(OPINIÓN) Cuba libre. Por: José Obdulio Gaviria
La actual miseria de Cuba es, efectivamente, producto de un bloqueo
La doctrina marxista, convertida en institucionalidad comunista, bloqueó la economía, la política, la ciencia, el comercio, la cultura. Bloqueó absolutamente el crecimiento y el progreso.
Desde 1959, Fidel Castro y Ernesto Guevara se dedicaron, mes a mes, a edificar en Cuba una especie de iglesia atea, anticapitalista, antioccidental, homofóbica y rabiosamente antinorteamericana. Convirtieron el Estado en una cruzada ideológica contra la libertad. Llamaron “gusanos” a quienes decidieron abandonar la isla, persiguieron con saña la cultura cristiana y occidental, mientras exaltaban ritos africanos, y mágicos, llenaron las cárceles de poetas y políticos y sometieron toda la cultura al nihil obstat de la Secretaria General del Partido Comunista.
La Universidad de La Habana, una de las mejores del hemisferio, fue transformada en un centro de adoctrinamiento marxista, enemigo del libre examen y del pensamiento liberal. Destruyeron la próspera industria azucarera, arrasaron la agricultura privada y terminaron sin producir ni pollos, ni huevos, ni leche, ni carne, ni verduras, ni hortalizas, ni granos, ni nada.
Los automóviles se detuvieron en el tiempo, las carreteras siguen siendo las mismas de 1959, no construyeron un solo kilómetro de ferrocarril, ni metro, ni tranvías. Las plantas eléctricas se cayeron a pedazos por falta de mantenimiento. El internet es controlado para que los cubanos no puedan comparar su realidad con el mundo exterior. No pagan lo que compran afuera porque instauraron un sistema de mendicidad estatal: primero con la URSS y después con la Venezuela de Chávez y Maduro. El partido único, la censura permanente, las cárceles atiborradas de “disidentes” y la militarización total completaron el secuestro de una nación.
Tres de los intelectuales y escritores más talentosos del mundo fueron, en un primer momento, los más entusiastas apologistas del régimen: Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez y Plinio Apuleyo Mendoza. Los tres defendieron con fervor cualquier cosa que dijera o hiciera Fidel Castro. A los pocos meses, Vargas Llosa y Plinio Apuleyo Mendoza, hombres honestos e inteligentes, se escandalizaron ante la realidad tiránica, criminal y sanguinaria del régimen, y se convirtieron en sus más duros acusadores a escala mundial. García Márquez, en cambio, prisionero de su prurito marxista y anticapitalista, siguió apoyando al dictador hasta el final, a pesar de ser plenamente consciente del inmenso sufrimiento que estaba produciendo a millones de cubanos que huían desesperados de la isla. Solo el comunismo internacional sigue defendiendo la dictadura.
Hoy, Cuba tiene asegurado su futuro por un hecho providencial. Primero, al frente de la Secretaría de Estado de los Estados Unidos está Marco Rubio, un hombre cuyos padres nacieron en Cuba y le transmitieron siempre un profundo amor por la patria que dejaron atrás. Segundo, Rubio tiene clarísimo cuál es la verdadera causa de la miseria física y moral de Cuba: el marxismo convertido en religión de Estado y hará todo para derrocarlo.
El régimen ha colapsado. Ayudar a que se disuelva es un imperativo moral. Y lo más importante: hay millones de cubanos y descendientes de cubanos en la diáspora que son liberales, trabajadores, emprendedores y profundamente anticolectivistas. Gente que rechaza el igualitarismo, el totalitarismo, el anticomercio y el ateísmo militante. Ellos están listos para invertir, tener en la isla una segunda casa, dictar conferencias, vincularse a sus redes sociales, llevar tecnología, capital, bilingüismo, libertad económica y libertad de pensamiento. Retornará la cultura del trabajo, el emprendimiento y la mentalidad cosmopolita que los Castro desterraron. Cuba será libre y potencia económica y cultural del Caribe, comparable a la Florida que ellos mismos ayudaron a construir.
Cuba libre no es un sueño. Es una necesidad histórica y una justicia largamente postergad
La actual miseria de Cuba es, efectivamente, producto de un bloqueo: la doctrina marxista, convertida en institucionalidad comunista, bloqueó la economía, la política, la ciencia, el comercio, la cultura. Bloqueó absolutamente el crecimiento y el progreso.
Desde 1959, Fidel Castro y Ernesto Guevara se dedicaron, mes a mes, a edificar en Cuba una especie de iglesia atea, anticapitalista, antioccidental, homofóbica y rabiosamente antinorteamericana. Convirtieron el Estado en una cruzada ideológica contra la libertad. Llamaron “gusanos” a quienes decidían abandonar la isla, persiguieron con saña la cultura cristiana y occidental, mientras exaltaban ritos africanos, y mágicos, llenaron las cárceles de poetas y políticos y sometieron toda la cultura al nihil obstat de la Secretaria General del Partido Comunista.
La Universidad de La Habana, una de las mejores del hemisferio, fue transformada en un centro de adoctrinamiento marxista, enemigo del libre examen y del pensamiento liberal. Destruyeron la próspera industria azucarera, arrasaron la agricultura privada y terminaron sin producir ni pollos, ni huevos, ni leche, ni carne, ni verduras, ni hortalizas, ni granos, ni nada.
Los automóviles se detuvieron en el tiempo, las carreteras siguen siendo las mismas de 1959, no construyeron un solo kilómetro de ferrocarril, ni metro, ni tranvías. Las plantas eléctricas se cayeron a pedazos por falta de mantenimiento. El internet es controlado para que los cubanos no puedan comparar su realidad con el mundo exterior. No pagan lo que compran afuera porque instauraron un sistema de mendicidad estatal: primero con la URSS y después con la Venezuela de Chávez y Maduro. El partido único, la censura permanente, las cárceles atiborradas de “disidentes” y la militarización total completaron el secuestro de una nación.
Tres de los intelectuales y escritores más talentosos del mundo fueron, en un primer momento, los más entusiastas apologistas del régimen: Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez y Plinio Apuleyo Mendoza. Los tres defendieron con fervor cualquier cosa que dijera o hiciera Fidel Castro. A los pocos meses, Vargas Llosa y Plinio Apuleyo Mendoza, hombres honestos e inteligentes, se escandalizaron ante la realidad tiránica, criminal y sanguinaria del régimen, y se convirtieron en sus más duros acusadores a escala mundial. García Márquez, en cambio, prisionero de su prurito marxista y anticapitalista, siguió apoyando al dictador hasta el final, a pesar de ser plenamente consciente del inmenso sufrimiento que estaba produciendo a millones de cubanos que huían desesperados de la isla. Solo el comunismo internacional sigue defendiendo la dictadura.
Hoy, Cuba tiene asegurado su futuro por un hecho providencial. Primero, al frente de la Secretaría de Estado de los Estados Unidos está Marco Rubio, un hombre cuyos padres nacieron en Cuba y le transmitieron siempre un profundo amor por la patria que dejaron atrás. Segundo, Rubio tiene clarísimo cuál es la verdadera causa de la miseria física y moral de Cuba: el marxismo convertido en religión de Estado y hará todo para derrocarlo.
El régimen ha colapsado. Ayudar a que se disuelva es un imperativo moral. Y lo más importante: hay millones de cubanos y descendientes de cubanos en la diáspora que son liberales, trabajadores, emprendedores y profundamente anticolectivistas. Gente que rechaza el igualitarismo, el totalitarismo, el anticomercio y el ateísmo militante. Ellos están listos para invertir, tener en la isla una segunda casa, dictar conferencias, vincularse a sus redes sociales, llevar tecnología, capital, bilingüismo, libertad económica y libertad de pensamiento. Retornará la cultura del trabajo, el emprendimiento y la mentalidad cosmopolita que los Castro desterraron. Cuba será libre y potencia económica y cultural del Caribe, comparable a la Florida que ellos mismos ayudaron a construir.
Cuba libre no es un sueño. Es una necesidad histórica y una justicia largamente postergada.
Noticias relacionadas
(OPINIÓN) Hoy no hablamos solo de política, hablamos del futuro y la libertad de todo un país. Por: Dyna María Ochoa
Los colombianos debemos involucrarnos activamente y exigir garantías claras en nuestras elecciones.
(OPINIÓN) Al garete está todo el manejo de la cosa pública. Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez
Aquí en Macondo el Presidente que presume de progresista obra como un reyezuelo desquiciado.
(OPINIÓN) El Edificio "Colombia": Una administración que brilla, pero no funciona. Por: Carlos Betancur Gálvez
Imagine que usted vive en un edificio residencial. Cada mes, la administración publica un boletín…