(ESPECIAL) «El Uribe que yo conozco»: Capítulo 7, por Julián Cadavid Peña
En esta entrega del libro «El Uribe que yo conozco», usted podrá leer el capítulo 7 titulado «De odios o de amores».
IFMNOTICIAS.COM publica con autorización el capítulo 7 del libro «El Uribe que yo conozco», una obra de compilación de la senadora Paola Holguín y del representante Juan Espinal, en el que se presentan diferentes testimonios sobre la vida e historia del expresidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez.
Los 29 capítulos de esta obra fueron escritos por diferentes personalidades de la vida pública nacional e internacional que conocen al expresidente Uribe. En él, usted puede encontrar anécdotas, historias, relatos y episodios inéditos.
En esta entrega del libro «El Uribe que yo conozco», usted podrá leer el capítulo 7 titulado «De odios o de amores», escrito por el Médico dermatólogo Julián Cadavid Peña. A continuación, se transcribe el texto mencionado:
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DE ODIOS O DE AMORES
Por: Julián Cadavid Peña, Médico dermatólogo.
Hace ocho años tuve el privilegio de recibir una llamada de un colega ortopedista en la cual me preguntaba si tenía la disponibilidad para evaluar al presidente Álvaro Uribe pues tenía algunas lesiones en la piel que lo tenían bastante preocupado. No dudé un segundo para dar mi respuesta afirmativa.
Se planea la visita, domiciliaria por supuesto, situación especial para mí, dadas las circunstancias del paciente, más no del caso. Llegué a su casa-finca de Rionegro, Antioquia, y luego de superar tres controles de seguridad me encontraba frente al que fue nuestro presidente durante dos períodos. Aún sin conocerme, me recibió con mucho afecto, con mucha cordialidad y me invitó a una pequeña sala al frente de un lago en donde conversamos durante un largo rato de nuestras vidas, de las aficiones en común (los caballos), de la música, del campo y de nuestra querida Colombia. Entramos en materia, lo examiné, le sugerí algún tipo de tratamiento y quedamos en evaluarlo a las 2 ó 3 semanas, pero ya en mi consultorio pues debía hacerle un examen exhaustivo y someterlo a un tipo de manejo muy especializado.
Llegó el día de su cita. Yo trabajaba en la sede centro de la Clínica Medellín, en el corazón de la ciudad. La cita duró 4 horas aproximadamente, tiempo en el que volvimos a hablar de lo divino y lo humano, pero también se le facilitó un consultorio anexo para que él pudiera trabajar mientas esperaba el desarrollo y resultado de los exámenes. Allí pude validar que siempre está trabajando y manejando temas de actualidad, que se mantiene conectado del teléfono y siempre está haciendo o recibiendo llamadas para participar en la resolución de asuntos de todo tamaño y calibre, desde los más nimios, hasta aquellos que son problemas realmente que pueden tener repercusiones importantes en la escena nacional o internacional.
El presidente Uribe es un ser totalmente familiar y sencillo y como muestra de esto me vienen a la mente tres recuerdos. Primero: el manjeo del charol en su finca: el Presidente se encarga personalmente de llevar empanadas, buñuelos, pandeyucas o aguardiente en copas a cada uno de sus invitados, sin importar el número de empleados con los que cuenta para realizar este tipo de actividades. En otra de las visitas de evaluación y control en su casa de Rionegro nos estuvo mostrando con orgullo sus caballos de paso fino y en varias ocasiones fuimos invitados a montar el caballo que estaba siendo presentado. Decliné la invitación varias veces debido a que mi experiencia y mi preferencia como jinete han sido mayoritariamente con caballos portugueses. No obstante, el presidente insistió tanto que accedí a su invitación y en pocos minutos estaba montado en Sor Menudita, una yegua de paso fino colombiano de color castaño oscuro que tenía una grupa descomunal y era cualquier cosa menos menudita, muy briosa y enérgica.
Después de ajustar la silla al tamaño de mi cuerpo, me esforcé por verme como un buen jinete, tratando de mostrar la mejor versión de las habilidades de la yegua. En algún momento, al pasar por las pesebreras, el animal se hizo más difícil buscando regresar a su sitio habitual de descanso; estaba obligándola a volver al camino definido cuando en ese preciso instante se escucha el ruido ensordecedor de una campana tirolesa que desesperó al animal al punto de querer desbocarse. Mi único pensamiento fue: “A mí me tumba cualquier caballo en cualquier parte, menos delante del presidente Uribe” y haciendo un esfuerzo importante logré recuperar el control y regresar al sillero. Cuál sería mi sorpresa cuando al bajar de la yegua me dice el Presidente: “Muy bien doctor Julián, mi padre hacía lo mismo con nosotros cuando montábamos a caballo para que estuviéramos alerta y para animar los caballos”. Sobra decir que los insultos fueron muchos en ese momento, pero por supuesto no fueron verbales solo de pensamiento. Ese es el presidente Uribe, un ser humano cercano, bondadoso y lleno de historias maravillosas con las que adorna cada momento.
Otra faceta que tuve la oportunidad de presenciar y que admiro en él, es la capacidad que tiene para interactuar y para relacionarse con las personas. Es realmente impresionante. Recuerda los nombres de todos, los saluda de manera cordial y los interroga como si fueran viejos conocidos, se preocupa por el interlocutor, le da la importancia que cada uno se merece y es capaz de hacerle seguimiento a los problemas de otros, buscando siempre ser solidario o prestar su ayuda, aún en momentos en los que está realmente ocupado con temas a todas luces más complejos.
El Uribe que yo conozco, de odios o de amores, es un buen amigo, sencillo, leal, prudente visionario, disciplinado, gran conversador, extraordinario lector y mejor orador y cuentero. Es el Uribe que algún día el destino me puso al frente para ayudarme a entender, comprender y decidir que el camino para que este país sea mejor es el que él trazó y por el que tanto se esfuerza cada día. Muchas gracias presidente Uribe por haber confiado en mí y por regalrme el privilegio de contar con su amistad.
Fin del capítulo.

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