Píldoras políticas de Claudia Posada
Por Claudia Posada 1. Muy atinada la observación de Roy Barreras a la ministra de Minas: «¡La transición energética es una obligación vital, pero las TRANSICIONES son TRANSICIONES! No se puede reemplazar el gas de un día para otro. ¡Planeación y Prudencia!» Y es que en general – aunque hay exc
Por Claudia Posada
1. Muy atinada la observación de Roy Barreras a la ministra de Minas: «¡La transición energética es una obligación vital, pero las TRANSICIONES son TRANSICIONES! No se puede reemplazar el gas de un día para otro. ¡Planeación y Prudencia!» Y es que en general – aunque hay excepciones como en todas las posiciones radicales – los ambientalistas de tiempo completo, en sus planteamientos (de buena fe seguramente en muchos casos) son muy difíciles para conciliar intereses; además, porque sus contrarios tampoco son «Fruta que come mono».
2. En algunos contratos de usual gestión en el mandato de Duque, y en especial en los firmados en sus últimos días de gobierno, han salido a la luz pública mostrando irregularidades, obviamente los ciudadanos esperamos se les ponga la lupa desde los órganos de control y se aclaren.
3. En justicia: Al César lo que es del César y a la Policía lo que los colombianos vemos, nos hacen ver, o nos hacen saber. La Administración Municipal de Medellín dispuso para algunos de sus corregimientos, como lo vimos en Palmitas, programación alterna en Feria de Flores. Propios y visitantes (muchos, por cierto) pudimos observar diligentes funcionarios encargados del tránsito y movilidad; trabajo nada fácil para organizar el acceso y desembotellamiento de tan estrechas vías.
La policía, tanto de planta en la estación local de Palmitas, como por parte de miembros sumados para el control de la seguridad por los días de Feria, hizo evidente el comportamiento civilista sin desatender sus responsabilidades. No faltan, por ejemplo, los transportadores de vehículos pequeños («motorratones») que esperan a los usuarios tomando licor en los bares, muy a tono con el ambiente festivo.
Observé personalmente a un Mayor de la Policía (valluno me pareció) conversando con algunos de sus muchachos uniformados (mientras él se tomaba un café cerca de donde yo hacía lo mismo) hablándoles como un amigo consejero, muy afablemente; además, presencié cómo el Mayor evitó la caída de un adulto mayor, que podría haber sido de consecuencias tal vez graves, si no es por su apresurada reacción para alcanzarlo y afectuosamente lo agarrara para evitar el accidente, tal cual el viejo fuera su propio papá. Lástima que todos los miembros de la fuerza pública no sean así. La sensibilidad humana y la bondad no restan carácter.

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