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Tiempo de Carnaval

Recuerdo ese noviembre de 2022 cuando de manera espontánea, en medio del comedor de la casa del hombre que me gustaba, lo invité al carnaval de mi tierra currambera en febrero del año siguiente. El viudo se quedó mudo debido a que (lo entendería mejor semanas después) tan 'apetecido galán de b

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Redacción IFM
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Tiempo de Carnaval

Por: Claudia Consuegra Peña*
Recuerdo ese noviembre de 2022 cuando de manera espontánea, en medio del comedor de la casa del hombre que me gustaba, lo invité al carnaval de mi tierra currambera en febrero del año siguiente. El viudo se quedó mudo debido a que (lo entendería mejor semanas después) tan ‘apetecido galán de barrio’ ya tenía pagadas sus entradas para la fiesta carnavalera e iría en compañía de una de sus pretendientes. Asistió meses después con la septuagenaria amante al Carnaval 2023, mientras que yo en Medellín quedé rumiando mis ganas de gozadera. En aquel momento sentí que había llegado tarde a la vida del señor en cuestión y que, por lo mismo, no disfruté la fiesta de talla mundial junto a él.

Sorprendentemente, 2024 llegó a enseñarme que el tiempo perfecto para disfrutar-de nuevo- el Carnaval de mi tierra es ahora. Para hacerlo solo lo deseé y se hizo posible. Este año me dijo al oído: ‘no olvides a la mejor compañía que tienes desde que tu madre te parió: tú misma’. Mientras escribo estoy a segundos de escuchar la Lectura del Bando de voz de la Reina Melissa Cure, quien proclamará 5 mandatos con los que estará abierto el espectáculo quillero desde hoy hasta la segunda semana de febrero. La soberana me ordenará el relajo sin descanso y yo, obediente, seguiré al pie de la letra a la mandataria de la ciudad que arma la recocha más sabrosa del planeta.

Mi alma sensible, atravesada usualmente por un halo de tristeza, se pondrá una máscara de alegría desbordante: reiré, bailaré, estará a punto de darme un yeyo de felicidá durante los siguientes veintipico días hasta el velorio de Joselito Carnaval.

Soy barranquillera privilegiada, retorno a mi tierra natal cuando celebramos 20 años de que la UNESCO declarara el Carnaval de Barranquilla como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Aunque la fiesta cuenta con millones de adoradores, también tiene detractores. Hay quienes, luego de venir a La Arenosa, salieron gritando a los cuatro vientos que «…el Carnaval de Barranquilla es costoso, turba de bailarines y comparsas que desfilan desordenadamente…y que, ajá porque ajá, más ná». Según los críticos, somos puro tilín tilín… rezongan en añoranza de las carrozas que, otrora, adornaron nuestras calles; insisten en que, de aquella fastuosidad, no queda ni el recuerdo.

Con carrozas o sin ellas, desde los 7 años de edad, he bailado hasta el cansancio en 9 carnavales. Ahora, cuando estoy a instantes de hacerlo por décima vez, me declaro barranquillera contenta de volver a caminar y a bailar arrebatá por las calles de mi tierra, porque ¿saben una cosa? «La luna de Barranquilla tiene una cosa, qué maravilla»; somos tierra de cumbiambas, de la cantante colombiana más universal: Shakira; de aquí mismo salió recientemente el oso nacional y mundial: las fábulas ‘fernandezcas’ sobre niños, garzas y globos Ghibli . Y ajá, de vuelta al Carnaval, de cierto les digo: ¡Quien lo vive es quien lo goza!

*Periodista y escritora
Instagram @almadecayena

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