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Los aranceles de Washington acercan a Europa y Sudamérica y reactivan el pacto UE-Mercosur

La presión comercial de Estados Unidos ha terminado por empujar a la Unión Europea y al Mercosur hacia un mismo terreno: el acuerdo de asociación entre ambos bloques, estancado durante un cuarto de siglo, se aplica de forma provisional desde el 1 de mayo de 2026 y abre uno de los mayores espacios de libre comercio del planeta.

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Los aranceles de Washington acercan a Europa y Sudamérica y reactivan el pacto UE-Mercosur
Foto: Archivo

La amenaza de nuevos gravámenes estadounidenses ha logrado en pocos meses lo que la diplomacia no consiguió en veinticinco años. Tras décadas de negociaciones interrumpidas, la Unión Europea y el Mercosur, integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, pusieron en marcha el Acuerdo Comercial Interino, que reduce de manera gradual los aranceles sobre la inmensa mayoría de los bienes intercambiados, desde piezas de aeronaves hasta productos agrícolas y bebidas como la cachaza brasileña.

El recorrido institucional se completó a comienzos de año. Argentina ratificó el texto el 26 de febrero, el Congreso de Brasil lo aprobó el 4 de marzo, con un acto de promulgación el 17 de ese mes, y Paraguay culminó su trámite también en marzo. Con el visto bueno de los parlamentos del Mercosur y de la Comisión Europea, el pacto comenzó a aplicarse provisionalmente el 1 de mayo, a la espera de un dictamen del Tribunal de Justicia de la Unión Europea sobre su alcance jurídico.

El contexto que aceleró la firma es la política arancelaria de la actual administración estadounidense, que el año pasado impuso nuevos gravámenes tanto a socios europeos como sudamericanos. Según reportó la cadena pública estadounidense NPR, Brasil ha enfrentado un arancel adicional cercano al 40% sobre algunas exportaciones, una carga que reforzó la urgencia de buscar mercados alternativos. La presión de Washington, señalan analistas comerciales, convenció a ambas regiones de que se necesitaban mutuamente.

El contenido del acuerdo es ambicioso. Una vez ratificado en su totalidad, la Unión Europea y el Mercosur eliminarán o reducirán los derechos de importación sobre alrededor del 91% al 92% de sus exportaciones a lo largo de un periodo de hasta quince años, además de ampliar cuotas para diversos productos agrícolas e industriales. El texto no se limita a lo comercial e incorpora compromisos para sostener las instituciones democráticas y mantener la adhesión al Acuerdo de París sobre cambio climático.

Para el Mercosur, y en particular para Brasil, su mayor economía, el pacto representa una vía de diversificación frente a la dependencia de un único gran comprador. Para la Unión Europea supone acceso preferente a un mercado de cientos de millones de consumidores y a materias primas estratégicas en un momento de tensión en las cadenas globales de suministro.

El acuerdo no está exento de críticas. Sectores agrícolas europeos, especialmente en Francia, han advertido sobre la competencia de productos sudamericanos, mientras organizaciones ambientales vigilan su efecto sobre la Amazonía. Su aplicación plena dependerá aún de la ratificación definitiva por parte de los Estados miembros de la Unión Europea y del pronunciamiento judicial pendiente, pasos que marcarán el ritmo de una de las mayores reconfiguraciones del comercio mundial en años.

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