Jorge Omar Zuluaga: “Todavía sigo escribiendo y leyendo a Gonzalo”
¿En qué momento de su vida tuvo conocimiento y contacto con Gonzalo Arango, qué lo llevó a ello, cómo pudo establecer esa relación, qué carácter le dio y cómo desarrolló la misma para su formación sensible y transformadora de sus mundos?
Por: Óscar Jairo González Hernández
Propiamente fue en 1970 cuando publicaron los folletos de Nadaísmo 70. Con el grupo de mis amigos de esa época nos turnábamos para leerlos y comentar sobre ellos. Ya empezábamos entonces a ser jóvenes rebeldes y desobedientes. También nos leíamos los artículos que sacaba la revista Contrapunto y también la revista Cromos en la sección Última página. Además corríamos al televisor en blanco y negro a mirar las entrevistas que le hacía Gloria Valencia de Castaño en el programa Carta de Colombia. Antes sí sabía de Gonzalo sobre todo cuando Los Yetis cantaron Llegaron los peluqueros, pero todavía no leía a Gonzalo. Los amigos nos reuníamos en tertulias poético-musicales, donde leíamos poemas propios y ajenos, y donde yo y otros amigos cantábamos canciones de juventud, crítica y satíricas. Leer a Gonzalo fue algo que me encantó por aquellos años; me gustaban sus prosas y sus poemas libres, sin rima y sin métrica. Poco a poco fui adquiriendo muchas poses de pensamiento nadaísta y también movido por las lecturas de Fernando González y los Diálogos de Platón que nos encargaba el profesor Carlos Ortiz en las clases de Humanidades en EAFIT.
¿Qué le interesó en un momento dado de Gonzalo, y qué no? ¿Dónde se incrementa y dimensiona para usted la relevancia en su vida la obra de él? ¿Qué provocó en usted, y qué después ya no le interesó de lo que hizo o hacía, como lo del nadaísmo?
Únete al canal de WhatsApp de IFMNOTICIAS para estar informado de manera oportuna y con detalle. IFMNOTICIAS · Información de VerdadUnirmeEl nadaísmo y en particular la obra de Gonzalo siempre me interesó y no me dejará de gustar porque él hace que uno se cuestione, tanto el orden establecido como las posiciones ideológicas y de manera de pensar. Por él me acerqué a Rimbaud. Él me motivó a componer poesía y letras de canciones interpeladoras.

¿Qué trataba usted con Gonzalo, qué le decía, y qué le decía Gonzalo, qué le revelaba de su mundo, de sus sueños, de sus obsesiones, de sus fantasmas, de sus dudas o inquietudes estéticas de la vida, porque las estéticas de Gonzalo eran las que se relacionaban inextricablemente con su vida? ¿Qué puede decirnos de ello? ¿Y cuál de los textos de Gonzalo ha sido o es más determinante en su vida, y por qué?
El primer libro que compré de Gonzalo fue Obra negra, excelente colección de prosas. La leíamos en voz alta con los amigos y armábamos meras conversaciones. Luego con la publicación de Providencia y Fuego en el altar, creció el entusiasmo por Gonzalo, ya que vimos que buscaba un sentido trascendente y de pensamiento evolutivo, siempre cuestionante. Fuego en el altar lo compré siete veces porque lo prestaba y nunca me lo devolvían. Así crecía en edad y conciencia, siempre con Gonzalo y escuchando buena música: Facundo Cabral, Bob Dylan, Pink Floyd, The Rolling Stones, etc. Cuando murió Gonzalo, conocí en Bogotá a Angelita y me acerqué mucho a la música del grupo Génesis de Colombia, de humo, tan maravillosa y refrescante. Todo esto hacía parte del ambiente que dejó en mí Gonzalo Arango.
¿De qué manera se hizo su Gonzalo? Pues cada uno de quienes le conocieron, o lo trataron, o lo leyeron, o lo leen todavía, podemos decir que forman un Gonzalo a su medida de su yo, de su realidad, para tenerlo o destruirlo en sus mundos. ¿Cómo se dio eso en usted, qué lo llevó a la música, etc.?
Todavía sigo escribiendo y leyendo a Gonzalo, a los estoicos, a Henry Thoreau, a Neruda, a Whitman… y sigo cantando mis canciones testimonio. Leerlos me ayuda mucho a mantenerme, ya con mis años encima. Cuando Los Yetis cantaban hasta hace poco, hablaba mucho con Juancho López y Luis Fernando Garcés, y hasta con Jotamario cuando venía a las Ferias del Libro. Fui amigo de Darío Lemos cuando estaba en silla de ruedas y frecuentábamos el café Versalles; luego salíamos a algún sitio y como carga mi guitarra, entonces cantábamos canciones de bohemia y algunas de mi autoría. Darío me llamaba, el poeta.
¿De Gonzalo, para usted, qué queda, qué diría de lo que es presente aquí mismo, históricamente hablando; teóricamente considerándolo; qué tiene relevancia todavía, qué se mantiene indeleble, qué podría continuar estando, o sea, de la vigencia de lo que hizo?
Siempre compré muchos libros de Gonzalo Arango; creo que los tengo todos. Su vigencia por lo tanto se mantiene y siempre lo amaré, porque me despertó a la vida consciente. Cada día canto y sigo escribiendo hasta que mi amada esposa me regaña y me dice… Guarde algo para mañana, no sea intenso.

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