En Ecuador, el embalse Mazar llegó a su nivel más bajo en lo que va del año
La caída sostenida del embalse, sumada a la reducción de caudales y la alta demanda energética, intensificó la presión sobre la generación hidroeléctrica del país durante abril.
El sistema eléctrico ecuatoriano enfrentó un periodo de alta tensión en abril de este año, esto debido a la pérdida de capacidad del embalse de Mazar, el cual es el más grande del país y además representa una infraestructura clave para la generación de energía.
De acuerdo con información oficial, para el 24 de abril, el nivel del embalse alcanzó su punto más bajo del año, con una cota cercana a los 2.134–2.135 metros sobre el nivel del mar.
Esta cifra representó una caída de alrededor de 18 metros respecto a su nivel máximo operativo y confirmó una tendencia descendente que se había mantenido desde principios de año, en medio de una escasez de lluvias en la región.
El comportamiento del río Paute, principal afluente de Mazar, reflejó la misma situación, pues en una sola jornada, su caudal descendió de 77 metros cúbicos por segundo en la mañana a 46 en la tarde, lo que evidenció una reducción acelerada en la capacidad de recarga del embalse.
Pese a que en los días previos se registraron lluvias ligeras, estas no fueron suficientes para revertir el descenso ni estabilizar los niveles. La disminución del agua disponible coincidió con una demanda eléctrica elevada.
Durante ese periodo, el consumo alcanzó picos cercanos a los 5.000 megavatios en horas de la tarde y superó los 5.300 megavatios en la noche, para sostener el suministro, el sistema recurrió a una generación continua, lo que implicó que el embalse dejara de operar bajo esquemas de ahorro aplicados anteriormente en horas de menor demanda, acelerando así su descenso.
De acuerdo con expertos, la presión sobre Mazar también estuvo relacionada con limitaciones en otras centrales estratégicas, pues la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair operó por debajo de su capacidad, lo que obligó a compensar su menor producción con un mayor uso de otros recursos del sistema.
Este escenario se desarrolló en medio de un déficit energético estructural cercano a los 1.000 megavatios. Para afrontar dicha situación, se intensificó el uso de embalses y la generación térmica, que se basa en gas y derivados del petróleo, y se incorporó generación privada. Sin embargo, la alta dependencia de la hidroelectricidad, que representaba entre el 70% y el 75% de la matriz energética, evidenció la vulnerabilidad del sistema frente a la falta de lluvias.
Pese a este panorama, las autoridades sostuvieron que no existía una crisis de generación. Afirmaron que los cortes de electricidad registrados en ciudades como Quito y Guayaquil respondieron a fallas en la red de distribución, como daños en subestaciones, tormentas y deslizamientos, y no a un déficit directo de producción.
Semanas antes de que el embalse alcanzara estos niveles mínimos, ya se habían registrado señales de alerta, solo el pasado 2 de abril, según reportó El Comercio, Mazar se ubicó en 2.139,14 metros sobre el nivel del mar tras una caída de casi 15 metros en 20 días.
En ese momento, se mencionó que el descenso era acelerado y el caudal de ingreso se mantenía muy por debajo de los promedios históricos, mientras el complejo hidroeléctrico operaba con alta exigencia para sostener el suministro eléctrico, anticipando el escenario crítico que se consolidó a finales del mes.

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