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(EDITORIAL) Gaviria y Petro: lo que traman en Europa

Al observar el mapa de apoyos a Petro, resulta evidente que algunos sectores se emplearon a fondo, y sin asco, en la consecución del poder en Colombia. Para alcanzar el solio de Bolívar, juntaron a tirios con troyanos, a corruptos con asesinos, a politicastros con seguidores de Fidel Castro e inclus

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Redacción IFM
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Al observar el mapa de apoyos a Petro, resulta evidente que algunos sectores se emplearon a fondo, y sin asco, en la consecución del poder en Colombia. Para alcanzar el solio de Bolívar, juntaron a tirios con troyanos, a corruptos con asesinos, a politicastros con seguidores de Fidel Castro e incluso, a «neoliberales» con comunistas: ¡todos caben!, parecía ser el lema del Pacto Histórico.

¿Cómo se podía hacer semejante magia? Es que no era fácil. Era juntar, en un mismo proyecto, intereses mezquinos, egos y divergencias irreconciliables. Sin embargo, era ahora o nunca, y por tal razón, apostaron hasta los restos, para cumplir el objetivo. En una investigación publicada hace más de un año por IFMNOTICIAS.COM, se reveló el mapa del miedo en el que se explicaba cómo y por qué estaba operando este «Deep State» para apoderarse de Colombia.

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En la investigación se determinó que el «Deep State» establecería un frente común para presentar una «oferta unida» a los colombianos, todo esto bajo la falacia de un movimiento de centro izquierda, con la finalidad de ofrecer, como un producto político apetecible, la idea de un cambio de modelo. ¿Acaso el Pacto de todos con todos, no vendió el «cambio» como la principal bandera de campaña?

Sin embargo, lo anterior podría considerarse el acierto de una teoría de la conspiración y, por tal motivo, es importante ponerles nombres a los hechos. Muchos se preguntaron qué hacían Roy Barreras y Armando Benedetti en las toldas petristas. Algunos aseguraban que entre delincuentes se entienden. Pero las cosas iban por otro lado: ambos personajes fueron los compromisarios de Juan Manuel Santos en este entramado para hacerse al poder.

Ellos entraron a representar al sector santista, que incluye, naturalmente, a los grandes beneficiarios de ese nefasto gobierno, es decir, a las FARC y al narcotráfico, quienes además contaban con otro peso pesado como cabeza de playa: Ernesto Samper Pizano. Pero había un tercer expresidente involucrado en el asalto. Se trataba de César Gaviria, quien, por debajo de la mesa, siempre ha impulsado ese neocolonialismo del «Deep State» latinoamericano. Además, apostar con los demás tahúres, resultaba una inversión segura, como efectivamente ocurrió.

A partir del 7 de agosto, Santos, Gaviria y Samper tendrán un presidente de sus entrañas, a Gustavo Petro, quien deberá velar no solo por sus propios intereses, sino también por las ambiciones de estos monstruosos exmandatarios y, además, por el cumplimiento de los objetivos del Foro de Sao Paulo, ahora convertido en el Grupo de Puebla. En esta extraña mezcla, explosiva y, según la Registraduría, ganadora; la meta es implantar un sistema que permita crear un bloque unido de países en el continente en lo que han denominado la nueva ola del socialismo del siglo XXI.

A pesar de las apariencias, ninguno de ellos está tranquilo en el proceso que se avecina, pues perciben que tienen enemigos muy poderosos y, por qué no, hasta violentos. Así las cosas, ellos tienen que afinar los detalles de las estocadas que vienen y eso no lo podían hablar en Colombia. Por eso, empacaron maletas y se fueron para Europa, donde pueden planear a sus anchas y proyectar el pago de favores, inversiones y gastos que hicieron para llevar a Petro a la Presidencia: nada mejor que una tarde de estío, para despojarse de ropajes inútiles y tratar de armar el rompecabezas que tienen en sus manos.

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