimar”, dijo, “una contratación direccionada de forma irregular por más de un billón de pesos, pero el desfalco es aún mayor (…) Hablamos, el día de hoy, de 666 hallazgos e irregularidades… algo de coincidencia tiene que tener ese número”. Daniel Quintero, bendecido por el presidente Petro, todo lo niega.
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