(ANÁLISIS) Colombia frente a la inteligencia artificial. La educación que debe preparar a los jóvenes para 2030
La inteligencia artificial está modificando no solo las herramientas con las que aprenden los estudiantes, sino también las capacidades que necesitarán para desenvolverse en el mercado laboral y en la sociedad. Los resultados de Colombia en PISA muestran una brecha educativa que adquiere una nueva dimensión frente a esta transformación tecnológica. El desafío de los próximos cuatro años no consiste simplemente en llevar más computadores a las aulas o decidir si se permite utilizar ChatGPT. La discusión de fondo es qué debe aprender un estudiante cuando las máquinas pueden producir respuestas, pero todavía necesitan seres humanos capaces de formular preguntas, evaluar información, tomar decisiones y asumir responsabilidades.
La inteligencia artificial cambió la pregunta educativa
Durante años, la conversación sobre tecnología y educación estuvo concentrada en la infraestructura. Tener computadores, garantizar conectividad, enseñar programación y facilitar el acceso a plataformas digitales fueron considerados pasos indispensables para cerrar la brecha tecnológica. Siguen siéndolo. Sin embargo, la expansión de la inteligencia artificial obliga a trasladar la discusión hacia otro terreno.
El problema ya no consiste exclusivamente en determinar si un estudiante tiene acceso a una herramienta digital. La pregunta es qué hace con ella.
La inteligencia artificial puede redactar documentos, resumir textos extensos, traducir contenidos, generar código, resolver operaciones matemáticas y procesar grandes cantidades de información en segundos. Esa capacidad modifica el valor relativo de algunas tareas que tradicionalmente ocuparon buena parte del proceso educativo. Si una máquina puede producir una respuesta, la educación adquiere una responsabilidad adicional: formar personas capaces de determinar si esa respuesta tiene sentido.
Únete al canal de WhatsApp de IFMNOTICIAS para estar informado de manera oportuna y con detalle. IFMNOTICIAS · Información de VerdadUnirmeEse cambio aparece como uno de los elementos centrales del debate planteado por el MIT sobre inteligencia artificial y educación. La transformación tecnológica no solamente modifica las maneras de aprender. También obliga a reconsiderar qué conocimientos y habilidades deben priorizar las instituciones educativas.
Para Colombia, el asunto adquiere especial importancia porque el país enfrenta simultáneamente dos desafíos. Por una parte, debe resolver deficiencias básicas de aprendizaje que ya aparecen reflejadas en las evaluaciones internacionales. Por otra, tiene que preparar a una generación para un entorno laboral y productivo en el que la inteligencia artificial tendrá una presencia creciente.
No se trata, por tanto, de reemplazar la enseñanza tradicional por tecnología. Se trata de evitar que la tecnología llegue a las aulas sin una transformación paralela de las capacidades que se pretende desarrollar.
PISA revela una brecha que ahora tiene otra dimensión
Los resultados de PISA citados en el análisis muestran una diferencia considerable entre Colombia y el promedio de la OCDE. En matemáticas, los estudiantes colombianos obtuvieron 381 puntos frente a 463 del promedio de la organización. En lectura alcanzaron 399 frente a 461, mientras que en ciencias registraron 414 frente a 482.
Estas cifras no son nuevas únicamente por la distancia que reflejan. Su importancia aumenta cuando se observan junto con una competencia particularmente relevante para la economía digital.
Por primera vez, PISA evaluó la capacidad de los estudiantes para resolver problemas utilizando herramientas y prácticas computacionales. Colombia obtuvo 432 puntos, mientras que el promedio de la OCDE fue de 500.
Esta medición no equivale simplemente a saber programar. El concepto es más amplio y se aproxima a una forma de razonamiento que será fundamental en ambientes donde las herramientas digitales y los sistemas de inteligencia artificial formen parte de las actividades cotidianas.
Resolver un problema mediante herramientas computacionales implica comprender qué se está buscando, identificar información útil, utilizar recursos disponibles, probar alternativas, detectar errores, corregirlos y evaluar nuevamente el resultado. Es una secuencia de pensamiento que combina conocimiento, experimentación y criterio.
Precisamente allí aparece uno de los mayores desafíos para Colombia. Un estudiante puede tener acceso a una herramienta de inteligencia artificial y, sin embargo, no contar con las competencias necesarias para utilizarla correctamente. La conectividad sin formación puede ampliar el acceso, pero no necesariamente produce mejores decisiones.
La diferencia entre utilizar una herramienta y comprenderla será cada vez más importante.
El reto no es enseñar a competir contra las máquinas
La llegada de la inteligencia artificial suele plantearse como una amenaza para determinadas ocupaciones. Sin embargo, desde el punto de vista educativo existe otra pregunta más inmediata: qué parte del trabajo humano puede complementarse mediante estas tecnologías y qué capacidades conservarán un valor fundamental precisamente porque permiten supervisar, cuestionar y utilizar esas herramientas.
La educación colombiana enfrenta allí una oportunidad para modificar metodologías que durante décadas estuvieron centradas en memorizar información y reproducir respuestas.
Cuando una herramienta puede entregar una respuesta en segundos, el valor educativo de la respuesta aislada disminuye. Aumenta, en cambio, el valor del proceso que conduce a ella.
Un estudiante debería poder explicar por qué una respuesta es correcta, qué información utilizó para llegar a ella, cuáles fueron las alternativas descartadas y qué elementos podrían demostrar que la solución inicial estaba equivocada. Esa capacidad de argumentación es diferente de la simple obtención de resultados.
Por eso adquieren relevancia habilidades como el pensamiento crítico, la resolución de problemas, la creatividad, la colaboración y la capacidad de formular preguntas.
La inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta para experimentar. Un estudiante puede plantear una hipótesis, contrastarla, pedir diferentes aproximaciones, identificar contradicciones y construir una respuesta propia. El riesgo aparece cuando la herramienta sustituye completamente ese proceso.
El desafío pedagógico consiste entonces en establecer una diferencia clara entre utilizar inteligencia artificial para aprender y utilizarla para evitar aprender.
El dato que ofrece una señal de oportunidad
Los resultados citados incluyen también un elemento menos preocupante y potencialmente importante para el diseño de políticas educativas. El 82,6 % de los estudiantes colombianos afirma disfrutar aprender cosas nuevas, porcentaje superior al promedio de la OCDE. El dato permite introducir una pregunta distinta en el debate.
Si existe una disposición importante hacia el aprendizaje, el problema no necesariamente está en la ausencia de curiosidad. Puede estar en la capacidad del sistema educativo para convertir esa curiosidad en competencias concretas.
La escuela puede aprovechar la inteligencia artificial precisamente para potenciar esa motivación. Los proyectos interdisciplinarios, la experimentación, la investigación y la solución de problemas reales pueden conectar los contenidos académicos con situaciones que los estudiantes reconocen en su entorno.
Un proyecto sobre calidad del agua, por ejemplo, puede integrar ciencias, matemáticas, programación, lectura de datos y comunicación. La inteligencia artificial puede participar como herramienta de apoyo, pero la responsabilidad de interpretar los resultados continúa siendo del estudiante.
Esa transformación exige también modificar la función del profesor. El docente no desaparece porque exista inteligencia artificial. Su papel puede adquirir mayor importancia como orientador, evaluador y diseñador de experiencias de aprendizaje.
La pregunta central deja de ser cuánto contenido puede transmitir un profesor y pasa a ser cuánto puede ayudar a desarrollar la capacidad de pensar de sus estudiantes.
Colombia necesita resolver primero sus brechas fundamentales
Existe, sin embargo, un riesgo en la discusión sobre inteligencia artificial: presentar la tecnología como una solución automática a problemas que son anteriores a ella.
Los resultados de PISA muestran dificultades importantes en matemáticas, lectura y ciencias. Esas competencias continúan siendo esenciales en la era de la inteligencia artificial.
Un estudiante que no comprende adecuadamente un texto tendrá dificultades para evaluar la información producida por una herramienta de IA. Quien presenta debilidades en matemáticas tendrá dificultades para comprobar determinados resultados. Y quien carece de conocimientos científicos básicos puede encontrar problemas para distinguir entre una explicación técnicamente sólida y una respuesta aparentemente convincente.
La inteligencia artificial no elimina la necesidad de conocimientos fundamentales. En algunos casos, los vuelve todavía más importantes.
La capacidad de verificar una respuesta depende de saber qué se está verificando. Por esa razón, la transformación educativa no debería plantearse como una elección entre conocimientos básicos y competencias digitales. Colombia necesita ambas dimensiones. Lectura, escritura, matemáticas y ciencias constituyen la base sobre la cual pueden desarrollarse las nuevas competencias tecnológicas.
El país tampoco puede ignorar la desigualdad territorial. Las oportunidades de aprendizaje con inteligencia artificial serán diferentes entre estudiantes que cuentan con conectividad permanente y aquellos que enfrentan dificultades incluso para acceder a internet o dispositivos básicos.
La brecha digital podría convertirse en una brecha de inteligencia artificial si las políticas públicas no garantizan condiciones de acceso suficientemente amplias.
El sistema educativo tendrá que responder preguntas incómodas
Los próximos cuatro años deberían obligar a Colombia a responder varias preguntas que superan el debate sobre una aplicación específica.
La primera es qué competencias debería demostrar un estudiante al terminar el colegio en 2030. No solamente qué contenidos debería memorizar, sino qué problemas debería estar en capacidad de resolver.
La segunda es cómo debe evaluarse el aprendizaje cuando una herramienta puede generar textos, resolver ejercicios y producir código. Los sistemas de evaluación tendrán que distinguir entre la capacidad del estudiante y la capacidad de la herramienta que utiliza.
La tercera es cómo se enseñará a verificar información generada por inteligencia artificial. Los modelos pueden producir respuestas incorrectas o presentar información sin el contexto suficiente. Por ello, la alfabetización digital tendrá que incorporar evaluación crítica de resultados.
La cuarta pregunta corresponde a los docentes. Colombia deberá determinar qué formación necesitan los profesores para utilizar estas tecnologías pedagógicamente, sin convertirlas en sustitutos del proceso educativo.
También será necesario discutir la protección de datos, la privacidad de los menores, la seguridad digital y las reglas de utilización de sistemas de inteligencia artificial dentro de los colegios.
No menos importante será la relación con el mercado laboral. El sistema educativo tendrá que observar cuáles competencias comienzan a demandar las empresas y cuáles actividades están siendo modificadas por la automatización, sin convertir las necesidades coyunturales de las empresas en el único criterio para definir la educación.
La verdadera discusión sobre ChatGPT quedó pequeña
El debate acerca de si un estudiante debe utilizar ChatGPT para realizar una tarea representa apenas una parte de una transformación mucho mayor. Prohibir una herramienta no elimina la tecnología. Permitirla sin reglas tampoco garantiza aprendizaje.
El punto central es establecer para qué se utiliza. Una actividad escolar en la que el estudiante simplemente copia una respuesta generada por inteligencia artificial ofrece poco espacio para desarrollar capacidades propias. Una actividad en la que utiliza esa herramienta para comparar argumentos, encontrar errores, formular preguntas adicionales y construir una respuesta sustentada puede tener un valor educativo diferente.
La tarea del sistema será establecer esa diferencia. En ese escenario, las instituciones educativas tendrán que enseñar algo que durante mucho tiempo estuvo implícito: no toda respuesta correcta demuestra comprensión y no toda respuesta generada rápidamente es confiable.
La inteligencia artificial puede acelerar el acceso a información, pero el criterio para utilizarla continúa dependiendo de las personas.
Una reforma educativa que no puede limitarse a comprar tecnología
Colombia ya tiene experiencia con políticas de digitalización educativa. El siguiente paso requiere una visión más amplia. Los recursos públicos destinados a tecnología tendrán que estar acompañados por formación docente, contenidos adecuados, conectividad, sistemas de evaluación actualizados y proyectos pedagógicos que permitan utilizar las herramientas de manera efectiva.
La medición también tendrá que cambiar. Si el país quiere conocer si los estudiantes están preparados para un mundo atravesado por la inteligencia artificial, no será suficiente evaluar exclusivamente cuánto recuerdan. Será necesario medir cómo analizan problemas, cómo utilizan información, cómo colaboran, cómo justifican decisiones y cómo comprueban resultados.
El dato de PISA sobre resolución de problemas computacionales ofrece precisamente una referencia para esa conversación.
La educación colombiana tiene cuatro años para preparar a una generación que llegará al final de la secundaria en un entorno tecnológico distinto al actual. No significa que en 2030 todo estará automatizado ni que las profesiones desaparecerán. Significa que muchas actividades estarán acompañadas por herramientas capaces de hacer en segundos tareas que hoy requieren horas.
Ante ese escenario, la ventaja no estará necesariamente en quien conozca una herramienta específica, sino en quien sepa utilizar diferentes herramientas para resolver problemas reales.
La pregunta decisiva para Colombia no es si la inteligencia artificial entrará en las aulas. Ya está entrando.
La pregunta es si el sistema educativo será capaz de aprovecharla para formar estudiantes con más conocimiento, más criterio y mayor capacidad de resolver problemas, o si terminará utilizando una tecnología nueva para reproducir métodos educativos antiguos.
El resultado de esa decisión no se verá únicamente en las pantallas de los colegios. Se reflejará en la productividad, la empleabilidad, la innovación y las oportunidades de millones de jóvenes colombianos durante la próxima década.
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