(OPINIÓN) Miedo, no prudencia. Por: Alberto Sierra
La oposición pasó años creyendo que la moderación era una estrategia.
En realidad, era miedo. Miedo a incomodar a periodistas, académicos y administradores del buen gusto político bogotano. Mientras la derecha pedía disculpas por existir, Gustavo Petro conquistaba el poder.
Muchos de los que hoy se declaran horrorizados con el deterioro institucional dedicaron demasiado tiempo a explicar que el verdadero peligro era “la polarización”. Traducido al español: Oponerse con demasiada firmeza a Petro era considerado de mala educación.
Así se construyó la ficción del “centro virtuoso”: un espacio político obsesionado con parecer equilibrado incluso frente a los excesos del petrismo. Había que bajar el tono, moderar el lenguaje y condenar con más fuerza a quienes advertían el riesgo que al riesgo mismo.
El resultado está a la vista.
Por eso Abelardo de la Espriella produce tanta irritación. No habla como una oposición acomplejada. No pide autorización cultural para defender autoridad, seguridad, libre empresa y orden institucional. Y sobre todo no parece interesado en la aprobación de quienes ayudaron a normalizar el petrismo mientras se presentaban como árbitros morales de la democracia.
Eso es lo que realmente incomoda.
No es solo un outsider. Colombia fabrica outsiders en serie. Lo que altera a ciertos sectores es otra cosa: Abelardo rompe el viejo reflejo defensivo de una derecha cobarde entrenada para hablar en voz baja y justificarse permanentemente ante un establishment que jamás la aceptará del todo.
La elección de 2026 no será únicamente contra la izquierda. Será también contra la vieja oposición domesticada que confundió moderación con debilidad y prudencia con cobardía.
Porque mientras unos todavía buscan aprobación, "pa'lomismo" otros entendieron que el poder no se disputa pidiendo permiso.
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