(EDITORIAL) El desastre Petro: la imagen internacional por encima de los problemas nacionales
La agenda de Gustavo Petro no contempla la atención urgente de las necesidades apremiantes del país, ni mucho menos la búsqueda de soluciones a la crisis económica y social generada por factores externos e internos. Los intereses del presidente están puestos en asuntos que son trascendentales únicam

La agenda de Gustavo Petro no contempla la atención urgente de las necesidades apremiantes del país, ni mucho menos la búsqueda de soluciones a la crisis económica y social generada por factores externos e internos.
Los intereses del presidente están puestos en asuntos que son trascendentales únicamente para él y su círculo más cercano. Como lo reveló IFMNOTICIAS.COM, la búsqueda desesperada de la presidencia pro tempore de la Celac, viene ocupando prácticamente toda la agenda del mandatario. Ya sea con una gira, o con el cabildeo que están adelantando sus alfiles en el exterior, a Petro le interesa conquistar la que considera una plataforma fundamental para mostrarse como el único líder «progresista» de Latinoamérica.
Las intensas lluvias, las emergencias en diferentes zonas del país, la muerte de niños en La Guajira por desnutrición, las masacres que siguen ocurriendo en la «potencia mundial de la vida», la escalada alcista del dólar y la inflación galopante, entre muchos otros temas, no llaman la atención de Gustavo Petro, quien parece obsesionado únicamente con alcanzar una posición internacional para enaltecer su ego.
De golpe, el único tema adicional que consigue unos minutos del «valioso» tiempo presidencial es el de la paz total, aunque la palestra internacional y la ejecución del siniestro programa que incluye la impunidad para grupos narcoterroristas y la liberación de criminales para conformar los colectivos petristas, son caras de la misma moneda.
Así, mientras afuera se muestra como un líder magnánimo e inteligente, capaz de enfrentar todas las tormentas económicas y climáticas –las que parecen desvelarlo constantemente–, en Colombia asegura unas milicias ya probadas en el fragor de la batalla, que buscarán acallar las voces disidentes y llevar la intimidación (léase terror) a todos los rincones de Colombia, para imponer la voluntad y los caprichos narcisistas de Petro, resguardando la imagen que quiere construir a toda costa en el mundo.
Todo lo anterior ha precipitado una crisis de gobernanza en Colombia. Los temas fundamentales, esos que requieren de una gerencia cuidadosa y disciplinada, están al garete. Desde el 7 de agosto de 2022, la Presidencia de la República abandonó la gestión y, como ya se había visto durante el paso de Petro por la Alcaldía de Bogotá, eso de administrar no se le da bien al actual presidente.
A Petro le pasa lo del tipo feo que quiere conquistar a una mujer hermosa: ante la falta de atributos se la juega por atraerla con palabrería y promesas vacías. De hecho, el mandatario de los colombianos se sabe carente de competencias para administrar, gestionar o presidir una nación, por lo cual trata de posicionarse exclusivamente a partir del discurso y la narrativa «progre».
Ciertamente las palabras pueden atraer incautos, pero la capacidad de realización es la única que logra resultados. Ese abandono de la ejecución, dándole prioridad a lo único que sabe hacer bien –engatusar con su retórica– viene precipitando una crisis aterradora en todo el país, pues no ha descuidado un tema en particular, sino todos los asuntos que deberían ocupar la agenda de un buen gobernante.
Al tener su mirada puesta en el púlpito que ha imaginado para su ego, Petro no presta atención a temas sensibles como la inseguridad nacional y las negociaciones de «paz», ni atiende con decoro los asuntos cotidianos que requieren de la presencia presidencial. Tampoco voltea a mirar la crisis económica y energética, ni busca soluciones reales a problemas como los siniestros por las lluvias. Para él, todo eso lo deben atender sus colaboradores, a quienes dejó a la deriva, para que hagan lo que quieran… o lo que puedan.
Ese abandono pavoroso de la agenda nacional ha llevado a Gustavo Petro a cometer errores garrafales, que terminan siendo profundizados por la incompetencia de la mayoría de los funcionarios de primer nivel, que parecen concentrados en hacer la segunda voz a los intereses internacionales del presidente, dejando de lado las responsabilidades que, se supone, deberían asumir en el cargo para el que fueron nombrados.
El nivel de complejidad de los problemas actuales de Colombia, prácticamente exige una microgerencia en la Presidencia, que atienda personalmente y en detalle las distintas aristas de los problemas. La actual desidia gubernamental solo agudizará las crisis por las que viene transitando la nación colombiana.
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