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Fragmentos (solución y disilución)

En la construcción de la estructura de la conciencia sobre el territorio como arte, como estética, en el que participa e interviene el artista, para formar las bases de su Comunidad del Arte, lo que no tenía sentido inicialmente para la mayoría, en este momento, es lo real, es la realidad de lo que hacemos.

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Fragmentos (solución y disilución)

Por: Óscar Jairo González Hernández

¿Cómo hemos sido conscientes de ese territorio? Desde la sensación de la necesidad de conciencia que tenemos sobre él, pues allí desarrollamos todas nuestras tentativas de formación para intervenir el mundo, la realidad, la naturaleza de mí mismo y de los otros. De la observación de ese territorio (casa) yo me formo para intervenir lo que hemos indicado, con la necesidad insaciable, con el deseo de transformar la realidad que me propone mi tentativa insolente, nueva, crítica, radical en su racionalidad, es así. Ese territorio que tenemos ahora, en el que ser, hacer y mantener (por una orden de preservación de mí mismo y de los otros, no libremente), es como la farmacia, sin duda, en la que somos ahora.

¿Cómo cuando uno desea saber cómo o de qué carácter ha sido su relato, el de su vida, ante los otros? Es de la manera (Tractatus del manierismo, o como decía Duprey: del fin y la manera) en que uno ha sido para uno mismo; eso es lo que uno muestra a los otros, o hace evidente a los otros, con la intención extrema o excesiva de que nadie dude de su verdad o de su mentira, de su máscara de yeso o de melancolía, eso es.

Cómo será la continuidad de esa primera percepción que se tiene o se tuvo del otro? Y uno quisiera saberlo en su totalidad, pero no sabe, sino que eso mismo se va desarrollando en la medida del trato, de lo que resuelve o no el trato, de lo que fractura en su abismalidad animal, de ese trato. Y no, en todo momento, se excede; no sabe uno cómo decirse ante el otro, y el otro ante uno. Quiero decir que, al quebrar la máscara de yeso, queda de uno.

Fragmentos (solución y disolución)

Concentrado en ese abismo (Michaux: Conocimiento por los abismos): Lo duro de ese primer momento, el de la iniciación en el otro, con la vida del otro, con la muerte del otro, es lo que uno mismo hace y quiere hacer durar intacto e indeleble.

En el movimiento de la formación estética como mediación poderosa en la formación del conocimiento de sí mismo, de su prueba indemostrable o demostrable, es necesario, como ya lo hemos tratado, hacer crítica e involucrarse con el carácter crítico de lo que es o lo que se tiene, de la misma manera lo que se desea tener. Es lo que hay que buscar o intentar buscar en uno mismo, pero también en los otros, hacia la construcción de la Comunidad del Arte. Indicamos que el carácter crítico es esencial, ese carácter crítico formado por y en la excitación de los sentidos; allí en los sentidos es donde realmente hace eclosión la sensibilidad estética y el carácter crítico de la sensibilidad.

No hay sensibilidad sin carácter crítico, no hay sensaciones sin sensibilidad estructurada para nosotros, y eso mismo se hace en relación con otros, en medio de la interlocución que realizamos o del intercambio de intereses que hacemos. De las relaciones, se suscita la intención crítica, como dice Piet Mondrian: “COMPARAR es el medio de control que cada artista, inconsciente o conscientemente, utiliza y por el que aprende a llevar lo verdadero (para él) a una manifestación más definida posible. Compara cada trabajo siguiente con uno anterior, en su propio trabajo tanto como en el de los demás: compara su propio trabajo con la naturaleza, tanto como con el otro arte.

Este comparar es el ejercer ver relación, y le lleva a un ver y comparar los opuestos: lo individual y lo universal. Por ver la relación de esta dualidad cada vez más puramente, cada vez encuentra un modo de manifestar más puro. Y así era lógico que naciera la Nueva Imagen”. (1).

Fragmentos (solución y disilución)

Ya entonces, se podría decir uno a sí mismo que todo lo que sea el exceso le interesa. Todo lo que sea abarcante me inquieta.

Todo lo que sea perverso me fascina. Tres características de mi ars combinandi, con la que observo el arte, como vida y como mundo. Vida y mundo del arte. Eso es. Esas tres características en esa dimensión están relacionadas en mí, porque tienen su contrario (su contradictor, no su contrariado, ya que muchos se contrarían, y considerar que esa contrariedad es ya una contradicción). No es así.), de esta manera: el exceso, porque en él radica la medida; lo abarcante, porque también en él se instala lo inabarcable. Y lo perverso, fascinado, porque allí o por medio de ella se hace inmersión irreductible en lo estético, en la crisis del yo, en sus mediaciones poderosas, dado que esa fascinación es más que la provocación de un escándalo.

Concibo el escándalo como necesario, como una condición ineludible del carácter estético. En el momento en que se decide tratar su vida desde el arte, que el arte mismo trate sobre y con la vida de uno, todo se transforma. “Mi vida” de Oskar Kokoschka puede considerarse como la constatación inalienable de eso, de lo que trato en el arte. O con el arte. Conectando lo que él dice sobre las visiones: “Si entregamos nuestras personalidades cerradas, tan llenas de tensiones, podremos aceptar este mágico principio de la vida, la intuición, ya en el pensamiento, ya en nuestras relaciones.

Pues, en efecto, vemos cada día seres absorbidos uno en otro, viviendo o enseñando, sin meta o con algún propósito. Así ocurre con todo lo creado; con todo es posible comunicarse, con toda constante del flujo de la vida; cada ser tiene su propio principio, que le da forma, le hace vivir y le mantiene en nuestra consciencia (…) (2).

Del instante, lo que no es, o sea, lo que está en la oquedad; la sensación de un hechizo que se mueve en uno sin decirse. Decirlo es como un hechizo, es la fantasía del instante, lo que fascina, porque corroe la racionalidad de lo extraño. Extraño animal es el instante, en que poseído de la locura, se siente en lo que está quebrado. Quebrado como los caminos del bosque zodiacal. Instante es la revelación que se hace al mediodía ante el zumbar de las hélices que hacen mover los músculos inquietantes de los faisanes sobre las “ciudades tentaculares”.

Notas:
1. Mondrian, Piet. La nueva imagen en la pintura. La realización del neoplasticismo en la arquitectura del futuro lejano y de hoy. Murcia. Comisión de Cultura del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos. 1983. Pág. 122.
2. Teorías del arte contemporáneo. Fuentes artísticas y opiniones críticas. Herschel B. Chipp. Barcelona. Ediciones Akal. 1995. Págs. 189-191.
ILUSTRACIONES AUBE ELLÉBOUËT-BRETON

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