(ESPECIAL) «El Uribe que yo conozco»: Capítulo 6, por Everth Bustamante García
En esta entrega del libro «El Uribe que yo conozco», usted podrá leer el capítulo 6 titulado «El gran líder de las batallas por Colombia».
IFMNOTICIAS.COM publica con autorización el capítulo 6 del libro «El Uribe que yo conozco», una obra de compilación de la senadora Paola Holguín y del representante Juan Espinal, en el que se presentan diferentes testimonios sobre la vida e historia del expresidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez.
Los 29 capítulos de esta obra fueron escritos por diferentes personalidades de la vida pública nacional e internacional que conocen al expresidente Uribe. En él, usted puede encontrar anécdotas, historias, relatos y episodios inéditos.
En esta entrega del libro «El Uribe que yo conozco», usted podrá leer el capítulo 6 titulado «El gran líder de las batallas por Colombia», escrito por el exmilitante del M-19 y exsenador de Colombia, Everth Bustamante García. A continuación, se transcribe el texto mencionado:
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EL GRAN LÍDER DE LAS BATALLAS POR COLOMBIA
Por: Everth Bustamante García, Exmilitante M-19 y Exsenador de Colombia.
El primero de diciembre de 1991 se instaló el nuevo Congreso de la República, cuya elección fue convocada por la Asamblea Nacional Constituyente que aprobó una nueva Constitución ese mismo año.
Allí conocí a Álvaro Uribe Vélez; él como senador del Partido Liberal y yo como senador de la Alianza Democrática M-19. Un año antes, el M-19 había firmado un acuerdo de paz con el gobierno de Virgilio Barco.
Ambos hicimos parte de la Comisión VII del Senado y en tal condición nos correspondió estudiar, discutir y aprobar la gran reforma de seguridad social que desde entonces el país conoce como la Ley 100. Por decisión de la plenaria de la Corporación se conformó una comisión de ponentes pertenecientes a las distintas fuerzas políticas, de la cual hice parte, habiéndose elegido coordinador al senador Uribe.
A lo largo de dos años recorrimos el país discutiendo y socializando esta iniciativa con los más diversos sectores de la sociedad colombiana; especialmente con los gremios médicos en todas sus especialidades, enfermeras, trabajadores de la salud, pacientes, pensionados, educadores, administradores del sector público de la salud, aseguradores, actuarios, amas de casa, sindicatos, desempleados, etc. Fue una verdadera consulta, una discusión democrática con los colombianos que luego se sometió a un amplio y profundo debate en las comisiones y plenarias del Congreso.
Con aciertos y desaciertos, la Ley fue aprobada en 1993 por una amplia mayoría. Quizás, su mayor logro fue ampliar la cobertura en salud pasando de un 15% a un 99%, hoy. Por razones ideológicas y políticas, con una injusta tergiversación de la verdad histórica, algunos grupos han intentado responsabilizar a Álvaro Uribe de las falencias que ha tenido esta Ley en su implementación práctica. Sin embargo, estas deficiencias, algunas de ellas ya subsanadas, no pueden empañar un hecho incuestionable: la Ley 100 es, posiblemente, la más debatida y concertada democráticamente en los últimos treinta años del Congreso colombiano.
De 1991 a 1994 tuve la oportunidad de discutir, debatir, coincidir y disentir con Álvaro Uribe sobre varios tópicos de la realidad nacional. Para mí, fue una época excepcional que me permitió conocer su pensamiento y su concepción democrática sobre nuestra patria. En medio de esos ires y venires fuimos construyendo una sólida amistad, en la diferencia y la contradicción.
El 7 de agosto de 1994, mientras los parlamentarios caminábamos para darle el saludo protocolario al presidente electo Ernesto Samper, me encontré en los pasillos de la Casa de Nariño a Álvaro Uribe, quien sin mediar saludo y con una seguridad imperturbable, me dijo: “Everth, en pocos años estaremos gobernando a Colombia desde aquí y quiero que me acompañes en esa lucha por la patria”. Efectivamente, unos años más tarde, el 7 de agosto de 2002, se posesionó como presidente de Colombia.
Cuando fue elegido gobernador de Antioquia para el periodo 1995 – 1997, me hizo una invitación para participar en su política de paz para el departamento. Debido a mis compromisos académicos no lo pude acompañar, pero vinculó a exintegrantes del M-19 a ese esfuerzo.
Habiendo sido elegido alcalde de mi ciudad natal, Zipaquirá, en el año 2001 recibí su visita y me compartió su propósito de adelantar una gran campaña para llegar a la Presidencia de la República. Me pidió que le ayudara convocando una reunión con los alcaldes electos de Cundinamarca y le manifesté que lo haría, pero con la condición de que me permitiera expresar mis observaciones críticas frente a algunos aspectos de su política de Seguridad Democrática.
Asistieron más de cien alcaldes del departamento y al instalar la reunión me pidió que expusiera con toda libertad mis puntos de vista. Terminada mi intervención en la que planteé algunas dudas sobre su política de seguridad, él tomó la palabra y se introdujo en un análisis detallado sobre la situación de orden público en todo el país; luego se refirió minuciosamente a la necesidad de desarrollar una política que tuviera la capacidad de enfrentar y derrotar la grave amenaza que se cernía sobre el territorio de Cundinamarca por parte de la guerrilla de las Farc y el narcotráfico. Tenía toda la razón: más de setenta alcaldes de los diferentes municipios del departamento, ante los ataques, secuestros, atentados y asesinatos, se habían visto en la necesidad de buscar refugio en la Gobernación, desde donde despachaban sus asuntos. Para el 2002 las Farc, literalmente, tenían rodeada a Bogotá y preparaban una inminente ofensiva desde los diferentes frentes de esa organización terrorista.
La reunión culminó con el apoyo unánime de todos los acaldes electos y desde entonces entendí y acogí la Política de Seguridad Democrática como la mejor herramienta para enfrentar y derrotar el terrorismo que atenta contra la vida y la tranquilidad de todos los colombianos. Tres años más tarde, en el 2005, los cincuenta mil kilómetros cuadrados del territorio de Cundinamarca estaban liberados del flagelo de la violencia: los campesinos pudieron trabajar tranquilos en sus parcelas, los empresarios del campo retornaron a sus actividades productivas y los ciudadanos pudieron transitar seguros por todas las carreteras del departamento. Habían sido expulsados la guerrilla, el narcotráfico y el paramilitarismo, convirtiéndose Cundinamarca en el primer departamento libre de violencia terrorista.
Terminado mi período como alcalde fui invitado por el presidente Uribe en el 2004 a hacer parte de su gobierno; primero como asesor presidencial para las regiones y minorías étnicas y luego en el 2006 como director nacional de Coldeportes, hasta el 2010. Me encontré así en una posición privilegiada para observar y participar de cerca en las ejecutorias del Gobierno Nacional. Indudablemente, a partir del año 2002 Álvaro Uribe dio lugar a una reconfiguración del escenario político, económico y social del país. Probablemente por primera vez, el programa de un gobierno dejó de ser una simple consigna y se convirtió en una realidad.
La Política de Seguridad Democrática fue tan exitosa y contundente en la recuperación de la tranquilidad, la movilidad y la libertad de desplazamiento a lo largo y ancho del territorio nacional que hoy, veinte años después, las grandes mayorías anhelan una reedición profunda de ella. La confianza inversionista generó un crecimiento económico incluyente, ampliando la base social de las capas medias y reduciendo la pobreza. La cohesión social generó confianza en los más diversos sectores, gracias a una acertada innovación en el modelo de gobernabilidad que, entre otros aspectos, permitió llevar el centralizado poder presidencial a las comunidades más distantes e inaccesibles en todas las regiones del país, para tomar decisiones directamente con los ciudadanos en los consejos comunales que se realizaron todas las semanas, durante sus dos periodos presidenciales.
Antes del 2002, era muy común escuchar que para poder competir en eventos deportivos nacionales e internacionales, nuestros deportistas tenían que recurrir a rifas, bazares y colectas públicas. Empero, a partir de 2003, el presidente Uribe definió una fuente de recursos exclusiva para el deporte nacional: tres puntos adicionales del IVA a la telefonía celular, que durante los últimos dieciocho años nos permitió dar un salto cualitativo en el deporte mundial.
Terminada mi campaña a la Gobernación de Cundinamarca, Álvaro Uribe en el año 2012 me invitó a hacer parte de un nuevo esfuerzo, donde se convocaría a todos los colombianos para crear un nuevo movimiento que desde el centro del espectro político profundizara la seguridad ciudadana, la institucionalidad y la democracia. Para entonces, el gobierno de Juan Manuel Santos, elegido gracias al apoyo del Uribismo, tomaba un rumbo de desmantelamiento de la lucha contra el terrorismo y, dando tumbos, se fue por el camino de pactar con las Farc y abrir los territorios al dominio del narcotráfico (de cuarenta mil hectáreas de cultivos ilícitos en el año 2010, el país pasó a doscientas veinte mil en el 2016).
Después de recorrer el país durante dos años, en 2014 Álvaro Uribe crea el Centro Democrático, elige 20 senadores, 19 representantes y gana la primera vuelta presidencial con la candidatura de Oscar Iván Zuluaga.
Para pactar con las Farc, Santos no dudó en sobornar con la “mermelada” de los cupos indicativos a buena parte del Congreso y mediante argucias de todo tipo como el “fast track” para eludir la discusión democrática en el Congreso, la eliminación de la figura legal de “la mitad más uno”, para cambiarla por el 13% para la aprobación del plebiscito, firmó un acuerdo de paz que sometido a refrendación por voto popular, en el plebiscito del 2 de octubre de 2016, fue rechazado por el pueblo colombiano, triunfando el NO gracias a la campaña nacional de movilización ciudadana liderada por el expresidente Álvaro Uribe.
En las elecciones del 2018, se elige una numerosa bancada del Centro Democrático en el Congreso, y el 7 de agosto se posesiona como presidente de la República, nuestro compañero de bancada en el Senado, Iván Duque Márquez.
Durante los últimos treinta años, Álvaro Uribe ha sido el gran líder de todas estas batallas por Colombia. Ese es el Uribe que yo conozco, un auténtico demócrata en permanente lucha por la libertad y la seguridad de Colombia.
Fin del capítulo.

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