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A los 7 años iniciará bachillerato en el Quindío. La historia de Gabriel, un niño con altas capacidades intelectuales

Gabriel Felipe Ochoa Loaiza tiene apenas siete años y en agosto comenzará sexto grado de bachillerato. Su caso ha llamado la atención en el Quindío luego de que evaluaciones especializadas registraran un coeficiente intelectual (IQ) de 138. Más allá de sus capacidades académicas, su historia refleja los desafíos que enfrentan los niños neurodivergentes y el papel de la familia y la educación flexible para potenciar sus talentos.

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A los 7 años iniciará bachillerato en el Quindío. La historia de Gabriel, un niño con altas capacidades intelectuales
Foto: Cortesía La Crónica

La historia de Gabriel Felipe Ochoa Loaiza comenzó mucho antes de ingresar formalmente al sistema educativo. Según relata su familia, cuando tenía tres años acostumbraba sentarse debajo de la mesa del comedor mientras su madre enseñaba a su hermano mayor a leer, escribir y resolver operaciones matemáticas básicas.

Lo que parecía una simple curiosidad infantil terminó convirtiéndose en una sorprendente demostración de aprendizaje. Un día tomó una cartilla escolar y comenzó a leer con fluidez, dejando asombrados a sus padres, quienes desconocían que había adquirido esas habilidades únicamente observando y escuchando las clases de su hermano.

Hoy, con siete años recién cumplidos, Gabriel se prepara para dar un salto poco común en su formación académica al ingresar directamente a sexto grado de bachillerato.

Su rutina diaria combina actividades escolares con una intensa formación artística. Actualmente interpreta guitarra, piano y batería, canta música andina y tradicional colombiana, practica danza de salón y desarrolla habilidades creativas mediante la elaboración de esculturas en plastilina.

Los desafíos de una mente que aprende a otro ritmo

El proceso para comprender las características de Gabriel no estuvo exento de dificultades. Durante sus primeros años en la educación presencial, los docentes observaron comportamientos que llamaban la atención.

Con frecuencia terminaba las actividades mucho antes que sus compañeros y, al no encontrar nuevos desafíos académicos, se aburría y en ocasiones llegaba a quedarse dormido durante las clases.

A esta situación se sumaba una condición de hipersensibilidad sensorial que le permite percibir los sonidos con una intensidad superior a la habitual. Cuando era más pequeño, los ambientes ruidosos le generaban incomodidad y reaccionaba cubriéndose los oídos o buscando espacios donde pudiera aislarse del ruido.

Inicialmente, algunas de estas conductas llevaron a considerar la posibilidad de que presentara trastorno del espectro autista. Sin embargo, tras diversas evaluaciones médicas y psicológicas, esa hipótesis fue descartada.

Los especialistas concluyeron que Gabriel es un niño neurodivergente con altas capacidades intelectuales, una condición que explica tanto su facilidad de aprendizaje como algunas de sus características sensoriales y comportamentales.

Un coeficiente intelectual de 138 y una pasión por la música

Las primeras evaluaciones psicométricas registraron un coeficiente intelectual de 126. Posteriormente, tras incorporarse a un modelo educativo flexible y adaptado a su ritmo de aprendizaje, el resultado ascendió a 138.

Actualmente, cursa sus estudios mediante una modalidad que combina actividades virtuales y presenciales, permitiéndole avanzar de acuerdo con sus capacidades y necesidades particulares.

Paralelamente, desarrolla una intensa formación artística en la Casa de la Cultura de Calarcá, donde ha fortalecido su interés por la música tradicional colombiana. A diferencia de muchos niños de su edad, Gabriel manifiesta admiración por intérpretes de música andina y campesina, además de un profundo interés por la mitología y las expresiones culturales del país.

Su talento vocal ya le ha permitido participar en festivales y concursos regionales, representando al Quindío en distintos escenarios culturales.

Un futuro ligado al arte y la educación

Gabriel tiene claro el camino que desea seguir. Su proyecto de vida está orientado hacia la ingeniería de sonido, la producción musical y la docencia.

Además de iniciar el bachillerato a una edad temprana, en el próximo semestre también comenzará un proceso de formación musical en el Instituto de Bellas Artes de la Universidad del Quindío. Para él, su condición no representa una limitación. Por el contrario, considera que sus diferencias son una fortaleza y un mensaje para otros niños que enfrentan situaciones similares.

Su historia se ha convertido en un ejemplo de cómo la identificación temprana de las altas capacidades, el acompañamiento familiar y los modelos educativos flexibles pueden contribuir al desarrollo integral de talentos excepcionales.

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