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Hernando Caicedo, Julio Der Nasca y Felipe Caicedo: sus estéticas en radiación (ONES)

Por: Óscar Jairo González Hernández ¿En qué forma y medida se puede determinar y establecer que comenzó a concebirse en su mundo, realidad, naturaleza la necesidad y el interés por hacer este libro “Las texturas de la piel”? ¿por qué lo título así? ¿qué contiene de nuevo en relación con sus otros li

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Redacción IFM
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Hernando Caicedo, Julio Der Nasca y Felipe Caicedo: sus estéticas en radiación (ONES)


Por: Óscar Jairo González Hernández

¿En qué forma y medida se puede determinar y establecer que comenzó a concebirse en su mundo, realidad, naturaleza la necesidad y el interés por hacer este libro “Las texturas de la piel”? ¿por qué lo título así? ¿qué contiene de nuevo en relación con sus otros libros y en qué dimensión relacional de su carácter estético se mueve? ¿qué tema aborda aquí, qué le dice al nuevo lector de este mundo, de este tema que le propone y le presenta, por qué y para qué?

El germen de esta novela surgió del interés por explorar cómo la tecnología ha comenzado a mediar en las relaciones humanas, específicamente en el amor, la sexualidad y la intimidad. Fue en un momento de introspección, al observar los cambios sociales y el creciente papel de la inteligencia artificial en nuestras vidas, que me pareció crucial abordar este tema desde una perspectiva literaria.

El título pretende capturar la dualidad entre lo humano y lo artificial, lo auténtico y lo fabricado, las emociones profundas y su simulación. Alude tanto a las texturas literales de las femensintéticas como a las capas emocionales que los personajes deben atravesar para entenderse a sí mismos ya los demás.

En relación con mis textos anteriores, esta obra introduce un enfoque más audaz en su estructura narrativa y una reflexión filosófica más profunda sobre el impacto de las tecnologías emergentes en la naturaleza humana. A nivel estético, la novela se mueve en un espacio híbrido que mezcla lo distópico con lo introspectivo, lo poético con lo provocador.

Aborda temas como la tiranía de la belleza, la mercantilización del cuerpo, el duelo y la deshumanización en un contexto dominado por el patriarcado. Habla a los lectores del presente sobre un posible futuro que ya se está gestando, invitándolos a cuestionar su relación con la tecnología, el deseo y la empatía.

Es una obra que no solo propone preguntas, sino que desafía al lector a buscar sus propias respuestas en un mundo donde la línea entre lo real y lo artificial es cada vez más tenue. ¿Por qué? Porque creo que la literatura es una herramienta para entendernos mejor a nosotros mismos en los momentos de transformación, y este libro intenta ofrecer ese espejo crítico y, a la vez, empático.

HERNANDO CAICEDO

¿Qué es lo qué usted busca petrificar, que lo ha perplejo en la vida, y de qué trata en su libro: Trípticos de aíre pétreo; que lo provoca en el sentido de sus sentidos, su estética en y desde su historia, percepción como historia?

El poeta siempre ha sido visto como un genio o un monstruo, el primer hombre que nombró la tierra, fue visto con misterio y expectación por sus semejantes, fue temido, como un demonio y seguido como curandero, nombrar es fijar lo etéreo, petrificar por instantes la realidad, es como, por arte de magia, condensar las moléculas del aire hasta verlas compactas arrojadas al vuelo…pienso en el genio, como en el monstruo, como en el brujo que se hace diminuto hasta ser pulga y gigante como cóndor que horada el cielo, que es temido, porque así como sana, enferma, como baja a los abismos del inframundo, trae la luz sagrada del sol, para aliviar los dolores y las penas.

El genio es una forma refinada del monstruo mítico… y el monstruo que es invocado en mi devenir poeta es el de la Gorgona, la que petrifica lo que ve: opone a la liquidez, a la gasificación informativa del mundo contemporáneo una mirada sagrada al mundo que nos rodea, recuerda que somos dioses, resalta la importancia del cuerpo y el erotismo en época de pornografía, su importancia para el tejido de lo humano y el encuentro con lo que somos desde la desnudez; pone en descubierto la naturaleza encendida tras la ciudad, el fracaso en todo intento por superar la trivialidad y el desconsuelo frente al futuro.

La petrificación implica una lectura lenta, un detenimiento. El aire, en esta analogía, es lo que se esfuma, es el tiempo y la velocidad cotidiana que no permite la experiencia estética. Dicha cotidianidad precisa de una Gorgona, de un poeta que petrifique el aire para poder ver, lo que de otro modo fuera invisible y pasajero, profano y cotidiano.

JULIO DER NASCA

¿Desde momento intuitivo o racional, dramático o estético, incierto o cierto? ¿se tensiono usted, en su formación estética, para llevar a cabo: “LA BOCA”? ¿qué lo hizo hacerla? ¿ qué consideraciones en su mundo teatral lo llevaron a ello? ¿es anarquista o es simbólica o no, o en qué su naturaleza? ¿qué es nuevo? ¿qué lanza desde sí mismo y que proyectará al espectador (insomne o sonámbulo) en su extrema propuesta o no lo es, y por qué y para qué?

“LA BOCA” es un montaje teatral resultado del proceso académico del VII semestre: investigación-creación del programa de teatro de la Universidad de Antioquia.
La obra se teje a partir de reflexiones sobre el extractivismo turístico de las vidas ajenas, el arte que espectaculariza el dolor y el marketing de la memoria que, como dice Shaday Larios, “no tiene límites éticos y llega a fetichizar el horror de un suceso transformándolo en una mercancía disfrazada de interés cultural”.

La investigación se instala en un país como Colombia que, en su devastador paso por la guerra, ha intentado organizar institucionalmente algunos procesos de memoria que terminan usando la industria cultural y los medios de comunicación masiva como una máquina social para crear memorias artificiales que hacen del dolor y el sufrimiento de las victimas un souvenir.

“LA BOCA” se pregunta por las narrativas redentoras que posicionan a las y los artistas del teatro en el rol de “salvadores estéticos” de los males que aquejan a una comunidad, que muchas veces no es la suya, pero sobre todo, se pregunta por el derecho al silencio en las víctimas que no desean contar más sus historias de dolor, que quieren desmarcarse de su narrativa del sufrimiento, y que desean establecer otros lugares de enunciación en la vida.

Es también, si se quiere, una reflexión que hacemos como hacedores del teatro frente a esas consignas institucionales –y en el fondo brutalmente coloniales- de “darle voz a los que no tienen voz”, de participar de un aparato gubernamental que entrega becas para hacer de la privacidad de otros un espectáculo comercializable.

“LA BOCA” es Otra obra sobre la memoria en Colombia, que pone en el centro de la trama, no a las víctimas y sus hechos dolorosos, sino por el contrario a quienes desde el teatro –y el arte en general- han hecho de estas víctimas y estos hechos dolorosos un insumo creativo.

FELIPE CAICEDO

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