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Cada loro en su estaca

Por Álvaro Ramírez González Se completan ya dos semanas de haber sido proclamado Gustavo Petro Urrego como nuevo presidente de Colombia para el periodo 2022-2026. Una serie de eventos, anuncios y reuniones han tenido su curso y bien vale la pena analizarlas. Mientras los uribistas y rodolfistas anda

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Redacción IFM
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Por Álvaro Ramírez González

Se completan ya dos semanas de haber sido proclamado Gustavo Petro Urrego como nuevo presidente de Colombia para el periodo 2022-2026. Una serie de eventos, anuncios y reuniones han tenido su curso y bien vale la pena analizarlas.

Mientras los uribistas y rodolfistas andan furiosos, sus jefes Álvaro Uribe y Rodolfo Hernández han acudido a la invitación del mandatario y han tenido cada uno una reunión amable y muy conciliadora con el nuevo presidente. He recibido críticas violentas por ser amigo de ese ambiente conciliador, de personas cerreras y sectarias, llenas de rabia y odio hacia el nuevo mandatario. No vote por él, pero reconozco como saludable para esta envenenada y violenta democracia, la negociación, la conciliación, el consenso.

En todos los países civilizados del planeta, los gobiernos se construyen sobre coaliciones, alianzas políticas y conciliación de propósitos y políticas. Nadie solo, distinto de un dictador con partido de bolsillo, y unas FF AA dispuestas a golpear y masacrar abusivamente a la oposición, es capaz de mal manejar un país.

Por eso era tan inviable el país en manos de Rodolfo Hernández. No tenía ningún respaldo político porque fue excesivo en anunciar que quería a los partidos políticos, lo más lejos posible. Muchas personas, como yo, pensamos que esas conciliaciones le van a ayudar al presidente Petro a construir mejor sus proyectos, algunos muy dudosos y peligrosos en su financiación y ejecución.

A aplazar un poco, por ejemplo, la drástica decisión sobre los hidrocarburos que, con la elevada cotización del crudo, le están entregando un chorro de dólares a este país que tanto los necesita. Petro también está recibiendo ya soterrados ataques por parte de la línea dura de la izquierda que no ve con agrado tanta cercanía con César Gaviria, con Uribe, con Rodolfo, con Vargas Lleras y hasta con el partido Conservador.

Imaginaron un gobierno sesgado a la izquierda que parece que Petro no va a emprender. Para poder gobernar con alguna comodidad, el nuevo presidente de los colombianos necesita el apoyo fuerte del Congreso. Hay otra línea de pensamiento que cree que todo es un engaño de Petro para aparentar un ánimo conciliador, pero ejercer su política en contrario. No creo ni lo uno ni lo otro.

Petro deberá sin duda imponer sus propuestas de cambio como el las llamó, pero mejoradas, pulidas y ajustadas a la realidad fiscal del país, que es lejano de todo lo que propuso en campaña. Y para ello, esa conciliación no solo les dará fuerza técnica y financiera a esos proyectos, sino viabilidad política. En un país inundado de coca, con 80 grupos narco terroristas y tantos conflictos, más temprano que tarde, Petro recibirá duros ataques de aquellos que lo apoyaron pensando que traería una varita mágica, que en la realidad no existe.

Bienvenidas en mi criterio las reuniones y las alianzas. Mejor aún las conciliaciones. Mucho mejor aún, la participación de algunos partidos políticos en el gobierno. Lo que se viene es muy duro y necesita un gobierno fuerte y unas propuestas lógicas, financiables y ejecutables. Y como dijo Cantinflas: «Con distancia y categoría». O como dicen los campesinos: «Cada loro en su estaca».

alragonz@yahoo.es

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