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(Especial Inocentes «Un Comino») Diatriba contra los cubiertos de plástico

Parece un tema superficial, pero como todo en Un Comino, tiene un fondo, una sustancia que será descubierta, como las políticas y ejecuciones del Ex Gobernador Fajardo, dentro de unos veinte años. Veamos. No sabemos quién es el genio de los restaurantes que sirve una punta de anca con los cubiertos

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Redacción IFM
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(Especial Inocentes «Un Comino») Diatriba contra los cubiertos de plástico

Parece un tema superficial, pero como todo en Un Comino, tiene un fondo, una sustancia que será descubierta, como las políticas y ejecuciones del Ex Gobernador Fajardo, dentro de unos veinte años. Veamos.

No sabemos quién es el genio de los restaurantes que sirve una punta de anca con los cubiertos de la Barbie. O mejor dicho, sí sabemos, y por eso no volvimos allá.

¿Quién dijo que esos cubiertos blancos, insípidos, blandengues sirven para cortar la garra de una lechona o el chicharrón de una bandeja paisa?

¿Quién dijo que con un tenedor que rápidamente queda mueco se puede comer tranquilo, comer bien… comer?

Claro que de una salen los defensores de la sanidad a decir que es una forma higiénica para sitios de alta rotación, pero a ellos mismos los ponemos a que se coman una sobrebarriga con esos cubiertos de juguete que sólo sirven para la torta negra de los matrimonios y para sacarle a uno más de una rabia y hasta sangre de un dedo.

Y es que con ellos se presentan casos como quedarse con un pedazo de tenedor en la boca o que con la fuerza que uno hace al trinchar se desnuque el aparato este, salgan volando gotas de grasa o partes de la ensalada y arme todo un bochinche en la mesa.

Para los usuarios de los restaurantes de supermercado o centro comercial, el tenedor de plástico es su mejor compañía para comerse desde un pescado hasta unos maicitos, y ahí vienen las peleas internas al comer con esos utensilios.

Primero, como uno ya sabe, entonces comienza a partir despacio, con maña, como si efectivamente estuviera jugando a la Barbie y Ken le estuviera partiendo la carnita imaginaria a su rubia novia.

Pero efectivamente la cosa no opera mucho. Entonces uno comienza a hacerle más y más presión y como sigue sin partir realmente uno se pega una “encarnizada” hasta que pasa lo que tiene que pasar. La carne es más fuerte y el tenedor, como Zidane en el Mundial, pierde la cabeza.

Por eso, antes de sentarse, el que es precavido toma dos o tres juegos de cubiertos, pero igual hasta trinchando una papa, el bendito tenedor no aguanta.

Si mucho esos tenedores sirven para un salpicón, para un helado, para un postre, pero no para una carne bien dura, de esas que hay que contarle una historia triste para ver si se ablanda y uno mal armado para enfrentar esa hambrienta contienda.

Ahora, cuando el alimento es crocante, de esos que se parten sólo con el tenedor, es prácticamente imposible, “es que no aguanta, no aguanta”.

Todo eso hablando simplemente desde el plano de lo operativo, pero si nos vamos a la etiqueta, ahí sí es como para salir corriendo. Un matrimonio con cubiertos de plástico es más ordinario que el clóset de Claudia de Colombia.

Una vez, hasta con una ensalada se le fue un diente al tenedor. El colmo de la debilidad. Y si es por higiene, me deja mucho qué pensar el señor del salpicón de carrito que le dice a uno cuando acaba: “échelo aquí”. A mí esas propuestas me las hacen muy poco y cuando me las hacen dudo (siendo uno bien malpensado).

Entonces, después de haber perdido los dos primeros tenedores de plástico, llega el momento para el tercero en la fila y para cuidarlo y evitar levantarse por más, a uno le toca tomar el tenedor más abajo del mango, para evitar que pierda la cabeza y trinchar como si uno no supiera. He visto a más de uno en esas y realmente causa gracias, pero es a lo que toca recurrir.

Si algo está funcionando bien desde la Era del Metal, cuando ni siquiera nosotros éramos como somos, entonces por qué cambiar las cosas. Vea en las que estamos con el sexo por estar con esa cambiadera.

La Humanidad viene comiendo con utensilios metálicos desde hace mucho rato y por lo máximo que uno se queja es por el cuchillo amolado. No vengamos a cambiar las tradiciones que como buen carnívoro, nada mejor que meterle con toda la gana el tenedor y el cuchillo a un solomito, a una punta de anca o a un pollo a la plancha y sentir la firmeza del corte. Los de juguete, que se los dejen a los niños en su torta de Primera Comunión.

El especial del día de los Inocentes en IFMNOTICIAS estará a cargo de «Un Comino» – ifm noticias

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