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¿Dónde está la bolita?

Por Álvaro Ramírez González La bolita está en la contratación. Sin lugar a duda. El que paga para llegar, llega para robar. Eso no tiene discusión. La esencia de toda la corrupción estatal está toda concentrada en la contratación. Y es apenas obvio. Un Estado no puede hacerlo todo. Debe concentrar s

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Redacción IFM
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Por Álvaro Ramírez González

La bolita está en la contratación. Sin lugar a duda. El que paga para llegar, llega

para robar. Eso no tiene discusión. La esencia de toda la corrupción estatal está toda concentrada en la contratación. Y es apenas obvio. Un Estado no puede hacerlo todo.

Debe concentrar sus energías en las cosas indelegables, como la autoridad, el gobierno mismo, la justicia y de alguna manera la educación.

Todo lo demás, que son miles de actividades, hay que desarrollarlas y ejecutarlas por la vía de la contratación. Se contrata con personas y empresas especializadas en cada actividad. Esa contratación, si se hace bien hecha, consigue las mejores calidades y los

mejores precios.

Al otro lado del escritorio, una buena contratación con el Estado es una de las más seguras y rentables maneras de hacer empresa. Pero ahí están concentrados también todos los vicios, modalidades, carteles, alianzas y mil maneras de amañar y corromper esa contratación.

Hay niveles de corrupción en la contratación, dependiendo del nivel cultural y la justicia de cada país. En Colombia, hemos llegado a los niveles más altos y sofisticados de la corrupción en la contratación. El carrusel de la contratación de los Nule fue la punta de un iceberg que ya tocó los billones. Salieron demasiado bien librados, con multas irrisorias y penas ridículas, gracias a una justicia y a una medicina legal igualmente corrompidas.

Muchos gobernantes se arriesgan a hacer la contratación sin los requisitos legales para favorecer a un contratista aliado, corrompido, a sabiendas de que queda expuesto, lo van a acusar, a condenar y a encarcelar. Pero todos esos riesgos están medidos, tasados, calculados y valorizados.

Para no entrar en detalles, un funcionario se roba y se consigue $10.000 millones, con una contratación entre $70 mil y $100 mil millones. Este funcionario sabe de antemano que, de ser descubierto, procesado y encarcelado, todo ese proceso en promedio le va a dar a lo sumo tres años físicos de cárcel y le va a costar el 30-40 % del botín. Al final recupera la libertad y queda con un patrimonio ya saneado del 60-70% de lo robado al erario. Sin consideraciones éticas, que en estos casos no juegan, es un excelente negocio. ¡Qué desgracia!

La sociedad es cobarde y no ejerce ninguna sanción social. Fuera de hablar detrás de las puertas, no hace nada más. No hace muchos años, un personaje muy conocido en mi ciudad salió de la cárcel por robarle al municipio una suma millonaria y en un evento social, vi con mis propios ojos a muchísima gente abrazándolo como si hubiera llagado un patriota y no un vulgar pillo. El caso del senador caldense Mario Castaño es aterrador.

La justicia tiene más de tres mil grabaciones que muestran cómo se robaban los dineros públicos en distintos departamentos y en diferentes áreas del servicio público. Un habilidoso y carismático líder sindical de la Licorera de Caldas, se convirtió en un poderoso senador, muy cercano al jefe liberal César Gaviria y a la vez en un poderoso e insaciable delincuente. Su desmedida ambición fue sin duda la causa de su caída. De hecho, hay decenas de políticos y altos funcionarios enredados y asociados en todos los delitos con este delincuente. Es tan cínico que se declaró inocente.

Pero todo esto hace parte ya de una estrategia de los penalistas que poco a poco y pasó a paso, irán obteniendo beneficios de la justicia, hasta cansarla y llevarla a un acuerdo final irrisorio frente al tamaño y a la premeditación de los delitos asociados a este saqueo sistematizado y cartelizado. No pasarán diez años para que Castaño esté libre y lleno de dinero producto de ese cuantioso saqueó. Ahí está la bolita

Con los sistemas de contratación, la pésima y corrompida vigilancia de los organismos de control y una justicia tarifada e igualmente corrompida, esto no tiene fondo. «Se roban un billón de pesos semanales», afirmó Rodolfo Hernández que tiene más estudiado el tema: son $52 billones al año. Es desproporcionado. Impagable. Es ahí donde está la bolita

alragonz@yahoo.es

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