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¿Cómo quebrar a un empresario?

Por Álvaro Ramírez González El socialismo no cree en las fuerzas del mercado. No aceptan que sean la oferta y la demanda, quienes regulen los precios de los bienes y servicios de una sociedad. Para ellos, es el Estado el que debe intervenir en todo el proceso productivo. Pero el Estado es incompeten

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Redacción IFM
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Por Álvaro Ramírez González

El socialismo no cree en las fuerzas del mercado. No aceptan que sean la oferta y la demanda, quienes regulen los precios de los bienes y servicios de una sociedad. Para ellos, es el Estado el que debe intervenir en todo el proceso productivo. Pero el Estado es incompetente y corrupto. Ejemplos hay mil por toda la tierra.

La Unión Soviética y su rancio comunismo, donde el Estado actuaba en todo, después que se murieron más de 100 millones de seres humanos de hambre y de frío, explotó en mil pedazos. En 15 países. En ninguno de ellos hoy, ni siquiera en la propia Rusia, opera el comunismo. Algunos de esos países incluso, tienen prohibida la existencia y participación del comunismo en la política.

Como sería de amarga la experiencia que ese rancio comunismo desapareció de todos los países de la antigua Unión Soviética. Pero en América Latina, lo han reeditado. Pero es otro fracaso rotundo donde llega. Argentina, Perú y Chile, las últimas víctimas de este desastre. El Estado que compró cosechas para regular los precios fue el IDEMA. La feria de corrupción más descarada que haya conocido el país.

Todas las cosechas dañadas las compraba el IDEMA, las toneladas compradas y las que ingresaban a las bodegas tenían diferencias astronómicas. Todo para llenar los bolsillos de quienes manejaban ese IDEMA. Hubo que liquidarlo con multimillonarias pérdidas. No hubo ninguna regulación de precios. Y salieron ricos, desde sus gerentes hasta los bodegueros.

El socialismo quiebra a los empresarios con el postulado de que «todos debemos ser iguales». Enriquecer a los pobres arruinando a los ricos, no ha funcionado en ninguna parte del planeta. Los ricos se van y todos quedan pobres. La primera actuación para quebrar a un empresario es ponerle impuestos impagables. El mismo Gustavo Petro lo anunció para los dueños de tierras grandes. La manera infalible para obligarlos a todos a vender sus tierras baratas. La asfixia tributaria es la primera estrategia.

La segunda que le da el puntillazo final a las empresas es el control de precios por parte del Estado. En Venezuela y ahora en Argentina, por ejemplo, ese control de precios hace totalmente inviable la operación para esa empresa. Desaparece por completo sus utilidades, que son la razón de ser del negocio, la fuente para mantener los equipos y sistemas y para crecer. Y pone a las empresas a vender sus productos por debajo de sus costos. Y allí termina todo.

«Voy a cuidar el capitalismo», anunció Petro en su discurso de proclamación. Pero tiene asesores perversos que odian todo lo que suene a capitalismo. Ojalá desarrolle y cumpla su cometido. La riqueza la producen las empresas. De allí salen los impuestos que sostienen al Estado y bien manejados, le permiten en hacer trabajo social e infraestructura.

Ojalá, Petro no aplique en Colombia esas fórmulas fracasadas de otras latitudes. Sería la ruina generalizada, como en todas partes. Argentina muere hoy de endeudamiento, pobreza, hambre y politiquería… ¡Va a explotar!

alragonz@yahoo.es

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