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¡Hay poesía para un esqueleto!

A Don Alberto Berrío Escalante, in memoriam. Porque me cerraron la puerta y estaba más adentro de la primavera, allí donde florece la noche un círculo de luz resplandeciente cegando iluminando mi rostro un graznido de caravanas.

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¡Hay poesía para un esqueleto!

Por: Daniel Día (1959-)

Presagia tormenta las montañas azules cubiertas de nubes como mi cabello, una franja uniendo la tierra con el cielo, el árbol seco del cementerio Montesacro es un afluente de la memoria olvidada, como la mirada abismal y el sufrimiento humano en el rostro del Cristo de los Andes. Sus manos, atadas a la espalda, contienen la fortaleza de nuestros pueblos oprimidos. El cóndor que lo cubre con sus alas sobre la cabeza es su dios, Cristo forjado en el tronco de un árbol, y yo metido en estas cuatro tablas. se agita mi respiración al contemplarlo, tan humanos somos Juan Ramón nos sobra patria y mundo, ahora habitamos el silencio desde la penumbra nos miramos y cruzaremos el leteo en la barca de nuestros actos.

Asistiremos a Sísifo en su echar a rodar la bola cuesta abajo y romperemos el cordel para entrar al laberinto. Mi vida fue un cuento breve, certero y cierto, como aguijón en la palabra. Cuanto escribí, el destino lo quiso; no fue mío y lo será del viento o del fuego que habite en el pecho y en los ojos de quienes amé y me amaron. Mi casa perdida fue la calle y la noche el encuentro con mis amigos los libros fieles, amigos que nunca me abandonaron con ellos departí la soledad y sostuvieron mi existencia.

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Algunas veces me vieron llorar como un niño porque nunca abandoné la infancia, sagrado paraíso, ni la juventud, a pesar de mis años y mis oficios de hombre entre los hombres. Todo fue escrito al amanecer, porque siempre transcurrí las alturas de la noche, sus fueros y también sus desafueros, de los que aprendí las esencias del alma humana y los placeres por los que se entrega todo. Sobreviví a los amores y a los desamores que, al cabo, me ayudaron a mantener bien puesta la cabeza en concordancia con mis pasos, aunque poco rescaté de mis poemas.

La poesía siempre estuvo latente en mí y tengo la certeza de que siempre estará, no solo en mi epitafio, porque creo, como el vigorososo bardo del combate poético, que aun aquí, en este mareaje de infierno y cielo en que nos debatimos, cabalgará el poder continuado, el desgaste de su alma por lo bello. Será lo único que nos salve de la nada y el olvido. Así vivimos en el fragor de las artes, en los extremos del amor, en el cuerpo del poema. Aquí no me arrepiento. Viví en ese cometido ahora vivo el sueño de Chuang Tzu ¡hay poesía aún en mi esqueleto!

*Dádiva. Fantasmas, desnudo, cruza por las calles solitarias del barrio céntrico. Sus herraduras incompletas suenan en el asfalto, armonizan con el último redoblar de campanas de una iglesia lejana, sin riendas, sin destino ni tiempo.

*Noticias de invierno

Hombres sin rostro con pasos de gigante alborozado por las calles del barrio silenciado.

En la tienda de la esquina cuerpos cayeron como la lluvia, disparos como truenos.

Las huellas se perdieron en las sombras de la noche en el silencio del infierno.

Barrio Florencia, Medellín, 13 de octubre de 1990.

*Dádiva, Fue milagro mi dádiva...Meira Delmar

Un día verás la estrella de la mañana tocar a tu puerta, pulsar en tu pecho, estrella fugaz colmados de deseos al lirio de la noche, abrir la boca de la saciedad contenida después de tanto invierno

Al arcoíris presagio de colores en las colinas de tu cuerpo.Al río que te surca fluyendo en la caída, cascada de bondad.

Al mar después de la tormenta y su terrible belleza en su plenitud de eternidad. Recorridos de la vida. Campana de las aguas. Plumas del roce.

Insinuaciones que todo cambia.Que el fruto madura sostenido en la soledad.Que su almíbar guarda un sabor salobre que lo preserva de las crudezas del pasado.

Es el día de quienes aman y no hallan compensación a sus amores, porque nunca esperan recompensa. Sentirás la dádiva

Dádiva. Bello. Quitasol Fondo Editorial. 2022. Págs. 20, 22, 71.

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