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(ANÁLISIS) El mapa político de la derecha cambia en Colombia. Redefinición de partidos y surgimiento de nuevos liderazgos

A pocos días de la posesión presidencial de Abelardo De La Espriella, el panorama político colombiano atraviesa un proceso de reconfiguración, especialmente dentro de los sectores de centro y derecha. Declaraciones de dirigentes, el reconocimiento de nuevas organizaciones políticas y el surgimiento de proyectos partidistas han reabierto el debate sobre la identidad ideológica de las principales colectividades. En ese contexto, el Centro Democrático enfrenta una discusión interna sobre su ubicación política, mientras aparecen nuevas fuerzas que buscan representar distintas corrientes del electorado conservador y liberal.

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(ANÁLISIS) El mapa político de la derecha cambia en Colombia. Redefinición de partidos y surgimiento de nuevos liderazgos
Fotomontaje: IFMNOTICIAS

Una nueva etapa para el escenario político colombiano

La política colombiana vive uno de los momentos de mayor reorganización de los últimos años. Con el cambio de gobierno previsto para el 7 de agosto y la llegada de Abelardo De La Espriella a la Presidencia de la República, distintos sectores comenzaron a redefinir su papel dentro del espectro ideológico nacional.

Las transformaciones no solo obedecen al relevo en el poder, sino también al surgimiento de nuevos movimientos y a las reflexiones internas que adelantan partidos tradicionales sobre su identidad, sus principios y el electorado al que buscan representar en los próximos años.

Durante el fin de semana y el inicio de esta, se produjeron varios hechos políticos que alimentan ese debate. Entre ellos sobresalen las recientes declaraciones de la dirigente del Centro Democrático Paloma Valencia, el reconocimiento del nuevo partido político del presidente Abelardo de la Espriella y el avance de iniciativas que buscan consolidar nuevas expresiones de la derecha colombiana, como el impulsado por la exsenadora Maria Fernanda Cabal.

Paloma Valencia reabre el debate sobre identidad ideológica del Centro Democrático

Uno de los hechos que mayor discusión generó fue la afirmación de la dirigente del Centro Democrático, Paloma Valencia, quien sostuvo públicamente que esa colectividad “nunca ha sido un partido de derecha”. Sus declaraciones no solo sorprendieron a los militantes del partido, sino que reactivaron un debate que durante años ha acompañado al partido fundado por el expresidente Álvaro Uribe Vélez y que gira alrededor de la pregunta sobre cuál ha sido realmente su ubicación ideológica.

Para algunos analistas y dirigentes, el Centro Democrático nació con la intención de convertirse en una colectividad de “centro” con énfasis en temas como la seguridad, la institucionalidad, el crecimiento económico y la defensa de las libertades, sin identificarse plenamente con las corrientes tradicionales de la derecha, pero que terminó acomodado en ese sector por la realidad histórica del momento que tenía el país.

Otros sectores, en cambio, consideran que la historia política del partido y sus principales banderas lo consolidaron como el principal referente de la derecha colombiana durante más de una década, pero que siempre estuvo en duda su verdadero espíritu, lo que ha llevado a que, desde muy temprano a su nacimiento, hayan sido muchos quienes han renunciado al partido basados en el mismo argumento: un partido más de centro y de izquierda que de derecha.

Exmilitantes, exfundadores del partido, como Ricardo Puentes Melo o Mauricio Villegas, han sido especialmente críticos desde antes de ser elegido Iván Duque como presidente por este partido. En su momento y hasta ahora no han sido las únicas voces que argumentan la amplia presencia de exmilitantes de izquierda provenientes del MOIR, el M-19, la JUCO y el Partido Liberal de la Internacional Socialista, en el CD, y de quienes dijeron que se habían apoderado del partido.

Estos señalamientos vuelven en controversias como las que recientemente se vienen dando con similares visiones por parte de María Fernanda Cabal y otros personajes que ayudaron a construir el partido y que hoy reconocen que dentro del Centro Democrático, siempre se ha librado una lucha entre los “mamertos” y los “libertarios”.

Las declaraciones de Valencia fueron interpretadas por distintos sectores como una reivindicación del origen doctrinario de la colectividad y una invitación a revisar nuevamente sus principios fundacionales, con los que el Centro Democrático reclama su espacio real como partido de “centro” y hace todos los esfuerzos por despegarse de ser el ícono de la derecha en Colombia.

El origen del partido y la visión de Álvaro Uribe

La discusión también ha traído nuevamente al escenario público el significado del nombre Centro Democrático. Desde su creación, la colectividad adoptó una denominación que hacía referencia al concepto de “centro”, una decisión que para varios de sus dirigentes respondía a la intención de construir una propuesta política que combinara distintos enfoques. Algunos recuerdan que el nombre siempre fue “Centro” democrático y no “derecha” democrática.

Esa visión fue resumida durante años mediante la expresión “mano firme, corazón grande”, un lema que buscaba integrar un equilibrio ideológico-político con autoridad fuerte en materia de seguridad, de un lado, y con un enfoque social orientado al bienestar de la población, del otro. Lo mejor de la derecha y de la izquierda para un equilibrio ideológico en el siempre cómodo “centro”

Quienes defienden esa interpretación sostienen que el expresidente Álvaro Uribe Vélez siempre planteó un proyecto político que recogía elementos de distintas corrientes ideológicas, particularmente de tradiciones liberales y de centro, más que una identificación exclusiva con la derecha clásica.

Es en este contexto, que algunos analistas han traído al recuerdo, un aparte de la carta de renuncia de Ricardo Puentes Melo al partido, cuando señalaba que el esa izquierda interna se había apoderado desde el comienzo hast adel nombre del partido, que al llamarlo Centro Democrático, en realidad hacía alusión al “Centralismo Democrático”, que según resumía, “es una invención de Lenin para organizar el régimen interno de los partidos revolucionarios, en especial el Partido Comunista, por el cual se rigen ciega y devotamente los psicóticos fanáticos para elevar a categoría mesiánica a los líderes de ese “centralismo democrático” con el propósito de que no haya realmente ninguna oposición al caudillismo, sino la apariencia de consenso ante los ojos no entrenados”.

En distintas oportunidades, Uribe ha explicado que el propósito del partido fue construir una propuesta amplia alrededor de la seguridad democrática, la inversión privada, el fortalecimiento institucional y las políticas sociales.

La campaña presidencial ya había mostrado señales de ese giro

Algunos dirigentes consideran que la campaña presidencial del Centro Democrático con Paloma Valencia ya evidenciaba un proceso de redefinición política. Durante esa etapa, la escogencia de Juan Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial fue interpretada por varios observadores como un intento por ampliar la base electoral hacia sectores independientes y de centro, en detrimento de quienes se habían ganado el derecho dentro de la colectividad, como las precandidatas Maria Fernanda Cabal, Paola Holguín y el mismo exsenador y ahora representante a la Cámara, Andrés Guerra.

Aunque la estrategia no produjo los resultados esperados en las urnas, sí dejó planteada una discusión interna sobre el futuro de la colectividad y el perfil ideológico que debería asumir frente al nuevo escenario político nacional. Algunos señalan que el futuro candidato a la alcaldía de Bogotá por el Centro Democrático será Juan Daniel Oviedo, dentro de un partido que le quedan dos años para terminar de perfilar su “centro” y captar los votos en la capital a favor del partido sobre su nueva reacomodación ideológica.

Tras las elecciones presidenciales, ese debate se intensificó, especialmente con el surgimiento de nuevas organizaciones que buscan representar de manera más explícita a sectores conservadores y de derecha. Los más arriesgados se atreven a señalar el reclamo de un sector a uno más amplio del centro.

Si bien el CD buscaría ser visto como centro-derecha, por el historial y permanencia aún de miembros en ese reconocimiento, las dinámicas políticas los llevarían a abrazar a la centro-izquierda, en un intento por aprovechar la realidad fraccionada de los verdes, de figuras como Claudia López y de Sergio Fajardo que en las pasadas elecciones presidenciales no alcanzaron resultados realmente significativos.

Defensores de la Patria obtiene reconocimiento como partido

El otro acontecimiento relevante que da pautas de la reconfiguración de la dinámica política en el país fue la decisión del Consejo Nacional Electoral de otorgar personería jurídica al movimiento Defensores de la Patria, organización política vinculada al presidente electo Abelardo De La Espriella; basado en los mismos argumentos que le permitieron a la Colombia Humana de Gustavo Petro, hace cuatro años, convertirse en partido político.

El reconocimiento oficial permite a esa colectividad participar plenamente en la vida política nacional, presentar candidatos, entregar avales, buscar en las próximas elecciones regionales, tener sus propios alcaldes, gobernadores, concejales y diputados a las asambleas y desarrollar su estructura organizativa bajo las reglas establecidas por la legislación electoral.

Para algunos analistas, este hecho modifica el mapa político de la derecha colombiana al consolidar un partido que aspira a representar un sector específico del electorado conservador. Con esto, se abre el abanico de partidos y movimientos en la derecha, lo que permite poner las piezas en su lugar.

La aparición de esta nueva fuerza también podría influir en la redistribución de liderazgos dentro de ese segmento político, especialmente de cara a las próximas elecciones legislativas y territoriales. Es así como los hasta hoy militantes del ala más derecha del Centro Democrático tendrán un destino a donde llegar. Con este nuevo partido, se hacen más evidentes las diferentes facciones dentro de la derecha que hasta ahora estaban juntas y revueltas en una aparente unidad en un partido que, como dijo Paloma Valencia, nunca fue de derecha.

La oportunidad democrática del país abre el abanico, señala las diferencias, las facciones y reconoce nuevos liderazgos.

María Fernanda Cabal impulsa un nuevo proyecto político

El tercer hecho político importante está en que, paralelamente, la exsenadora María Fernanda Cabal continúa avanzando en la conformación de un nuevo movimiento político denominado Tradición y Libertad. La dirigente ha manifestado públicamente su intención de construir una organización inspirada en principios como la libertad económica, la defensa de la propiedad privada, la seguridad, la iniciativa empresarial y el fortalecimiento institucional.

En las últimas semanas ha recorrido distintas regiones del país reuniéndose con empresarios, dirigentes políticos y líderes regionales para consolidar equipos de trabajo y promover su propuesta. Cabal, que viene de una importante gira internacional, ha tenido tiempo para pensar su futuro. Fuentes cercanas a IFMNOTICIAS aseguraron que a Maria Fernanda Cabal, el presidente electo Abelardo de La Espriella la llamó y le ofreció ser parte del gobierno.

Cabal, una mujer con método, no ha querido aún comprometerse con el nuevo Gobierno. Ella sabe que en este momento, quien quiera seguir la raya del “Trigre” después del 2030, tiene que madrugar y, por ello, con su ánimo de ser la alternativa que sigue en la lista que mantenga a la derecha en el poder a futuro, su campaña debe comenzar ya.

Así lo ha hecho saber en las últimas horas. Su movimiento es una plataforma con la que recapitula todo el acumulado de coherencia y constancia que demostró desde el Senado dentro de las banderas uribistas, las mismas que hoy ya son parte de su pasado. En esta nueva etapa, Cabal analiza si pertenecer al gobierno de Abelardo, quien es su amigo, le quita tiempo y esfuerzos que podría dedicar a confeccionar su candidatura futura, una estructura que pueda ponerse a prueba en las elecciones regionales dentro de dos años y la consolidación de la presidencia en cuatro.

Su proyecto contempla inicialmente participar mediante la recolección de firmas mientras avanza el proceso para obtener reconocimiento como partido político, siendo consciente de que ello solo ocurre de dos maneras: que alcance representantes en el senado o que logre la presidencia por su movimiento. El trabajo es de largo aliento, de resistencia, de filigrana y de paciencia.

La aparición de Tradición y Libertad, nombre todavía tentativo para una denominación absoluta, representa una nueva expresión dentro del espectro político de derecha y amplía la oferta de organizaciones que competirán por ese electorado. Para Cabal, los que siguen a Abelardo de la Espriella en Defensores de la Patria no son los mismos que la seguirán a ella, y desde ya comienza a señalar de manera enfática las diferencias ideológicas, lo que la pone en otra dimensión dentro de la derecha, más libertaria; es decir, un poco más a la derecha de Defensores y mucho más alejada del Centro Democrático, partido que a su lado luciría como en la izquierda.

Una derecha con múltiples expresiones

El escenario político muestra ahora una mayor diversidad de organizaciones que se identifican con posiciones de centroderecha o derecha. Se trata de una recomposición de la derecha en niveles o facciones con marcadas diferencias históricas, deseos y realidades.

Además de Defensores de la Patria, de Abelardo de La Espriella, y de Tradición y Libertad, de María Fernanda Cabal, continúan teniendo presencia partidos como Cambio Radical, de los Vargas Lleras; Salvación Nacional, de Enrique Gómez, y Creemos, del alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez; así como otros movimientos regionales que mantienen representación política en distintas zonas del país bajo postulados de derecha.

Esta pluralidad refleja una competencia creciente por liderar ese espacio político durante los próximos años, que hasta hace poco no estaba dibujado tan claramente. La existencia de varias organizaciones también podría favorecer la especialización ideológica de cada una de ellas, permitiendo que diferentes sectores del electorado encuentren alternativas acordes con sus prioridades programáticas.

El centro también enfrenta una reorganización

Mientras la derecha experimenta este proceso de diversificación, el centro político también atraviesa un periodo de redefinición. Al espectro, el movimiento más fuerte es que el hasta ahora conocido como el partido líder de la derecha, el Centro Democrático, sale de ese espectro para sentarse en el liderazgo del Centro. Algunos señalan que un centro más inclinado hacia la derecha, pero con aspiraciones de sumar a la centroizquierda.

En esa línea, el Partido Verde continúa afrontando discusiones internas sobre su liderazgo y orientación futura, mientras otras colectividades como Dignidad y Compromiso, el Partido de la U y el Movimiento Mira buscan mantener su presencia dentro de un electorado caracterizado por posiciones más moderadas.

En ese contexto, las recientes declaraciones de dirigentes del Centro Democrático han alimentado la percepción de que esa colectividad pretende reafirmar una identidad de centro, diferenciándose tanto de las expresiones conservadoras más marcadas como de las fuerzas de izquierda radical.

Un integrante del Centro Democrático lo dijo momentos antes de publicar este artículo: “El Centro Democrático será el verdadero Centro-Centro, con una visión holística y de equilibrio ideológico”. En otras palabras, el CD buscaría lo mejor de los dos mundos: lo mejor de la derecha y lo mejor de la izquierda, según señalaba explicando la posición.

La izquierda mantiene su reorganización

En el otro extremo del espectro político, el Pacto Histórico continúa siendo la principal coalición de izquierda del país. No obstante, persisten discusiones sobre la consolidación de su estructura interna y sobre la integración definitiva de Colombia Humana dentro de esa plataforma política.

Al mismo tiempo, otras organizaciones que respaldaron al Gobierno saliente mantienen presencia propia, entre ellas movimientos liderados por figuras como Roy Barreras y su partido La Fuerza de la Paz y Juan Fernando Cristo, con En Marcha, dos partidos creados por dos santitas que buscaban cuidar el legado del acuerdo de paz con las FARC y que los llevó a pasar de centro-izquierda a la izquierda petrista por conveniencia; aunque cada uno desarrolla estrategias políticas independientes.

Algunos analistas consideran que los movimientos de estos dos “viejos zorros” de la política pueden ser impredecibles y no extrañaría que, para los tiempos que corran, sus partidos, hoy de izquierda, terminen en la derecha. Lo dicen más por el camaleónico Roy Barreras, pero no descartan movimientos en sentido contrario a las agujas del reloj por parte de Cristo.

Un nuevo ciclo político comienza el 7 de agosto

La posesión de Abelardo De La Espriella marcará el inicio de una nueva etapa institucional para Colombia y, al mismo tiempo, acelerará la reorganización del sistema de partidos. Una aclaración de uno de los analistas tiene que ver con que la política partidista no solo se da en el Congreso; allí solo se desarrolla, pero sus movidas están realmente en las bases, en la calle, en los clubes, restaurantes, cafés y salas de casas en donde se reúnen para reconstruirse, replantearse y reacomodarse.

El debate abierto sobre la identidad del Centro Democrático, la consolidación de nuevas organizaciones políticas y la redefinición de los liderazgos muestran que el panorama partidista está lejos de permanecer estático. Lo que sí es cierto es que cada vez está más lejos el volver a ver un país con liderazgo de los que hasta hace no mucho se llamaban partidos tradicionales. Los centenarios partidos Liberal y Conservador son ahora un par de moles ideológicas observadoras de nuevas realidades y que, aunque no se pueden subestimar, cada vez les queda menos de sus fundamentos doctrinales.

Los conservadores, por ejemplo, símbolos históricos de la derecha, han terminado siendo de manera inesperada, vinculados con fieles al petrismo, la izquierda más radical conocida. Esa nueva fase la denominan conservadurismo progresista, una especie de derecha de izquierda, algo incomprensible para los más puristas.

Por su parte, el Partido Liberal se ha visto desdibujado en su acomodo al poder, sin liderar verdaderos procesos y, aun siendo el único partido integrante de la Internacional Socialista, cada vez se ve más alejado de la izquierda progresista, en donde hay facciones que luchan internamente por quiénes son y quiénes no, afectos al petrismo.

Ambos partidos tradicionales son observadores de dinámicas, tanto externas como internas, y convidados de piedra en el poder, del que solo buscan mantenerse, pero no liderarlo, según los analistas.

Más allá de las diferencias ideológicas, los próximos meses serán determinantes para establecer cómo evolucionan todas estas colectividades, qué alianzas logran construir y cuál será el papel que desempeñarán dentro del nuevo equilibrio político nacional.

La reconfiguración que hoy comienza podría redefinir el mapa electoral colombiano de cara a las elecciones legislativas y regionales venideras, en un escenario donde los partidos buscan diferenciarse con mayor claridad y consolidar propuestas programáticas capaces de responder a las nuevas dinámicas del país.

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