Los fantasmas de un apagón
Definitivamente no son buenos tiempos para el sector eléctrico del país; hoy sumido en la incertidumbre del qué pasará con las políticas del gobierno y el fenómeno del Niño que aparece de nuevo como un fantasma.
Por: Mauricio Restrepo Gutiérrez
Definitivamente no son buenos tiempos para el sector eléctrico del país; hoy sumido en la incertidumbre del qué pasará con las políticas del gobierno y el fenómeno del Niño que aparece de nuevo como un fantasma. Durante el presente año, hemos visto cómo las tarifas de energía se disparan sin control mes a mes; mientras se desincentiva la inversión en nuestros proyectos energéticos, como sucede también con el resto de la economía. Han pasado treinta años desde que el país vivió un apagón sin precedentes, que cambió hasta la hora. Ese evento fue un desastre económico y social para los colombianos, por culpa de una sequía prolongada que por meses secó los embalses y obligó a racionamientos de energía en pueblos y grandes ciudades.
De esa amarga experiencia se aprendió, y desde entonces el sector eléctrico de una manera juiciosa comenzó a trabajar en torno a un suministro garantizado y sostenible de energía. El Congreso de la República legisló al respecto e incentivó la inversión en el sector, permitiendo que este creciera y estuviera acorde a las demandas futuras de energía. Sin embargo, ahora nos encontramos ante un gobierno que parece ignorar lo que se hizo en tres décadas en materia de regulación del sector eléctrico, y que quiere cambiar el rumbo de lo que tan juiciosamente vienen haciendo entidades como la comisión reguladora de energía y gas, y la unidad de planeación minero energética.
Es así como no solo nos enfrentamos a un fenómeno del Niño, que no se consolida aún completamente; sino a “ocurrencias” del alto gobierno como imponerle más impuestos a la factura de energía, ya bien golpeada por las desmesuradas alzas de los últimos meses. No se trata tanto del nuevo impuesto para La Guajira, que igual otros departamentos en similares condiciones podrían reclamar luego, como Chocó, Córdoba o Sucre, entre otros. Sino del aporte que tendrán que hacer todos los estratos sociales para subsidiar el transporte público colectivo en Colombia. Los estudios del mismo gobierno dan cuenta que las cuentas de la luz se incrementarían en porcentajes que podrían alcanzar el 100%. Lo cual resulta un absurdo metodológico y a su vez conseguiría que miles de hogares se cuelguen en sus facturas, ante la imposibilidad de pagar esos valores mes a mes.
También hay que hacer claridad en que se debe caminar hacia una transición energética justa y sostenible. Eso no se lo inventó el presidente de la república. Es un deseo de los colombianos y el mundo entero. Pero para lograr su éxito, como en cualquier proyecto hay que saber hacerlo. Sin atropellos y manejando los tiempos que este proceso requiere. No es ya; lento pero seguro, como dice el adagio popular. Es por eso que antes de que la luz se nos apague, con daños irreparables para el sector eléctrico y la economía del país, el gobierno nacional debería tener la altura de escuchar a la academia y a los gremios para llegar a consensos que permitan cruzar estos meses difíciles, por ahora por cuenta de un verano prolongado y una falta de claridad en las políticas gubernamentales. La situación climática no la podemos evitar; pero con sensatez y sentido común, entre todos sí la podemos manejar. Todo por el país que habitamos.

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