(OPINIÓN) Vanidad costosa. Por: Federico Hoyos
La crisis diplomática con Estados Unidos tiene un solo responsable: Gustavo Petro. Se avecinan días difíciles: deterioro en la relación bilateral, un aumento en el tono de las declaraciones y, lo más doloroso y concreto, aranceles que afectarán el empleo, el crecimiento económico y la supervivencia
La crisis diplomática con Estados Unidos tiene un solo responsable: Gustavo Petro. Se avecinan días difíciles: deterioro en la relación bilateral, un aumento en el tono de las declaraciones y, lo más doloroso y concreto, aranceles que afectarán el empleo, el crecimiento económico y la supervivencia de muchas empresas colombianas, ¿Cómo llegamos hasta este punto?
Desde la campaña presidencial, Petro enarboló la bandera del cambio climático. Aunque durante su paso por el Congreso no fue un senador activo en esta materia, como presidente quiso convertirse en vocero global de la causa ambiental. Pero al no encontrar el eco internacional esperado, cambió de tema: comenzó a hablar de integración latinoamericana, evocando la vieja idea de Hugo Chávez. Un discurso grandilocuente, pero sin asidero práctico, con poco interés dentro y fuera del país. Su deseo de proyectarse más allá de nuestras fronteras empezaba a desvanecerse.
Entonces llegó la guerra entre Israel y Palestina. En la medida en que la crisis humanitaria en Gaza se agravaba, Petro abrazó esta causa con una vehemencia. Los problemas de seguridad y derechos humanos en Colombia desaparecieron de su agenda: su atención y su voz estaban en Medio Oriente. El tono de sus declaraciones escaló sin freno; las comparaciones de líderes israelíes y norteamericanos con el nazismo se hicieron cada vez más frecuentes, y el discurso presidencial se volvió abiertamente provocador.
El punto de quiebre ocurrió cerca de Times Square, en Nueva York, durante la Asamblea General de la ONU, cuando Petro instó a las fuerzas armadas de Estados Unidos a no obedecer las órdenes del presidente Trump. Las consecuencias no tardaron en llegar: hoy Colombia enfrenta la peor crisis diplomática con su principal aliado comercial, político y militar, al borde de una guerra arancelaria con serios efectos para la economía nacional.
Petro logró lo que parecía buscar: antagonizar con el mayor líder global y presentarse como su némesis latinoamericana, aun a costa del interés general de los colombianos. Cada mes que resta de su mandato será difícil para el país. Pero la democracia y la Constitución sobrevivirán a esta vanidad costosa. Llegará un liderazgo responsable, con vocación de servicio y un objetivo claro: pensar primero en Colombia, no en los titulares y en la controversia internacional.

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