El ABC en IFMNOTICIAS: Sismos y terremotos: diferencias, escalas y medidas de prevención
Los movimientos de la corteza terrestre reciben distintas denominaciones según su magnitud y los efectos que producen. La clasificación entre temblor, sismo y terremoto depende tanto de la energía liberada como del impacto registrado en la superficie.
Los movimientos de la corteza terrestre son fenómenos naturales originados por la liberación de energía acumulada en el interior del planeta. Dependiendo de su magnitud y de las consecuencias que generan, pueden denominarse temblor, sismo o terremoto, términos que suelen utilizarse indistintamente, aunque presentan diferencias en el lenguaje técnico y en el uso cotidiano.
En términos científicos, sismo, seísmo o terremoto hacen referencia al mismo fenómeno geológico: una sacudida repentina de la corteza terrestre provocada por el desplazamiento de las placas tectónicas o la ruptura de rocas en el subsuelo. Este proceso libera energía que se propaga mediante ondas sísmicas hasta la superficie.
La palabra temblor se emplea habitualmente para describir movimientos sísmicos de menor intensidad que no ocasionan daños importantes en la infraestructura ni representan un riesgo significativo para la población. Aunque desde el punto de vista geológico sigue siendo un sismo, el término se utiliza para diferenciar los eventos de menor impacto.
Por su parte, el término terremoto suele reservarse para aquellos movimientos de mayor magnitud que producen afectaciones en edificaciones, infraestructura, servicios públicos o dejan personas lesionadas o fallecidas. En consecuencia, la diferencia entre un temblor y un terremoto no depende únicamente de la magnitud registrada, sino también de los efectos que provoca sobre la población y el entorno.
Uno de los principales parámetros utilizados para medir un movimiento sísmico es la magnitud, tradicionalmente asociada con la escala de Richter y, en la actualidad, con la escala de magnitud de momento (Mw), empleada por la mayoría de los servicios sismológicos del mundo debido a su mayor precisión para eventos de gran tamaño.
De manera general, los sismos pueden clasificarse según su magnitud:
Entre 3,5 y 5,4, normalmente son perceptibles para la población y, en la mayoría de los casos, ocasionan daños menores o no producen afectaciones.
Entre 5,5 y 6,0, pueden generar daños ligeros en algunas edificaciones.
Entre 6,1 y 6,9, existe la posibilidad de registrar daños importantes, especialmente en zonas densamente pobladas o con construcciones vulnerables.
Los eventos de 7,0 a 7,9 son considerados terremotos mayores y tienen capacidad para producir daños extensos, dependiendo de factores como la profundidad, la cercanía a centros urbanos y las condiciones del terreno.
Además de la magnitud, los especialistas analizan otros elementos para evaluar un sismo. Uno de ellos es el hipocentro, que corresponde al punto del interior de la Tierra donde se origina la ruptura de las rocas. El epicentro, por su parte, es el lugar ubicado en la superficie directamente sobre el hipocentro, donde generalmente se perciben con mayor intensidad las ondas sísmicas.
Los terremotos también pueden desencadenar fenómenos secundarios, entre ellos deslizamientos de tierra, incendios, afectaciones en redes de servicios públicos y, cuando ocurren bajo el océano, tsunamis o maremotos.
Las autoridades de gestión del riesgo recomiendan que, durante un movimiento sísmico, las personas mantengan la calma, se agachen, se cubran y se sujeten bajo un mueble resistente, evitando permanecer cerca de ventanas, estanterías u objetos que puedan caer. Asimismo, aconsejan no correr hacia la calle mientras dura el movimiento para disminuir el riesgo de lesiones por caída de elementos o aglomeraciones.
Una vez finaliza el sismo, las entidades de atención de emergencias recomiendan verificar posibles daños estructurales, atender las indicaciones de los organismos de socorro y mantenerse informados a través de los canales oficiales de gestión del riesgo y protección civil. Estas medidas hacen parte de los protocolos de preparación y respuesta establecidos para reducir los riesgos asociados a los movimientos sísmicos.
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