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Intensas lluvias y un terremoto en Afganistán han dejado 69 personas fallecidas y 119 heridas

Más de 2.400 casas resultaron dañadas y al menos cuatro personas continúan desaparecidas, mientras la combinación de lluvias torrenciales y un terremoto agrava la crisis humanitaria en el país.

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Intensas lluvias y un terremoto en Afganistán han dejado 69 personas fallecidas y 119 heridas
Foto google searh y La Tercera

Las intensas lluvias que azotan varias provincias de Afganistán sumando a un terremoto han dejado un saldo devastador, con al menos 69 personas fallecidas y 120 heridas, según informaron las autoridades locales. Estos aguaceros torrenciales, que se prolongaron por varios días consecutivos, provocaron inundaciones repentinas y deslizamientos de tierra de gran magnitud que arrasaron con viviendas, destruyeron cultivos esenciales para la subsistencia y bloquearon vías de comunicación vitales, sumiendo a miles de familias en una situación de emergencia humanitaria crítica.

El portavoz del gobierno talibán, Zabihullah Mujahid, confirmó la magnitud de la catástrofe, indicando que más de 2.400 casas resultaron gravemente dañadas o completamente destruidas, y que al menos cuatro personas permanecen desaparecidas, lo que genera una angustia adicional entre las comunidades afectadas. Las labores de rescate y asistencia se han visto seriamente dificultadas por la precariedad de la infraestructura vial y la escasez crónica de recursos en un país que ya enfrenta una profunda y prolongada crisis humanitaria, exacerbada por años de conflicto y subdesarrollo.

A la tragedia causada por las lluvias se sumó un terremoto de magnitud 5,8 registrado en el noreste del país, que añadió más dolor y destrucción. Este sismo, que ocurrió en una zona montañosa de difícil acceso, provocó la muerte de ocho miembros de una misma familia y dejó a un menor herido, aumentando el número total de víctimas. El movimiento telúrico generó pánico generalizado entre la población, que ya estaba lidiando con las consecuencias de las inundaciones, y evidenció una vez más la extrema vulnerabilidad de Afganistán frente a la recurrencia de fenómenos naturales extremos.

Las imágenes difundidas por diversos medios y organizaciones muestran aldeas enteras cubiertas de lodo y escombros, carreteras completamente destruidas y comunidades enteras aisladas, que aguardan con urgencia la llegada de ayuda humanitaria. Organizaciones humanitarias internacionales han advertido que la combinación de inundaciones a gran escala y el reciente terremoto incrementa drásticamente el riesgo de hambruna y la propagación de enfermedades transmitidas por el agua, en un contexto donde millones de afganos ya dependen críticamente de la asistencia internacional para su supervivencia diaria.

Expertos en clima y desastres señalan que el país se encuentra en una posición crítica frente a los efectos del cambio climático, que está intensificando la frecuencia y la severidad de fenómenos meteorológicos extremos como las lluvias torrenciales. La ausencia de sistemas de alerta temprana efectivos y de planes de prevención y mitigación de desastres agrava significativamente el impacto de cada evento, dejando a la población expuesta y con escasas posibilidades de recuperación a largo plazo ante la recurrencia de estas catástrofes.

Mientras tanto, las autoridades locales han solicitado apoyo urgente a la comunidad internacional para atender a los miles de damnificados y para iniciar la reconstrucción de las zonas más afectadas. Sin embargo, la limitada capacidad de respuesta del propio gobierno y el aislamiento internacional que enfrenta el régimen talibán dificultan enormemente la llegada y distribución efectiva de la ayuda humanitaria, dejando a muchas víctimas en una situación de desamparo.

Esta doble tragedia —las lluvias torrenciales sin precedentes y el devastador terremoto— refleja la profunda fragilidad de Afganistán ante los desastres naturales y subraya la imperiosa necesidad de fortalecer la resiliencia de sus comunidades más vulnerables. Con decenas de muertos y cientos de heridos, el país enfrenta una nueva emergencia que pone a prueba la resistencia de su población y la solidaridad de la comunidad internacional en un momento de extrema necesidad.

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